La artesana en porcelana fría que hizo que China Zorrilla ganara otro premio

Dea Picos

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Dea Picos ha pasado por varias técnicas en su larga trayectoria. Hoy destaca por sus personajes en porcelana fría, uno de los cuales ganó el concurso del Mercado de los Artesanos en homenaje a China.

Dea Picos (60 años) nació y se crió en una granja del Montevideo Oeste. No había mucho para hacer y ningún niño para jugar, así que tuvo que ingeniárselas para estar entretenida. Por eso cree que está bien decir que es artesana desde chiquita. “Siempre he estado en una construcción”, señala en charla con El País.

El primer recuerdo que le viene a la mente son los collares de fideos tostados al horno que hizo con la hija de unos amigos de sus padres. La experiencia duró apenas unos días, pero fue lo primero que vendió. “Después toda la vida hice cosas, aunque no necesariamente las vendía, las hacía para regalar”, aclara.

A los 8 años confeccionaba títeres, tuvo una época de tallado en madera, cursó un año en Bellas Artes y cuando ingresó al Mercado de los Artesanos, en 1989, lo hizo como representante del rubro textil. En esa época hacía pantallas en macramé cuando esta técnica no era muy conocida, pero enseguida se pasó a lo gráfico ya que siempre amó dibujar.

No paró allí sino que incursionó en otro mundo que la fascinó, el del cartón. “Era una época en la que no había cartón corrugado, entonces reciclaba las cajas que encontraba y hacía lámparas. Me llevé un premio y las vendí todas”, cuenta.

Dea Picos

También le gustaba mucho la cerámica, el problema en este caso era que se necesita de toda una infraestructura para llevarla a la práctica y Dea se define como un caracolito. “Me gusta llevar mi taller conmigo, como la expresión mínima que pudiese hacer en cualquier parte”, explica.

Fue en ese momento que se encontró con la porcelana fría, para la que no hace falta mucho espacio y solo basta tener una mesa para hacer la pasta. “A partir de ahí es mi pasta favorita”, confiesa sobre la técnica que adoptó allá por 1996 y la acompaña hasta el presente como rubro principal.

En un principio todas esas expresiones artísticas debieron convivir con trabajos paralelos. Primero como funcionaria pública liquidando sueldos gracias a su formación como auxiliar contable y luego realizando trabajo social en la ONG El Abrojo. Hasta que en el 2000 resolvió que solo quería vivir de la artesanía.

“Eso implica que, sobre todo en porcelana fría, termines haciendo los souvenirs de los cumpleaños de 15. La primera pieza te encanta, pero cuando tenés que hacer 50 iguales ya no te gusta tanto. Entonces perdés aquello que es lo que te gusta, que es diseñar la primera pieza”, confiesa.

Pero no lo vivió como algo negativo porque por esos años tuvo otra revelación. “Demoré 40 años en descubrir que lo que me gustaba era el proceso de construcción de las cosas y que si no tenía la técnica para construir, iba a algún lugar donde me la enseñaran, la aprendía y después ya no me interesaba. Lo que me gusta realmente es el proceso”, remarca.

Una tía como las que nos esperaban con la cocoa

¿Por qué eligió llamarse La tía Dea? “Yo no tengo hijos, pero tengo 23 sobrinos y más de 35 sobrinos nietos; entonces soy una tía, no tiene vuelta”, responde entre risas. En su Instagram -@deapicos- se presenta con una frase que le recuerda a una tía y su infancia: “Vivo de crear objetos que disfruto hacer para otros con el mismo amor que las tías nos hacían la cocoa cuando las visitábamos”.

Al respecto dice que las tías “tienen esa cosa que no tienen las madres, un cariño con el que te hacen cosas especialmente para vos. Cuando compongo personajes para otros los hago con ese involucramiento afectivo”, comenta.

Historias.

“Yo hago pequeños personajes”, detalla Dea sobre su trabajo en porcelana fría. Acota que luego de la pandemia decidió que solo iba a hacer lo que realmente le gustara y que le hiciera sentirse bien. Por eso, por ejemplo, quedaron atrás las hadas que confeccionó durante tantos años.

Dice que lo más comercial que elabora son los pesebres, pero porque siempre disfrutó hacerlos aunque sean figuras que se repiten. Todo lo demás busca que sea “distinto”, como la combinación de personajes con lámparas, lo cual le permite retomar antiguas técnicas como el cartón.

