CIENCIA

Geólogos recomiendan elevar riesgo sísmico para Río de la Plata para soportar terremotos moderados a fuertes

Estudio de geólogos exhorta a diseñar construcciones que soporten eventos de una magnitud de 6 en la escala Richter

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Estructuras colapsadas por terremoto

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La lista arranca con Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Sí, el adelantado español que llegó al Río de la Plata en el siglo XVI. Él mismo reportó un sismo para el 30 de octubre de 1542 en una zona no específica de esta región y a la que le imputó 14 muertos. Una tragedia no muy bien documentada en la época pero a la que se le puede estimar una magnitud aproximada de 6 en la escala Ricther. Le siguen otros 24 eventos conocidos y tentativos hasta el 8 de mayo de 2021 cercanos a Montevideo y Buenos Aires, una porción del planeta que muchos todavía creen que no se mueve bajo nuestros pies.

La realidad de la Tierra es tan distinta al imaginario popular que los geólogos Leda Sánchez (uruguaya), Peter Baxter (neozelandés) y Carlos Costa (argentino), destacados en el estudio sísmico, analizaron las amenazas y los riesgos del Río de la Plata. En un estudio que fue aprobado por el Journal of South American Earth Sciences recomiendan a las autoridades de la Provincia de Buenos Aires y de la República Oriental del Uruguay –territorio que comprende a 18 millones de personas– a elevar el riesgo sísmico a un nivel de PGA de 0,1g para un 10% de probabilidad de superación en un periodo de 50 años.

¿Qué significa esto? PGA es la aceleración sísmica. Es una medida utilizada en terremotos que consiste en una medición directa de las aceleraciones que sufre la superficie del suelo. La “g” corresponde a la gravedad. Con todo se puede decir que las construcciones deberían soportar un evento cercano a 6, es decir, de moderado a fuerte.

El índice propuesto es aproximadamente el doble del valor actualmente asignado por el código sísmico argentino para esta zona. Y, si bien el estudio se centró en Buenos Aires, La Plata, Montevideo y Maldonado, la zona más vulnerable está comprendida hasta 70 kilómetros de la costa alrededor del estuario, es decir, desde Bahía de Samborombón (Argentina) hasta Punta del Este.

“Los temblores no son los que matan; matan las estructuras que construye el hombre”, recordó Sánchez, investigadora del Área Geociencias de PEDECIBA y de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar).

Y añadió: “Para Chile, un evento de una magnitud de 4 o 5 no es nada. Hay diferencias en cuanto a la profundidad de la ruptura y en que allí tienen construcciones adaptadas para soportar ese tipo de actividad. Nosotros no. Si el epicentro del evento de Florida del 8 de mayo de 2021 de 4,6 en la escala Richter hubiera estado en Montevideo como ocurrió en 1848 o cercano al Río de la Plata como en 1888 o en Las Piedras como en 2016 hubiéramos contado cadáveres”.

Al menos tres tsunamis en el área.

En el estudio Assessing the earthquake hazard around the Río de la Plata estuary (Argentina and Uruguay): Implications for risk assessment de los geólogos Leda Sánchez (Universidad de la República), Peter Baxter (Victoria University of Wellington) y Carlos Costa (Universidad Nacional de San Luis) se apunta que hay registro de al menos tres eventos similares a tsunamis o seiches (onda estacionarias que afectan a un cuerpo de agua encerrado o parcialmente encerrado) en el Río de la Plata desde mediados del siglo XIX.

Aunque estos registros no son del todo claros acerca de las fuentes de los eventos, el hecho de que se les haya atribuido a terremotos en el área significa que es un peligro potencial que no debe ser ignorado por las autoridades de ambos países.

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Sismógrafo

¿Cuáles son las amenazas?

¿Por qué Sánchez, Baxter y Costa creen que existe un peligro significativo de terremotos en la zona limítrofe del Río de la Plata? Normalmente se ha considerado que la parte oriental de América del Sur es estable y, por lo tanto, que presenta un riesgo sísmico de muy bajo a moderado. En los últimos 60 años de medición instrumental no se calificó a ningún evento como moderado a fuerte; sin embargo, los datos macrosísmicos sugieren que pueden haber ocurrido eventos de una magnitud de 6 y posiblemente más.

