Cuando hablamos de lo que pasa cuando entrenamos, generalmente vamos a lo que se ve: el pantalón que comienza a cerrar, que si hay menos grasa, más músculo, más fuerza, menor cansancio al subir las escaleras, etcétera. Sin embargo, también pasan cositas que no se observan a simple vista y algunas bastante interesantes ocurren en el cerebro.
No es ninguna novedad que hacer ejercicio es bueno para la cabeza. Tampoco les escribiré una nota entera para contarles algo que seguramente escucharon mil veces. Lo interesante es que cada vez entendemos mejor como algo que empieza con el movimiento de piernas, levantando una mancuerna o corriendo, puede terminar produciendo cambios positivos dentro de nuestras neuronas.
Y acá viene la información recién salida del horno: una revisión publicada este año reunió bastante información sobre esa conexión y puso el foco en unas estructuras que seguramente recuerden de las clases de biología, las famosas mitocondrias.
Capaz las recordás como “las encargadas de producir energía” pero tienen más poderes. El cerebro consume muchísima energía y las neuronas la necesitan constantemente para comunicarse, aprender, formar recuerdos y generar nuevas conexiones. Básicamente, ayudan a producir energía y a tenerla disponible cuando la neurona la necesita. Cuando hacemos ejercicio aumenta esa demanda y estas mejoran la forma en que las estructuras se adaptan, haciéndolas más eficientes y ayudándolas a responder mejor al esfuerzo (realmente está entrenando el cerebro). Ejecutás un movimiento y detrás de esa técnica hay todo un mundo.
Ejercicio al cerebro
Una palabra que aparece mucho cuando hablamos de cerebro es la plasticidad. Básicamente significa que el cerebro puede modificar sus conexiones en respuesta a lo que hacemos y aprendemos.
En modelos experimentales —porque, nerd alert: nunca una nota sin un estudio de base— se observó que el movimiento activa diferentes señales relacionadas con la producción de energía y la capacidad que tienen las neuronas de adaptarse. Es decir, mientras nosotros pensamos que estamos entrenando piernas o haciendo un ‘curl’ de bíceps, dentro del cerebro hay células respondiendo a ese esfuerzo. No solo para dar la orden de movimiento, sino también modificando su funcionamiento y reforzando la comunicación entre unas y otras (ellas conversan mientras uno muere en el gimnasio).
Fuera de toda broma, estas adaptaciones también se estudian en regiones vinculadas con la memoria y el aprendizaje como el hipocampo. Lo que quiero transmitir es la importancia de entender que el ejercicio genera cambios también en los circuitos que usamos para aprender, recordar y almacenar información.
El músculo y la memoria
Acá aparece una de las partes que más me gustó de esta revisión porque durante mucho tiempo pensamos al músculo como algo bastante más sencillo: se contrae, produce movimiento, nos permite levantar peso y, si lo entrenamos y alimentamos bien, puede crecer, chau. Dejame decirte que el músculo hace bastante más que eso.
Cuando entrenamos también libera sustancias que viajan por el organismo y pueden comunicarse con otros tejidos, incluido el cerebro. Desde que tengo memoria, al lactato se lo trató casi como un desecho producido durante el esfuerzo y probablemente muchos todavía lo relacionen con esa sensación de ardor en las últimas repeticiones de una serie. Hoy sabemos que además, el lactato puede utilizarse como fuente de energía.
Entonces, una sesión de ejercicio no queda solamente en el músculo que estamos usando. Mientras ese músculo trabaja, también se generan señales que viajan por cuerpo y el cerebro forma parte de esa conversación.
Para mí, como amante de la fisiología y curiosa sobre todo lo que pasa cuando nos movemos, esta es una de las partes más lindas del tema y siento que nos obliga un poco a dejar de pensar al organismo como sectores independientes.
Entrenás las piernas pero la respuesta no queda en las piernas, hacés fuerza y no responde solamente el músculo, corrés y no trabaja solo el sistema cardiovascular, físicamente trabaja todo y mentalmente, también, hasta tu memoria.
Entrenamiento/memoria
No hay un ejercicio puntual para “activar el hipocampo”, tampoco una rutina “x” para la memoria. Si sos sedentario, el primer objetivo sigue siendo moverte con mayor regularidad, caminar, pedalear, nadar, bailar, correr, hacer fuerza o combinar distintas actividades que impliquen movimiento.
Si además podés sumar entrenamiento de fuerza, mejor. Además de conservar músculo y hueso, entrenar fuerza exige coordinación, planificación del movimiento, atención y aprendizaje técnico.
Al aprender un ejercicio nuevo, recordar cómo hacerlo, manejar las cargas y prestar atención a los músculos que hay que mantener contraídos para estar estable al realizar un movimiento, estamos involucrando bastante más que el músculo que estamos viendo trabajar. Incluso les sugiero que no tengan miedo a ser creativos y curiosos, busquen probar diferentes actividades del club, aprender nuevas técnicas, nuevos ejercicios, consultar con los instructores, todo eso es regalarse salud.
Algo que observo mucho en mis clientes y disfruto comentar, hablando de cambios a otro nivel y no del físico,es que luego de incorporar actividad física muchos me comentan que se sienten más despiertos, con mejor ánimo, duermen mejor o tienen más energía durante el día. Son cambios que quizás no aparecen en una foto de antes y después pero se sienten muchísimo en el día a día y para mi significa una mejora enorme en la calidad de vida a la cual me llena de alegría poder contribuir.
El momento indicado
Por supuesto que a medida que pasan los años esto cobra todavía más importancia. En adultos mayores hay mucha evidencia sobre las ventajas del ejercicio en aspectos como la memoria, la capacidad de aprender, concentrarse, resolver problemas, tomar decisiones y desenvolverse mejor en las tareas cotidianas, pero no esperaría a llegar a determinada edad para preocuparme por eso, mi consejo es siempre ganarle al reloj.
Buscamos ponernos las pilas cuando cuesta levantarse del piso o de la cama, cargar bolsas o subir escaleras, y con la memoria muchas veces pasa algo parecido: recién nos preocupa cuando olvidamos una fecha importante o le contamos dos veces lo mismo a alguien. Todo lo que podamos construir antes suma, mucho.
Con esto quiero decir que el ejercicio tiene que tener lugar, no hay que esperar a “tener tiempo” o a tener dificultades cognitivas y/o limitaciones físicas para tomar la decisión de arrancar. Paso a paso y, si necesitan orientación, siempre estoy compartiendo información al respecto en mi cuenta de instagram.
Aún queda muchísimo por conocer sobre cómo una sesión que empieza haciendo sentadillas, caminando o arriba de una bici termina generando respuestas dentro de nuestras neuronas y justamente por eso esta línea de investigación me pareció tan interesante como para compartirla con ustedes.
Sabíamos que el ejercicio hacía bien al cerebro, ahora estamos empezando a entender un poco mejor cómo llegar hasta ahí ¡tenemos mucho por delante!
*Instructora de Fitness y personal trainer. Seguime en Instagram en @_agustrainig