Aprender después de los 50: por qué el cerebro mantiene intacta su plasticidad

El especialista Rubén Calviño desmitifica la pérdida de capacidad cognitiva con los años y destaca la importancia de desafiar a la mente para prevenir el deterioro en la vejez.

Leer, biblioteca, libros
Mujer lee un libro junto a su biblioteca.
Foto: Freepik.

Existe la falsa creencia de que, con el transcurso de los años, las personas pierden la facultad de incorporar nuevos conocimientos. Frente a este mito, el maestro de escuela primaria y divulgador en psicología y aprendizaje, Rubén Calviño, remarca que la mente humana conserva la capacidad de adquirir información a lo largo de toda la existencia. Si bien las aptitudes cognitivas sufren variaciones o desgastes, esto no imposibilita que un individuo de 50, 60 o 70 años incorpore herramientas inéditas y las logre memorizar.

En declaraciones vertidas al periódico español La Vanguardia, el docente —autor del libro Tu cerebro tiene truco— argumentó que la trama neuronal es moldeable. Por ello, la adopción de rutinas saludables y la exposición a desafíos intelectuales constantes favorecen una vejez con lucidez.

En una época signada por la inmediatez tecnológica, donde los dispositivos resuelven desde la búsqueda de datos hasta tareas cotidianas, Calviño enfatiza la necesidad de exigir al cerebro con retos continuos. “Con la edad, algunas capacidades cognitivas pueden disminuir y se producen diferentes cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Precisamente por eso es especialmente importante mantener hábitos de vida saludables y continuar exponiéndonos a tareas variadas que supongan retos diferentes”, sostuvo. Entre las actividades recomendadas para prevenir patologías degenerativas como el Alzheimer, destacan la actividad física, la lectura constante, el intercambio social y el contacto con situaciones novedosas.

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Foto: Freepik.

Romper el círculo de la resignación y activar la compensación neuronal

El especialista advierte sobre el peligro de abandonar el hábito del estudio o la lectura durante períodos prolongados. “Si durante años dejamos de leer, aprender o enfrentarnos a retos cognitivos, volver a hacerlo puede resultar difícil, pero no simplemente porque tengamos determinada edad”, afirmó, al tiempo que remarcó que un adulto suele contar con un bagaje previo y estrategias de abordaje superiores a las de un joven.

El principal obstáculo radica muchas veces en la falta de confianza del propio adulto mayor. Según el especialista, la desconfianza en las propias aptitudes lleva a ejercitarse menos, esquivar los desafíos y darse por vencido tempranamente. Esta conducta desencadena un círculo vicioso: la idea de no ser capaz reduce el esfuerzo, lo que genera peores rendimientos y termina confirmando el prejuicio inicial.

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Joven lee un libro.
Foto: Freepik.

Por otro lado, la salud cerebral responde a múltiples variables, entre las que influyen el entorno, la crianza y la alimentación recibida en la infancia. Un desarrollo infantil sin los nutrientes esenciales afectará la capacidad de concentración y aprendizaje en la adultez en comparación con quien tuvo una nutrición adecuada.

Pese a los desgastes del tiempo, la estructura cerebral cuenta con mecanismos de adaptación. “Cuando determinados sistemas se vuelven menos eficientes, el cerebro puede reclutar circuitos y recursos adicionales para ayudar a mantener el rendimiento. Es una forma de compensación. Ante una dificultad, nuestro cerebro intenta apoyarse en otras redes y estrategias”, concluyó Calviño.

En base a La Nación/GDA

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