No se tiene el mismo riesgo que en Chile, por ejemplo, pero no quiere decir que un evento en ese país no tenga consecuencias aquí. Al fin y al cabo, el planeta es un “rompecabezas”. Así lo ejemplificó Sánchez: “La onda del terremoto de 2011 de Chile llegó a Buenos Aires y a Uruguay. Vi una infinita cantidad de videos de gente de la Ciudad de la Costa que mostraba movimientos del agua de su piscina. Era la cola de un evento lejano pero importante. Las estructuras se ven comprometidas y existe lo que es la fatiga de los materiales. Aguantan extensión, comprensión y torsión hasta un determinado punto”.

La recomendación de los geólogos llega luego de que la última versión del Proyecto de Evaluación de Riesgos de América del Sur (SARA) no haya identificado fallas peligrosas para esta región. Sánchez dijo a El País que la advertencia tiene “un enfoque conservador” y solo tomó en cuenta las fallas que se conocen en la superficie. Además, aquella lista de 25 sismos de entre 3 y 6 es incompleta puesto que muchos otros no han sido registrados por falta de redes instrumentales. Sin ir más lejos esto ocurrió el pasado 5 de agosto. El sismógrafo del Observatorio Geofísico de Uruguay ubicado en el Parque Nacional de Anchorena estaba descompuesto (se había inundado y había sufrido roturas por el ganado) y no registró un evento cuyo epicentro estuvo del lado argentino del Río de la Plata y al que se le determinó una magnitud de 3,8.

También es “conservadora” porque los cálculos parten de la suposición de que los edificios están cimentados en roca de buena calidad. Esto probablemente es válido para gran parte del centro de Montevideo, por ejemplo, pero puede que no se aplique para las regiones periféricas donde las viviendas se han asentado con estructuras informales y, por lo tanto, son más frágiles. Mientras que los edificios más altos y nuevos no son motivo de preocupación porque no se consideran estructuralmente vulnerables a estos niveles de exposición sísmica, sí lo son los bloques de apartamentos de hasta 10 pisos de altura que hay tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Estos fueron construidos con algunas falencias estructurales que implican un riesgo mayor. También lo tienen los tanques de agua y las chimeneas no reforzados, las balaustradas de mampostería, las unidades de aire acondicionado, las tejas cerámicas mal aseguradas y otros elementos.

“Lo primero que tiene que haber es una inversión a nivel estatal en conocimiento de este tema. También se debe mantener la red sismológica y armar grupos con expertos que trabajen en amenazas y riesgos naturales que involucren los riesgos sísmicos. Tenemos que preparar a la gente para actuar durante un terremoto”, apuntó Sánchez.

Se necesitan normas y fondos.

Argentina tiene un código de construcción sísmica; Uruguay no tiene ninguna normativa al respecto, según explicó Leda Sánchez, geóloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República. En la investigación que realizó con los colegas Peter Baxter y Carlos Costa se afirma que se debe contar con este instrumento, además de voluntad para mejorar la evaluación de peligros, las posibles fallas en la región y su potencial sísmico. También es necesaria la ayuda económica para mantener en funcionamiento las estaciones del Observatorio Geofísico de Uruguay, cuya historia comenzó a pulmón en 2010.

Por falta de presupuesto, todavía no se tiene un historial de registros instrumentales con los que se pueda estudiar qué sucedió antes y así inferir qué podría ocurrir en el futuro. Tampoco se tiene hecho un estudio que muestre “ciclos”. Por ejemplo, estudios sugerían que un sismo importante estaba por ocurrir cerca de Haití, donde ya se habían registrado eventos 240 años, y que fueron desatendidos por el gobierno.

“El primer registro de actividad sísmica (en Uruguay) fue el 9 de agosto de 1848, hace unos 173 años. Podría ser que la recurrencia sea de 200 años, o más, o menos; pero no hay registros escritos anteriores. Ni estudios suficientes para estimar. Por lo que decir un ciclo, hoy, es pura especulación”, explicó Leda Sánchez a El País.

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