Cuando los padres compiten por el afecto de sus hijos: cómo el conflicto afecta su bienestar emocional

La forma en que los adultos se coordinan influye en la seguridad de los niños. Competir, desautorizarse o usarlos como mensajeros puede generar ansiedad y conflictos de lealtad.

Familia, bebé, ternura
Adultos estrujan a un bebé con ternura.
Foto: Freepik.

Durante muchos años, los psicólogos ponían el foco en el vínculo madre e hijo o padre e hijo. El psicólogo estadounidense James McHale, quien investiga la coparentalidad o las alianzas parentales, traslada el foco de la relación individual hacia la dinámica triádica, es decir, el triángulo que se forma entre padre, madre e hijo. La forma en que los adultos se coordinan entre sí predice de manera directa el bienestar socioemocional del niño. Esto se aplica tanto a padres que viven juntos como a los que están separados.

Dicho autor investigó y llegó a la conclusión de que es muy importante que los padres muestren respeto mutuo, validen las decisiones del otro frente al hijo y se perciban como un equipo unido.

McHale observó que la competencia por el afecto del niño, la burla o la falta de respeto a la autoridad del otro miembro de la pareja pueden generar altos niveles de ansiedad y problemas de conducta en los hijos.

Lo mismo se puede afirmar cuando un progenitor asume toda la carga emocional y logística, dejando al otro en la periferia. Esto no solo afecta al padre que se hace cargo de casi todas las responsabilidades, sino también al hijo.

McHale estudió en profundidad cómo los niños quedan "atrapados" en los conflictos de los adultos, por ejemplo, sirviendo de mensajeros o mediadores, lo que debilita su seguridad emocional.

Citamos a este autor porque lo observamos en clínica cuando los padres consultan por el hijo y vemos que el problema principal es que falta cooperación, coordinación y respeto entre los padres.

Familia
Pareja de padres y sus hijos juegan al aire libre.
Foto: Freepik.

Alianza cooperativa

En primer lugar, McHale habla de alianza cooperativa. Ambos padres cooperan en la educación, hay acuerdos y las soluciones son transmitidas a los hijos, previo intercambio de comunicación entre ambos progenitores.

Alianza competitiva

En segundo lugar, tenemos la alianza competitiva. Los progenitores compiten entre ellos y buscan demostrar quién es el "mejor", el más querido, lo que suele generar confusión e incomodidad en los hijos.

Un progenitor rezonga al niño por un mal comportamiento y el otro interviene de inmediato diciendo: "No lo rezongues, no es para tanto", anulando la autoridad del primero delante del menor.

En ciertas situaciones, un padre permite faltas de respeto del hijo hacia el otro progenitor para ser considerado el bueno.

El hijo es puesto en una situación muy estresante, donde los adultos no cuidan ni protegen, sino que compiten entre sí.

Uno de los padres se encarga de las tareas y la disciplina, mientras el otro usa su tiempo exclusivamente para ir a parques de diversiones, comer dulces y romper reglas para competir con el padre que fija límites.

Padres, hija, familia
Padres e hija.
Foto: Freepik.

Alianza desvinculada

En tercera instancia tenemos la alianza desvinculada, que en realidad no es una alianza. Los padres se encargan por separado de la educación, sin coordinación entre ellos ni ningún tipo de acuerdo previo.

Esto puede llevar a poner al niño en el centro de tensiones cuando existen reglas y valores distintos.

Las diferencias entre adultos causan inseguridad en el niño. Seguramente le hará caso al padre más complaciente, más frágil, a pesar de que su postura no ayude en la educación.

Alianza triangulada

La alianza triangulada, en realidad, no tiene nada de alianza. Hace referencia a la dinámica en la cual un progenitor puede involucrar al niño para debilitar o excluir al otro, creando una alianza disfuncional.

Los padres están enfrentados entre sí y su comunicación es muy pobre. A fin de manejar esta situación, recurren a "utilizar" al hijo como puente, ya sea para obtener información o incluso para posicionarlo en contra del otro progenitor.

Cuando esto ocurre, el hijo o la hija se enfrenta a un fuerte conflicto de lealtades y acaba sufriendo un agotamiento emocional muy importante a causa de estar en medio de sus progenitores.

Ver a los padres haciéndose cargo de su función parental brinda al hijo paz interior y tranquilidad, tan necesarias para el bienestar de todos. Ser padres implica protección. Cuando se pelean frente al niño, no lo están cuidando.

Los hijos observan cómo interactúan sus padres y es de mucha importancia cómo sus progenitores se relacionan entre sí, sean pareja o no. Los niños no sufren tanto por los hechos, sino por la actitud de los padres y cómo se relacionan entre sí.

Cuando existen conflictos entre los padres, los niños son los que más sufren.

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