La inteligencia artificial ya puede redactar textos, resumir documentos y resolver problemas que antes requerían horas de trabajo. Pero, a medida que estas herramientas amplían sus capacidades, las universidades enfrentan una pregunta cada vez más urgente: ¿qué conocimientos y habilidades deberán desarrollar los estudiantes para un mercado laboral en transformación?
Para Marin Njavro, director ejecutivo de la Luxembourg School of Business, si las máquinas pueden ofrecer respuestas de forma inmediata, el desafío de la educación superior es enseñar a formular mejores preguntas, evaluar la evidencia y asumir la responsabilidad por las decisiones.
De visita en Montevideo para participar en el Congreso Internacional de CLADEA, el Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración, una red académica que promueve la cooperación entre instituciones dedicadas a la enseñanza de los negocios y la gestión, Njavro compartió su visión sobre el futuro de la educación. “Si la IA puede dar respuestas, el trabajo de una universidad es enseñar a formular mejores preguntas”, sostuvo.
IA en las aulas.
Para Njavro, uno de los aprendizajes que deja el Plan Ceibal es que la innovación educativa no depende únicamente de incorporar dispositivos, sino de cómo se integran a la enseñanza. El programa, iniciado en 2007, convirtió el acceso a computadoras y conectividad en parte de una política pública orientada a reducir las desigualdades educativas. “La verdadera lección de Ceibal no es la computadora portátil, sino la colaboración: un especialista que trabaja a distancia y enseña junto con el docente del aula”, señaló. A su juicio, la inteligencia artificial debería seguir ese mismo modelo: funcionar como una herramienta que acompañe al profesor, no que lo sustituya.
El desafío consiste en aprovechar sus posibilidades sin perder de vista el objetivo educativo. Por eso, propone evaluar la siguiente etapa de innovación con una pregunta concreta: “¿La IA reduce las brechas educativas o simplemente permite que quienes ya tienen ventajas avancen más rápido?”
Njavro sostiene que Uruguay cuenta con condiciones favorables para abordar esa discusión, entre ellas la infraestructura digital, las redes docentes y la posibilidad de evaluar los resultados de las políticas educativas. Sin embargo, advierte que el acceso a la tecnología no garantiza por sí solo un aprendizaje de calidad. Con buenos docentes, conectividad y un diseño adecuado, explicó, puede ofrecer un tutor personalizado a cada estudiante. Sin esas condiciones, corre el riesgo de convertirse en otra ventaja para quienes ya cuentan con más oportunidades.
El directivo afirmó que el uso de estas herramientas también exige prestar atención a la forma en que se aprende. Si un estudiante recurre a la IA para obtener una respuesta sin comprender cómo llegó a ella, la tecnología puede resolver la tarea inmediata sin contribuir al desarrollo de sus capacidades. Por el contrario, si se utiliza para poner a prueba una idea, contrastar argumentos o explorar distintas soluciones, puede convertirse en un recurso para profundizar el aprendizaje.
“Cuando la IA da la respuesta, los estudiantes aprenden menos; cuando los hace pensar, aprenden más”, dijo.
Para Njavro, el objetivo no debería ser que los estudiantes aprendan a utilizar una herramienta específica, sino que desarrollen capacidades que les permitan desenvolverse en un entorno tecnológico cambiante. “Los estudiantes necesitan lo que nuestro colega Johan Roos, expresidente de la Copenhagen Business School, denomina human magic: curiosidad, creatividad, pensamiento crítico, comunicación y colaboración”, apuntó. La idea es que esas habilidades no compitan con el conocimiento tecnológico, sino que lo complementen.
La incorporación de estas herramientas también obliga a revisar los métodos de evaluación. Si un trabajo puede ser elaborado con ayuda de un asistente de inteligencia artificial, evaluar únicamente el resultado escrito puede no ser suficiente para determinar cuánto aprendió el estudiante.
“Para proteger el pensamiento crítico, hay que usar la IA como interlocutora para poner a prueba las propias ideas, no como una autora fantasma que haga el trabajo por nosotros”, señaló. En la práctica, propone recurrir a más exámenes orales, discusiones en clase y evaluaciones que permitan observar cómo razonan los estudiantes.
La visita de Njavro a Montevideo se enmarca en una apuesta por estrechar los vínculos académicos entre Europa y América Latina. La Luxembourg School of Business está especializada en formación empresarial de posgrado y mantiene una orientación internacional. Para el directivo, Uruguay tiene características que lo convierten en un socio interesante: estabilidad institucional, apertura económica y experiencia en el desarrollo de políticas de digitalización. A eso se suma una industria tecnológica acostumbrada a trabajar con mercados internacionales.
“Los países pequeños no pueden competir por su tamaño, así que compiten por la confianza y la capacidad de ejecución”, dijo. Considera que existe margen para profundizar la cooperación entre ambas regiones mediante el intercambio de estudiantes, investigadores, emprendedores y profesionales.
La IA y el empleo.
La transformación de la educación está estrechamente ligada a los cambios que experimentará el mercado laboral. Njavro no comparte las previsiones más pesimistas sobre el impacto de la IA en el empleo y considera que, en muchas profesiones, estas herramientas permitirán aumentar la productividad y asumir más tareas. “He llegado a creer que buena parte del catastrofismo en torno a la IA está fuera de lugar. Creo que es una herramienta poderosa. Y cuando se les da una herramienta poderosa, las personas tienden a hacer más cosas de las que podían hacer antes”, dijo a El País. A su entender, la sustitución completa será más probable en empleos basados en procesos simples y repetitivos. “Pero eso es algo positivo”, comentó.
Eso no significa que los trabajadores puedan desentenderse de los cambios. Para Njavro, la preparación debe combinar el aprendizaje tecnológico con la capacidad de adaptarse, resolver problemas y seguir adquiriendo conocimientos a lo largo de la vida. “Hoy, un título universitario es el comienzo del recorrido, no el destino”, apuntó. Su recomendación es incorporar el hábito de aprender algo nuevo cada año y aplicar esos conocimientos a problemas concretos. También destaca la importancia de los idiomas y las habilidades interculturales.
A su juicio, las empresas que obtienen beneficios de productividad gracias a la IA tienen un papel central en la capacitación de sus empleados, mientras que los gobiernos deben contribuir a establecer redes de protección y las universidades necesitan ofrecer oportunidades de formación a personas de distintas edades. “Nadie debería tener que adaptarse por su cuenta”, resumió.
- ¿Qué consejo le daría a un estudiante uruguayo que se prepara para un futuro marcado por la IA?
- Usá la IA todos los días, pero nunca dejes que piense por vos. Pedile que cuestione tus ideas, no que te sustituya. Los estudiantes que mantengan la curiosidad y sigan preguntándose “por qué“ serán quienes lideren... Y salí a conocer el mundo, para después traer lo aprendido de vuelta a casa. El talento uruguayo se mueve muy bien por el mundo.