Redacción El País
La caminata del gorila dejó de ser apenas una referencia pop para convertirse en un recurso cada vez más presente en el entrenamiento funcional. Adoptada en clases de calistenia, animal flow y rutinas de entrada en calor, propone volver a patrones de movimiento primarios para trabajar el cuerpo de forma integral.
Lejos de lo convencional, la marcha cuadrúpeda despierta cadenas musculares que suelen quedar relegadas en la vida diaria. Al involucrar brazos, piernas y tronco de manera coordinada, la caminata del gorila ofrece beneficios que van desde una mejor conciencia corporal hasta un aumento de la estabilidad general.
Un movimiento ancestral que vuelve al presente
Imitar el desplazamiento de los primates no es solo lúdico: es eficaz. Este tipo de movimientos primarios exige movilidad en caderas, hombros y muñecas, además de una activación constante del core. Quienes la incorporan a su rutina suelen notar mayor soltura articular y menos rigidez tras pocos días de práctica.
Especialistas en actividad física recuerdan que, aunque hoy caminamos erguidos, el cuerpo humano conserva la capacidad de moverse en cuatro apoyos. Recuperar esa marcha ancestral, aunque sea por algunos minutos, contribuye a desarrollar fuerza funcional y movilidad sin recurrir a aparatos.
Beneficios que van más allá de la fuerza
Desde la medicina deportiva destacan que la caminata del gorila mejora notablemente el equilibrio y la coordinación, ya que obliga a sincronizar brazos y piernas en un patrón poco habitual. Ese desafío constante entrena al sistema nervioso y refuerza la estabilidad.
Otro punto fuerte es el trabajo de la movilidad de cadera, una zona castigada por el sedentarismo. Los desplazamientos hacia adelante, atrás y en forma lateral reactivan flexores y extensores, mientras que el apoyo de manos fortalece hombros y muñecas, articulaciones clave en la prevención de lesiones.
Cómo se realiza y para quiénes es recomendable
Para ejecutar la caminata del gorila, se parte de una sentadilla baja, con los pies algo más abiertos que el ancho de hombros y la columna neutra. El core se mantiene activo mientras el cuerpo se balancea de un lado a otro y los brazos acompañan el movimiento. La fuerza nace en el centro del cuerpo y se traslada al desplazamiento.
Los expertos advierten que este ejercicio debe usarse como complemento dentro de la preparación física, ideal como entrada en calor o activación previa. No es aconsejable para personas con lesiones en tobillos, rodillas o cadera sin evaluación previa. En esos casos, la consulta médica es clave antes de sumarlo a la rutina.
Para que entiendas la técnica sin miedo a lesionarte, este es el paso a paso indicado.
- La base: Pies más anchos que los hombros. Imagina que quieres "abrir" el suelo con los pies.
- El centro: Ombligo hacia adentro. Si el core se relaja, la espalda sufre.
- El peso: Se traslada a las manos de forma suave, no como un impacto. Es un baile, no una caída.
En base a La Nación/GDA
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