Redacción El País
Practicar actividad física al aire libre incluso con meteorología adversa puede aportar beneficios adicionales al bienestar psicológico, ayudar a reducir el estrés y mejorar la adherencia al ejercicio. La evidencia indica que entrenar en condiciones como frío, lluvia o viento no solo no anula los efectos positivos del movimiento, sino que puede potenciarlos, especialmente en el plano mental.
Realizar ejercicio físico regular es una de las recomendaciones más sólidas para la prevención de enfermedades y el cuidado integral de la salud. Cuando esta práctica se desarrolla en espacios abiertos, los beneficios se amplifican. Diversos especialistas señalan que entrenar al aire libre favorece la salud mental, mejora el estado de ánimo y contribuye a una mayor constancia en la práctica deportiva.
Según la médica de familia Montserrat Romaguera, referente en actividad física y salud, el ejercicio aporta más de un centenar de efectos positivos. Entre los más destacados se encuentran la reducción del riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular, dolor lumbar y algunos tipos de cáncer, además de mejoras claras en la gestión del estrés y la calidad del sueño.
El contacto con la naturaleza refuerza estos efectos. La exposición a la luz solar estimula la producción de vitamina D, clave para la salud ósea y muscular, mientras que respirar aire más limpio mejora la oxigenación celular y el rendimiento físico. A nivel cognitivo, los entornos naturales se asocian con una disminución de la ansiedad, mayor vitalidad y un aumento de la autoestima.
Cambiar el gimnasio por un espacio natural actúa como un estímulo mental que reduce la percepción de fatiga y favorece la continuidad del ejercicio. Esta mayor adherencia a la actividad física es uno de los factores clave para sostener hábitos saludables a largo plazo.
Desde el punto de vista fisiológico, el ejercicio en la naturaleza activa el cerebro de manera diferente. Según expertos en ciencias del deporte, este tipo de entrenamiento favorece la liberación de neurotransmisores y la activación del sistema nervioso parasimpático, relacionado con la relajación, la recuperación y el equilibrio del organismo. En este proceso intervienen hormonas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina, vinculadas al bienestar emocional.
Las condiciones climáticas invernales también juegan un rol. El frío puede contribuir a disminuir el cortisol, la hormona del estrés, mientras que entrenar con resistencia del viento o sobre terrenos irregulares incrementa el gasto calórico. En los días de lluvia, la mayor presencia de iones negativos en el ambiente se asocia con una sensación de calma y relajación, similar a la que se experimenta cerca de ríos o cascadas.
Además, la menor afluencia de personas en espacios naturales durante estas condiciones intensifica la conexión con el entorno, sumando estímulos sensoriales —como sonidos y aromas más marcados— que pueden tener un efecto calmante sobre el sistema nervioso.
Los especialistas coinciden en que, para aprovechar los beneficios del ejercicio al aire libre con mal clima, es fundamental utilizar indumentaria adecuada, mantener una correcta hidratación, elegir actividades acordes al nivel físico y, en contextos más exigentes, contar con la orientación de profesionales especializados.