SEGURIDAD VIAL

Manejar con sueño es igual a tomar dos vodkas

El sueño es un factor de riesgo vial frecuentemente subestimado en el tránsito aunque incide en los despistes; ¿cómo combatir la somnolencia al volante?

sueño conducir
Datos epidemiológicos recientes de otros países muestran que la somnolencia está relacionada, directa o indirectamente, con 20% a 30% de los accidentes viales fatales.

Conducir con sueño es similar a haber bebido alcohol. Es más, está estudiado que la privación del sueño provoca un efecto en la persona equivalente a la ingesta de vodka suficiente para marcar una alcoholemia de 0,8 gramos por litro, un nivel que está en contra de la ley Nº 19.360 que bajó a cero el límite de alcohol en sangre.

“Esa alcoholemia está prohibida en nuestro país; sin embargo, nadie pregunta si durmió la noche anterior para manejar seis o siete horas sin parar”, dijo Cecilia Orellana, neuróloga especializada en Medicina del Sueño y presidenta de la Asociación de Sueño del Uruguay (ASSUR), en una actividad en línea organizada por la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev).

El sueño es un factor de riesgo vital frecuentemente subestimado pero altamente peligroso. Datos epidemiológicos recientes de otros países muestran que la somnolencia está relacionada, directa o indirectamente, con 20% a 30% de los accidentes viales fatales. Según datos uruguayos, Orellana indicó que incide en los despistes, un escenario que es responsable de un tercio de los siniestros.

“Hay una asociación importante entre horario y siniestralidad. Las horas de la madrugada, entre las 3 y las 5 y hasta las 7 de la mañana, cuando está ocurriendo la noche química de nuestro cerebro y está más propenso a dormir, es cuando ocurren más accidentes”, relató.

Los datos muestran que entre las 5 y las 7 horas se producen, en promedio, el 40% de los siniestros viales.

Reglas para una correcta higiene del sueño.

La higiene de sueño incluye una serie de reglas prácticas muy útiles para conseguir que el descanso nocturno sea suficiente y adecuado. Una de ellas es no cambiar los horarios de sueño. Acostarse y levantarse a la misma hora ayudará a que el sueño se presente a horas predecibles. Hacer ejercicio regularmente se relaciona con un sueño de calidad, pero no debe practicarse pocas horas antes de ir a dormir. No se deben hacer más de 20 o 30 minutos de siesta durante el día. Si la siesta es muy larga el rendimiento disminuye y puede alterarse el sueño nocturno. No se debe consumir bebidas estimulantes después de las 19 horas, ya que sus efectos se pueden prolongar hasta el momento de ir a dormir. Tampoco es recomendable cenar de forma abundante y hay que acostarse como mínimo una hora después. Evitar el consumo de alcohol por la noche porque trae como consecuencia una fragmentación del sueño.

Factores que inciden en la conducción.

A la hora de conducir con sueño intervienen dos escenarios: la somnolencia y la fatiga. La primera es la sensación de querer dormir. Del punto de vista clínico, los párpados se sienten pesados, disminuye la velocidad del parpadeo, los bostezos son más frecuentes y ocurre la flexión cefálica, es decir, la cabeza empieza a doblarse. “Todas nuestras actividades musculares tienen a disminuir; estamos menos tensos, no mantenemos la postura y estamos menos alerta que cuando estamos despiertos”, describió la neuróloga.

La peor manifestación es la presencia de fallas atencionales “de las que no somos conscientes”. Aquí adquieren relevancia los microsueños: la persona cae dormida por segundos o minutos. Incluso, los microsueños pueden suceder con los ojos abiertos. En la calle o carretera esto es sumamente riesgoso.

La fatiga, por su parte, es la sensación subjetiva de disminución de energía. Y no solo acompaña a la falta de sueño sino a muchas enfermedades. Luego de varias horas despierto o con una actividad física agotadora, la fatiga implica una baja de la vigilancia y dispara fallas atencionales.

Orellana comentó en el webinar Sueño al conducir: factor de riesgo para la Seguridad Vial que la somnolencia se “enmascara” sobre todo si se soporta a largo plazo. Las personas recurren, por ejemplo, al consumo de cafeína, a mantenerse en movimiento o al aumento de horas de sueño durante los fines de semana. Estas acciones, entendidas como “esfuerzos para que el cerebro recupere el sueño perdido”, son inútiles, puesto que las horas de sueño perdidas no son recuperables.

“En la madrugada, en la noche química del cerebro, este ya está agotado y, aunque no durmamos por el enmascaramiento de la somnolencia, las fallas atencionales son enormes”, dijo Orellana.

Sueño
El sueño es esencial para mantener la atención al conducir.

Es por eso que es la peor hora para conducir; también lo es entre las 12 y las 15 horas, cuando baja la atención y se dispara la sensación de somnolencia, la que desaparece horas después.

