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Guillermina Uteda empezó a pintar no muy segura de sus dotes; el resultado la sorprendió

Pintaba desde niña, pero siempre pensó que eso no era hacer algo "útil" y probó otros caminos. La vida la devolvió al mundo del arte y hoy sus cuadros son demandados fuera de fronteras.

Guillermina Uteda
Empezó pintando animales, luego se pasó a las flores y ahora no quiere salir de ahí

"Pinto desde que sé agarrar un pincel”, dice Guillermina Uteda (23 años), al tiempo que confiesa que le costó mucho reconocer que eso podría llegar a convertirse en su medio de vida.

“Mi madre siempre quiso tener una nena para volcar todo lo que sabía de arte y caí yo después de dos hermanos varones. Cuando pudo me puso un pincel en la mano y me empezó a regalar pinturas, crayolas. Yo me quejaba ‘mamá, quiero barbies’, pero hoy lo agradezco”, cuenta con gracia.

Su madre pintó hasta que la obligaron a elegir una carrera, optó por Medicina y dejó la pintura de lado. Pero la pasión no desapareció y tanto ella como su propia madre siempre fueron personas muy informadas sobre el arte y la cultura, cosas que fueron contagiando a Guillermina sin que se diera cuenta.

En el taller de Alejandro Pérez Noya, al que comenzó a ir con 6 años, disfrutaba mucho. “Alejandro estaba loco de la vida conmigo, le decía a mi madre: ‘¡es impresionante el manejo del color que tiene siendo tan chica!’”, recuerda, pero acota que no se lo creía mucho, pensaba que a todos los niños le decían lo mismo.

Guillermina Uteda

Estuvo yendo y viniendo en el tema del arte hasta que cumplió 18 años y tuvo que elegir qué estudiar. Como vivía en Libertad (San José) y estaba mucho en contacto con los animales y la naturaleza, fue por el lado de la veterinaria. Eso la obligó a mudarse a Montevideo y el arte quedó en pausa.

“Aguantó” tres años hasta que cayó en una crisis vocacional que sus amigas ya venían anticipando. “Guillermina, ¿qué hacés estudiando esto? Andá a estudiar moda o algo vinculado al arte”, le decían.

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Ella se seguía negando, hasta que finalmente un día tomó un pincel, un lienzo y con los óleos que le habían quedado de años anteriores pintó un caballo de colores. La repercusión que tuvo entre familiares y amigos, que enseguida empezaron a pedirle que les pintara uno, la hizo rendirse ante las evidencias: algo tenía.

“Yo me negaba rotundamente a que eso fuera lo mío, yo quería ser buena en algo útil entre comillas. Sentía que el arte y la moda eran muy superficiales, no quería dedicarme a eso. Quería algo más profundo en mi vida, ayudar a la gente, a los animales”, señala.

Pero fue abrir su cuenta de Instagram y ya no hubo vuelta atrás, llovieron pedidos de gente de todas partes.

Guillermina Uteda

Encargos de todos lados.

Su primera venta no la pudo sorprender más. A un mes de estar en Instagram, una mujer de Durazno le escribió pidiéndole tres cuadros. Guillermina se los cotizó caros porque no quería desprenderse de ellos. La mujer los compró.

Como recién comenzaba y nunca tuvo como meta comercializar su arte, sus primeras obras no eran muy costosas; lo tomaba como algo para hacer un dinero extra. Con el tiempo se dio cuenta de que lo que estaba poniendo en venta era su tiempo, su amor y su trabajo, y eso sí merecía cotizarse más.

Subió los precios y, claro está, no vendió tanto como al principio, pero hizo que la gente valorara mucho más el trabajo que había detrás. “La creatividad es lo más caro de todo porque, si bien los materiales cuestan, pensar una idea y que quede bien es dificilísimo, y eso creo que es lo que más vale de un cuadro sea mío o de cualquier otro pintor”, destaca.

La gente lo valoró, no solo en Uruguay sino en el resto del mundo. Dice que tiene más clientes en Buenos Aires que aquí y que, si bien desde Europa aún no le han comprado, la contactan de países que ni sabe cómo se pronuncian.

Guillermina Uteda

Su venta más rara e importante fue a República Dominicana, la primera venta al exterior. “Tenía repocos seguidores y me escribió una chiquilina que no sé cómo llegó a mí. Me dijo que le gustaban mucho mis Frida (Kahlo), que si le podía mandar una y cuánto le cobraba. A los cinco minutos me había depositado todo el dinero, yo no lo podía creer. No me quedaba otra que hacerle el cuadro. Llamé a mi padre para preguntarle cómo mandar un cuadro a República Dominicana”, cuenta entre risas.

Cómo es su arte.

Comenzó trabajando con la técnica del óleo, que afirma le da gran libertad. El problema es que demora mucho en secarse y eso retrasa la entrega de pedidos, que cada vez son más. Por eso se pasó al acrílico, que también le gusta mucho porque tiene más colores y va más con lo que hace.

“Las personas que me conocen me dicen ‘tus cuadros te reflejan’”, cuenta quien comenzó pintando animales, pero los abandonó porque no se venden tanto y, si bien no quiere hacer algo mercantil de su obra, reconoce que de alguna forma hay que sustentarse. Advirtió entonces que lo que más gusta son las flores, cosa que ama junto con los colores y son esos los motivos que dominan sus cuadros hoy en día.

Guillermina Uteda
Guillermina Uteda

“Creo que no me voy a mover de acá por mucho tiempo”, apunta esta amante del impresionismo y de Monet.

Su taller, entre comillas como dice, está en la barbacoa de su casa en Libertad, lo cual antes de la pandemia la obligaba a pintar solo los fines de semana. Para cuando retome sus clases de Ciencias de la Comunicación en agosto, planea buscar un lugar en Montevideo donde tener sus materiales y poder pintar toda la semana.

A más largo plazo piensa en una posible exposición. La situación actual hace que en su mayoría se hagan vía online y a ella no le convence, prefiere la presencialidad.

Si bien finalmente se convenció de que el arte es lo suyo, quiere contar con el backup de una carrera “convencional”. Le quedaron un par de materias de Gestión de Moda y Tendencias, que está viendo cómo terminar. Este curso le sirvió para darse cuenta de que le atraía la comunicación y así empezó a estudiar la carrera en la Universidad de Montevideo. Está probando si prefiere el marketing, la publicidad o el periodismo.

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“Hasta hace unos meses pensaba que tenía que estudiar y conseguir un buen laburo”, recuerda. Hoy sabe que puede vivir de su gran pasión y hacia ella apunta, quizás perfeccionándose en el exterior, para lo que tiene el apoyo familiar.

“Cada vez se me dan más oportunidades y no puedo estar más contenta. Quiero dedicarme al arte, vamos a ver cómo sale”, concluye, ahora sí, sin lugar a la subestimación.

De familia de agrónomos y amor al arte

Guillermina nació en Montevideo, pero el trabajo de su padre -ingeniero agrónomo- determinó que la familia se mudara a Libertad (San José). Allí viven sus dos hermanos mayores, estudiantes de Agronomía, y sus padres.

Ella se mudó a Montevideo por sus estudios. Hizo tres años de Veterinaria, cursó Gestión de Modas y Tendencias y hoy estudia Ciencias de la Comunicación.

Trabaja para el portal de agro Todo el campo en redes y como periodista.

Guillermina Uteda

Dónde se la encuentra

La cuenta de Instagram es @utedaarte. También tiene un muy completo sitio web donde la gente puede ver sus obras, los precios y comprar directamente.

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