Ayer se celebró la Fiesta Nacional del Chocolate, un evento que cada año reúne a cientos de uruguayos en la icónica Colonia Suiza Nueva Helvecia, en el departamento de Colonia. Entre chocolate caliente, repostería de primer nivel y quesería artesanal de calidad, la Plaza de los Fundadores se convirtió en un paseo gastronómico como pocos: uno donde sabor y tradición se combinaron a la perfección.
Aunque uno podría pensar que todo gira en torno al cacao, la propuesta va mucho más allá. En realidad, la fiesta termina siendo un recorrido por algunos de los mejores sabores de la región. Además de variedades de chocolate, los visitantes encontraron helados artesanales, alfajores, galletas, tortas, quesos, mermeladas, paellas y otras preparaciones elaboradas por productores y emprendedores locales.
La creatividad estaba a la orden del día: cerveza artesanal con chocolate, salsa de tannat y alfajores de yerba, hibisco o queso —entre otros—, sorprendían tanto a los asiduos como a quienes iban por primera vez. El paseo también reunió a decenas de artesanos con propuestas que iban desde artículos de cuero y joyería hasta productos regionales ideales para llevar de recuerdo.
Si hubo algo que terminó de darle identidad a la jornada fue el clima que se vivió sobre el escenario. Hubo espectáculos de danza inspirados en el tradicional folclore uruguayo y también grupos musicales que acercaron al público a la herencia centroeuropea que dio origen a Nueva Helvecia. Poco a poco, la distancia entre escenario y espectadores desapareció: familias, niños y adultos comenzaron a bailar espontáneamente, generando un ambiente festivo y cercano.
Ese espíritu comunitario es, probablemente, uno de los mayores atractivos de la celebración. No se trata solamente de ir a comer algo rico, sino de pasar el día recorriendo, conversando con productores, descubriendo sabores y compartiendo una experiencia que combina gastronomía, cultura e identidad local.
Para los que quieran estar el año que viene, conviene tener en cuenta algunos detalles prácticos. La primera recomendación es ir bien abrigado: al celebrarse en pleno invierno y tratarse de una actividad al aire libre, el frío se hace sentir, especialmente durante la tarde. La segunda es llevar una bolsa reutilizable o de asas resistentes. Entre quesos, chocolates, dulces, artesanías y otros productos regionales, es muy difícil resistirse a volver con las manos vacías.
Y la tercera, quizás la más importante: llegar con hambre. Porque, más que un homenaje al cacao, la Fiesta Nacional del Chocolate es una auténtica fiesta del paladar, donde cada puesto invita a descubrir un nuevo sabor.
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