Sueño insuficiente, trastornos respiratorios durante el sueño y los turnos de trabajo rotativos y en horarios nocturnos son causas de la somnolencia diurna excesiva. En estos casos, la recomendación de la especialista es realizar una muy buena higiene del sueño y una adaptación del ciclo circadiano, es decir, del reloj biológico que nos mantiene naturalmente en vigilia durante el día y dormidos en la noche.

Si esto no se consigue y se mantiene la somnolencia diurna excesiva, los reflejos del conductor se vuelven lentos y, por lo tanto, baja el tiempo de reacción. Por ejemplo, bajo su efecto son típicos los alcances traseros que se producen cuando el vehículo que precede frena y el conductor no es capaz de reaccionar a tiempo para evitar la colisión.

“Hay un déficit en el procesamiento de la información. Por ejemplo, si hay animales en la carretera tenemos que procesar rápidamente a través de nuestra visión y entorno neurológico para decidir si hay que frenar, desviar o qué tipo de maniobra. Todo ese procesamiento se hace en milésimas de segundo pero no así con sueño”, explicó Orellana.

Otro elemento es la alteración de la percepción sensorial. Con sueño no se ve de forma adecuada (se pierde el enfoque, se produce visión borrosa y se es más susceptible a los deslumbramientos) y los sonidos se procesan más lento o nos acostumbramos más rápido a ellos. “Esta baja de la atención es la que puede hacer que tengamos errores. La conducción está agravándose”, afirmó la experta.

Al auto le sucede lo mismo que al cuerpo: el conductor se mueve hacia un costado en condiciones de somnolencia y fatiga y lleva el vehículo en esa dirección y, cuando despierta, hace un giro brusco. “La gente dice: ‘Pestañeé y pegué el volantazo’”, apuntó Orellana; sin embargo, ese pestañeo pudo haber sido de varios segundos, suficientes para llevar el auto hasta una columna o muros o, incluso, provocar un vuelvo.

Añadió: “Cuando estamos fatigados tenemos una tendencia a irnos de la ruta sin que haya otro tipo de elemento que nos haga salir de la misma. Hay otras causas de despiste, pero una es el sueño”. La presencia de bandas despertadoras en la banquina es, entonces, esencial.

Consejos a la hora de conducir.

“La conducción nocturna y prolongada altera el desempeño vial. La diferencia (en comparación con el horario diurno) es significativa en cantidad de despistes y accidentes por un desempeño pobre por la somnolencia y la fatiga”, recordó Orellana.

¿Hay formas de combatirlas? Sí. La primera es obvia: no conducir si se tiene sueño. O maneja otra persona o se duerme antes de salir a la calle.

Otra recomendación es evitar la madrugada. Y si asalta el sueño en pleno viaje, lo mejor es buscar un lugar seguro para detener el vehículo y realizar una siesta de 15 minutos. Este tiempo es suficiente para que el cerebro recupere la alerta hasta por una hora y media y quizás esto alcance para llegar al destino de forma segura. Si a la siesta se le suma una bebida con cafeína, se estará dos veces en alerta. “No estamos prestando atención a la importancia del sueño y que no dormir tiene un riesgo casi igual a tomar alcohol”, advirtió la especialista.

Trastornos que aumentan el riesgo vial.

La neuróloga Cecilia Orellana, especializada en Medicina del Sueño, apuntó que los pacientes con síndrome de apneas del sueño que no reciben tratamiento tienen hasta un riesgo tres veces mayor de sufrir siniestros viales que otros conductores. “Queremos exhortar a esas personas a consultar al médico”, dijo.

Los trastornos del sueño alteran directamente el ciclo sueño-vigilia. Estos van desde el insomnio hasta la narcolepsia, la que se caracteriza por la aparición de ataques súbitos e irresistibles de sueño durante el día.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño es un importante problema de salud, mucho más común de lo que se suele pensar. Los pacientes sufren durante el sueño episodios en los que las paredes de la faringe bloquean total o parcialmente la entrada y salida del aire. La falta de aire provoca continuos microdespertares que consiguen restablecer la respiración. El problema radica en que estas personas no consiguen dormir adecuadamente por la noche, por lo que experimentan fuertes episodios de sueño durante el día. Existen determinados factores que hacen que a una persona especialmente proclive a padecer esta enfermedad: ser varón, el sobrepeso o la obesidad, el consumo de alcohol y el tabaquismo.

Otros trastornos del sueño pueden ser los del ritmo circadiano que implica un patrón de sueño desestructurado debido a una mala sincronización del sueño-vigilia del individuo y las exigencias externas; así como también las parasomnias, que son fenómenos que pueden irrumpir durante el sueño con pesadillas y terrores nocturnos y sonambulismo. Ambos casos provocan somnolencia persistente, fatiga, irritabilidad y problemas de concentración que pueden ser cruciales al conducir.

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