Mala higiene del sueño: su impacto en el Alzheimer, la depresión y la ansiedad, según especialistas

Dormir poco o con interrupciones frecuentes afecta la recuperación del cerebro y el cuerpo. Expertos advierten que la alteración de las fases del sueño se asocia con enfermedades neurodegenerativas, depresión y ansiedad.

Dormir.jpg
Hombre duerme con la boca abierta.
Imagen generada por la inteligencia artificial Grok.

Dormir mal, ya sea por falta de horas o por interrupciones en las distintas fases del sueño, puede tener consecuencias acumulativas en la salud.

Especialistas en psicología advierten que una mala higiene del descanso nocturno se vincula con enfermedades como el Alzheimer, así como con trastornos como la depresión y la ansiedad, debido a alteraciones en los procesos de recuperación física y cerebral que ocurren durante la noche.

Incluso cuando una persona mantiene hábitos saludables en otros aspectos —como la alimentación o la actividad física—, la calidad del sueño sigue siendo un factor determinante. Dormir menos de lo recomendado o no completar los ciclos necesarios impacta en funciones cognitivas, emocionales y físicas.

Cansada, dormir, insomnio
Mujer cansada.
Foto: Freepik.

Desde el ámbito académico, se señala que no alcanza con dormir: es necesario hacerlo durante el tiempo suficiente y atravesando todas las fases del sueño. La falta de descanso adecuado puede relacionarse con el desarrollo de enfermedades mentales y neurológicas, según investigaciones basadas en escáneres realizados a cerca de 40 mil personas.

El sueño cumple un rol central en la salud integral. Interviene en la recuperación física, el funcionamiento cognitivo y el equilibrio emocional. Además, los especialistas advierten que el descanso perdido no se recupera completamente en noches posteriores, lo que puede generar efectos progresivos a lo largo del tiempo.

Insomnio
El insomnio puede repercutir sobre tu alimentación.
Foto: Stock.adobe.com

Entre las enfermedades asociadas a una mala calidad del sueño se encuentra el Alzheimer, caracterizado por procesos degenerativos en el cerebro que implican la pérdida de conexiones neuronales. A esto se suman trastornos como la depresión y la ansiedad, que también pueden estar vinculados a alteraciones en los ciclos de descanso. En el caso de la depresión, el sueño puede verse afectado tanto por exceso como por dificultad para completarlo, mientras que en la ansiedad se genera una dinámica en la que el mal descanso incrementa los niveles de estrés.

El sueño se organiza en ciclos de aproximadamente 90 minutos que alternan entre dos grandes etapas: no REM y REM. La fase no REM incluye tres momentos. El primero es una etapa inicial de transición en la que el cuerpo comienza a relajarse; el segundo implica una estabilización de funciones como la temperatura corporal y el ritmo cardíaco, junto con procesos iniciales de consolidación de información; y el tercero corresponde al sueño profundo, asociado con la reparación de tejidos, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la liberación de hormona del crecimiento.

Luego aparece la fase REM, en la que el cerebro presenta una alta actividad. En esta etapa ocurren la mayoría de los sueños y se consolidan funciones clave como la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. El equilibrio entre todas estas fases es fundamental para que el organismo se recupere y procese la información adquirida durante el día.

Mujer duerme en su cama
Mujer duerme en su cama.
Foto: Getty Images/iStockphoto.

Para mejorar la calidad del descanso, los especialistas recomiendan adoptar hábitos que favorezcan el sueño. Entre ellos, reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, mantener horarios regulares incluso los fines de semana, disminuir la iluminación del entorno y evitar estímulos auditivos. También se sugiere organizar con anticipación las tareas pendientes para reducir la carga mental al momento de acostarse.

En cuanto a lo que conviene evitar, se desaconseja la automedicación para tratar problemas de sueño, debido a los posibles efectos adversos y al riesgo de generar dependencia. Ante dificultades persistentes, la recomendación es consultar a un profesional de la salud que pueda evaluar cada caso. Como complemento, pueden incorporarse prácticas de relajación o infusiones, siempre sin reemplazar la atención médica cuando sea necesaria.

En base a El Tiempo/GDA

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar