Cinco rutas del vino en Europa para descubrir el terroir entre viñedos históricos y paisajes únicos

De Italia y España a Portugal, Alemania y Austria, un recorrido por regiones vitivinícolas con siglos de historia, pueblos encantadores y bodegas donde degustar algunas de las cepas más emblemáticas de Europa.

Los viñedos verdes de Ribeira Sacra en Chantada, Galicia, España. Foto: Shutterstock
Los viñedos verdes de Ribeira Sacra en Chantada, Galicia, España. Foto: Shutterstock

Varios de los paisajes más bellos de Europa —en países como España, Portugal, Francia, Italia, Alemania y Austria— están ligados desde hace más de dos mil años al cultivo de la vid y a la producción de algunos de los vinos más reconocidos del mundo.

En estos territorios, el concepto de terroir cobra especial relevancia: refiere a cómo el entorno natural influye en las características de cada cepa. Recorrer estas rutas del vino implica atravesar colinas cubiertas de viñedos, pueblos históricos, castillos y bodegas con siglos de tradición, además de disfrutar de la gastronomía local.

En Italia, a pocos kilómetros de Florencia, Greve in Chianti es considerada la puerta de entrada a esta región vitivinícola. Su centro histórico, con la plaza Matteotti, la Iglesia Santa Croce y mercados artesanales, concentra buena parte de su vida cultural. Muy cerca se encuentran otros puntos como Castellina, Radda y Gaiole in Chianti, además de bodegas donde degustar Chianti Classico y Sangiovese. Siguiendo la ruta hacia el sur se llega a Siena, ciudad amurallada declarada Patrimonio de la Humanidad, y más adelante a Montalcino y Montepulciano, reconocidos por vinos como el Brunello y el Vino Nobile.

Greve in Chianti, en Italia. Foto: Shutterstock
Greve in Chianti, en Italia. Foto: Shutterstock

En España, la Ruta del Vino de Ribeira Sacra, en Galicia, se despliega entre cañones y laderas escarpadas. Su capital, Monforte de Lemos, reúne construcciones históricas como el monasterio y el Palacio de los Condes de Lemos. La región combina paisajes naturales con visitas a viñedos que pueden recorrerse en catamarán por el río Sil o en tren turístico, además de iglesias y monasterios románicos que forman parte de su patrimonio.

Portugal ofrece otra de las rutas más emblemáticas: la del Duero. Esta región, declarada Patrimonio de la Humanidad, cuenta con la denominación de origen más antigua del mundo para el vino Oporto. Desde la ciudad de Oporto, con su centro histórico y bodegas, el recorrido continúa hacia Peso da Régua y Pinhão, entre viñedos aterrazados que acompañan el curso del río. El trayecto puede hacerse en auto, tren o barco.

A lo largo del río Mosela, una ruta vitivinícola atraviesa Francia, Luxemburgo y Alemania. Sus viñedos se extienden por más de 500 kilómetros y producen algunos de los vinos blancos más reconocidos, como Riesling o Pinot Gris. El recorrido permite visitar ciudades, pueblos y castillos, además de apreciar paisajes que cambian especialmente en otoño, durante la cosecha.

En Austria, el valle de Wachau, a orillas del Danubio, reúne viñedos, monasterios y pequeños pueblos en un entorno protegido por la Unesco. Desde Krems hasta Melk, el recorrido puede realizarse en crucero, con paradas en localidades como Weißenkirchen, Spitz y Dürnstein, donde también se pueden degustar vinos y productos regionales.

Estos itinerarios combinan historia, paisaje y cultura vitivinícola en escenarios donde el vino es parte de la identidad local y de una tradición que se mantiene vigente desde hace siglos.

En base a La Nación, GDA/Gabriela Vigo

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