Dea Picos
Los pesebres.

“Son personajes que tienen cada uno una historia, es adonde me lleva la cabeza. Probablemente no cobre nunca todo el tiempo que les pongo, pero sí disfruto hacer cada pieza”, destaca.

Pueden ser sus historias, pero también las de quienes le encargan trabajos. “Muchas veces me pasa que alguien viene, me cuenta su historia y me pide algo en especial. En base a eso compongo un personaje. Para eso voy al Mercado de los Artesanos todos los viernes o arreglo para encontrarme con la persona en Montevideo”, señala quien en 1999 resolvió mudarse a Neptunia para poder tener casa propia.

Los muñequitos de las tortas de bodas son esos casos en los que las historias de quienes se los encargan pesan.

Y entre las anécdotas también se puede colar algún amigo, como el actor Darío Sellanes, que un día se le apareció con el Florencio que había ganado como Mejor Actor y le dijo: “Tengo una habitación toda con duendes y quiero que me le pongas un personaje a este premio, no importa el tiempo que te lleve hacerlo”.

El más famoso de sus últimos personajes le hizo ganar el primer premio del concurso Teatro, China Zorrilla y cultura de dos orillas, organizado por la Asociación Uruguaya de Artesanos (AUDA).

La idea era homenajear a la actriz uruguaya protagonista del último fin de semana del Día del Patrimonio. “Me puse a ver las últimas cosas que había en video de China acá en Montevideo y lo que más me gustó fueron sus últimos tiempos, en los que siempre encontré que quedaba inmersa en su vestuario. Era una voz que emergía de un montón de ropaje y empecé a ver más que nada caricaturas de ella”, recuerda Dea.

Dea Picos
La obra de China Zorrilla ganadora del premio.

Se quedó con la China de El Diario de Adán y Eva y la frase que siempre la fascinó de la actriz: ‘¡Pero qué ricas son las manzanas!’ “Me encanta la gestualidad con la que la decía, la fuerza frente al discurso del otro”, rescata.

El resultado fue una escultura en porcelana fría que se puede ver tanto de frente como por atrás.

“La idea era que la viésemos como salida del escenario y por el lado de atrás tenés un ingreso al cielo; para mí sus alitas se las debe de haber ganado”, comenta Dea sobre una pieza que disfrutó mucho pensar y realizar.

“Para mí con llegar y colocarla allí ya estaba mi meta cumplida; el premio es como la cereza del postre”, confiesa quien no es de quedarse con las cosas que hace aunque reciban distinciones. En el caso de las obras participantes en este concurso, todas se pusieron a la venta en el Mercado.

“Yo vivo en una casa muy pequeñita y no tengo espacio. Además prefiero que alguien disfrute de mis obras porque sino las termino regalando a alguien de la familia o a un amigo, yo me conozco”, dice entre risas.

Tampoco es de hacer muchas ferias. Participó en la Feria del Libro y el Grabado de Nancy Bacelo muchos años, pero no se enganchó con la continuadora Ideas+. “Como también saco fotografías, a veces lo que hago es una muestra con Elena Miratti, compañera del Mercado, para acompañar la Feria de Economía Solidaria a fin de año”, apunta.

Dea está casada desde 1985 con Quique Rieiro, también integrante del Mercado de Los Artesanos, dedicado a la técnica de falso vitral además de ser músico. “Somos bien vieja guardia”, señala sobre su compañero de vida con quien comparte casa, perros y gatos en un lugar de Neptunia que le permitió “volver un poco a la naturaleza de la infancia”.

Dea Picos

Principitos para una abuela que emocionó a la artesana

“Un día me llamó una abuela que viajaba a Italia al primer año y bautismo de su nieto. Me dijo que quería un Principito y le interesaba el que está en el planeta y el del avioncito; entonces le hice los dos”, cuenta Dea sobre una de las piezas que la marcaron.

“Me quedé encantada porque la señora era una trabajadora con cama adentro. Cuando se lo fui a entregar me encontré con una imagen que hacía años no veía, con la de una mujer con uniforme y cofia. Me dio un placer que esa mujer viajase a ver a su nieto. Después me mandó una foto de la fiesta. Generalmente sucede eso, que me mandan fotos y queda un vínculo”, destaca Dea.

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