Es muy probable que, si alguien lo llama Walter, no se dé vuelta. Y mucho menos si le dicen Odoaker, su segundo nombre, el que figura en su documento de identidad. Responde siempre a Wally, el apodo que le pusieron en su numerosa familia cuando era niño y que adoptó como seudónimo porque parece hecho a medida. Igual que su apellido, Diamante, que suena a premonición: aporta brillo a cada proyecto al que se suma y colabora en mantener el prestigio de marcas de lujo en Argentina y Punta del Este.
Algunos se confunden y le dicen Willy. Él sonríe, como lo hace con todos: con las celebridades top con las que trabaja —desde Susana Giménez y Marcelo Tinelli hasta Madonna y Diego Boneta o referentes espirituales como Ravi Shankar— y también con cada una de las personas que asisten a sus eventos.
Presidente de Grupo Mass, la agencia de comunicación que fundó hace más de 20 años en Argentina, Wally Diamante está al frente de los eventos más exclusivos del Este. Atento a cada detalle, se preocupa por saber si sus invitados comieron rico, si disfrutaron y si se sintieron a gusto. Quiere que se sientan agasajados.
Despliega glamour y estilo, y su arribo jamás pasa desapercibido. Su amor por la arquitectura —la profesión que le hubiera gustado ejercer— se refleja en cada detalle de su vestimenta y su look.
Nacido en el barrio porteño de Belgrano, intercala su vida entre Buenos Aires y Punta del Este. Dedica buena parte de su tiempo libre al jardín y entrena cuatro veces por semana. También practica yoga, anda en bicicleta y medita. Le escapa al invierno del sur refugiándose en Ibiza o Menorca, dos destinos donde encuentra paz y descanso tras los ajetreados veranos.
Detrás del glamour y la parafernalia hay un hombre profundamente sociable y curioso. Le interesa todo: del arte al real estate, del lifestyle a la comunicación. Disfruta contar “cosas lindas” y agradece haber encontrado su vocación a temprana edad.
Dio sus primeros pasos junto a Javier Lúquez, relacionista público referente de los años noventa, de quien aprendió todo. “Falleció en 2001. A partir de ese momento me rodeé de expertos en comunicación y nació Grupo Mass, en un momento interesante de la industria, cuando en Argentina surgían muchas empresas amigas y fuimos creciendo juntos”, cuenta Wally Diamante a El País.
Se mueve como pez en el agua en un circuito exclusivo y trabaja con marcas de lujo como el Hotel Locanda Cipriani, en La Barra; Etiqueta Negra; Porsche; Adolfo Domínguez y Sandro; además de instituciones culturales como Arteba, una de las ferias de arte más importantes de Argentina, y el Museo Nacional de Arte Decorativo, entre otros.
Son proyectos exitosos que funcionan como imanes naturales para las celebridades y que hacen que convocarlas no requiera esfuerzo.
“No busco al personaje. El proyecto es tan interesante que no los invito: quieren ir. Todos quieren estar. Pampita, Susana Giménez, Ricardo Darín, Marcelo Tinelli. He trabajado con todos y con todos tengo una muy buena relación, un profundo respeto y admiración, porque cada uno, en lo suyo, es prestigioso y hace que los lugares donde va también brillen”, expresa.
Habla con cariño y admiración de Susana Giménez. Son amigos y asegura que trabajar con ella es un lujo: “Es la uno. Siempre está dispuesta a sonreír y a trabajar. Es la primera que se maquilla, se peina y hace lo que tiene que hacer”. Además, destaca su compromiso a la hora de decir presente en acciones benéficas.
Para sus 80 años protagonizaron una anécdota divertida que dio qué hablar. Susana no quería regalos exóticos: armó una lista de necesidades básicas y, entre ellas, había vasos. “Elegí los más lindos que había y le encantaron. Sé que los usó. Fui criticado, pero ella quería lo básico”, recuerda entre risas.
En su oficina hay una fórmula y no se cansan de repetirla: a quien quieras invitar, en cualquier parte del mundo, de alguna forma, se llega. Y les da resultado. “Logramos hacer la meditación más grande del mundo con Ravi Shankar, referente en espiritualidad. También llegamos a Madonna, que vino a la Argentina traída por Alan Faena, y hubo muy buena onda”, asegura.
Tres meses atrás, por ejemplo, compartió una mesa con Sting y Cher durante la apertura del hotel de Faena en Nueva York. “Fue un lujazo”, define, aunque le quita trascendencia al halo de misterio que suele rodear a la fama y baja a tierra el mood cholulo. Para él, la clave está en mirar al personaje desde su lado humano. “Todos conectamos con lo mismo: una buena sonrisa, un te cuento qué hago, un en qué proyecto estás. Eso da ganas de charlar y nos une a todos”.
No logra identificar a una estrella que le haya costado convencer. Tiene la habilidad —y también una cuota de suerte— de que a quien llama, accede. “O soy amigo cercano, o es amigo de un amigo, o lo conozco. Siempre pienso en el win win: todos tienen que estar beneficiados si hay una acción económica detrás, ellos y el proyecto. De esa manera es bastante democrático”, resume.
Aunque trabaja para un promedio de 50 marcas por mes, lo que más disfruta Diamante es la variedad. “Hoy estoy pensando en un aceite de oliva, ayer en un hotel, mañana en indumentaria y pasado en una bodega. Nunca puedo aburrirme porque estoy todo el tiempo indagando, y eso me vuelve loco”, cierra.