ANIVERSARIO

Chile, a 10 años de la tragedia que lo convirtió en un ejemplo de reconstrucción

El país trasandino no olvida las heridas del devastador terremoto del año 2010.

Chile, a 10 años de la tragedia. Foto: AFP
Chile, a 10 años de la tragedia. Foto: AFP

Una década después del terremoto de 8,8 de magnitud y el tsunami que azotaron el centro y el sur de Chile, el país completó la reconstrucción y consolidó la ingeniería antisísmica, aunque en las zonas costeras arrasadas los pobladores intentan todavía adaptarse a vivir lejos de mar.

En la Caleta Tumbes, un poblado de pescadores que resultó devastado aquel 27 de febrero de 2010, los últimos damnificados viven desde hace cinco años en una población levantada en la cima de una colina, a salvo de un nuevo maremoto pero contemplando el mar desde la ventana de sus casas.

“Estamos seguros; bonita es la casa, pero echamos de menos nuestra caleta”, relató a la agencia AFP Luisa Araya, exponiendo la difícil ecuación de la reconstrucción, que implica intentar proteger la vida de las personas en uno de los países más sísmicos del mundo y restaurar el tejido social que también quebró el terremoto.

“Extraño el ruido de mar... la gente”, agregó Luisa, en el living de la casa que comparte con su esposo y su padre, con la emoción a flor de piel poco antes del décimo aniversario de esta tragedia que se cobró la vida de 525 personas; casi un centenar fue por el tsunami que siguió al terremoto, el segundo más fuerte en la historia del país, cuyo epicentro se registró cerca de Caleta Tumbes, en la región del Biobío, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago.

Más de 220.000 viviendas fueron destruidas, 3.700 escuelas o liceos quedaron inutilizables, al igual que 17 hospitales y 1.550 kilómetros de rutas.

Como Luisa, otras 200 familias –en su mayoría de pescadores– fueron reubicadas en esta villa, bautizada como “Las Caletas”, con casas sólidas, una plaza de juegos y una sede vecinal, pero que ellos creen que los alejó “demasiado” del mar, al que ahora acceden caminando durante unos 10 minutos por un empinado camino.

Chile, a 10 años de la tragedia. Foto: archivo / agencias
Foto: archivo / agencias

A orillas del mar, se decidió reconstruir una veintena de restaurantes –principal sustento económico de esta caleta– y unas pocas casas “antitsunamis”, construidas sobre pilotes para que el agua transite sin dañar la estructura.

“El chileno es medio porfiado; nos arraigamos en las raíces de los viejos y ahí nos quedamos”, dijo Juan Pedro Díaz, un pescador que decidió quedarse frente al mar, en una vivienda “antitsunamis”.

A su lado, Jesús Bravo, levantó un restaurante al que bautizó “8,8” –como la magnitud del terremoto de aquel entonces– pero por temor alejó su casa de allí: “Como esté construida a la orilla de la playa, si hay un tsunami se lo lleva todo”, sostuvo.

Un ejemplo de reconstrucción.

La vecina localidad de Dichato, a unos 30 kilómetros de Concepción, fue arrasada por el mar. Pero 10 años después de la tragedia, el pueblo es considerado un ejemplo y un símbolo de reconstrucción exitosa.
El borde costero fue reconstruido y se incluyeron obras de mitigación. Se implementaron vías de evacuación y casi 3.000 habitantes fueron reubicados en dos tipos de vivienda por el riesgo de inundación. Al igual que en Tumbes, se levantaron casas y edificios “antitsunamis”.

“Así como Dichato fue un ícono de la devastación, somos un ícono de la reconstrucción”, celebró María Angélica Torres, dirigente social que logró reconstruir 100 viviendas y que actualmente es dueña de un restaurante en la remozada costanera que da trabajo a 21 personas.

“Dichato tiene un 100% de reconstrucción”, dijo Iván Carter, director de planificación y diseño urbano de la Universidad de Biobío, para quien la asociación con las comunidades locales fue clave en el éxito del proyecto.

Un laboratorio sísmico.

Diez años después, Chile logró también consolidar su ingeniería antisísmica, con estrictas normas de construcción y el desarrollo de mecanismos de disipación y amortiguación sísmica que exporta a varios países.

“Dicho en términos simples, el problema sísmico está resuelto técnicamente”, señaló Juan Carlos de la Llera, ingeniero de la Universidad Católica de Chile y quien patentó algunas de estas nuevas tecnologías diseñadas para minimizar los daños.

“Hoy en día tú puedes construir un edificio en Chile que no tenga daño alguno en un terremoto como el del año 60” en el sur del país, que con una magnitud de 9,6 fue el más potente registrado, agregó de La Llera.

Chile, a 10 años de la tragedia. Foto: AFP
Foto: AFP

El hecho de sufrir frecuentes terremotos le ha dado ventaja a Chile en esta materia.

“No se nos olvida la importancia de los sismos a diferencia de otros lugares”, opinó por su parte Ian Watt, gerente de la empresa de ingeniería VMB y socio de la Cámara Chilena de la Construcción (CCHC), en cuyo edificio corporativo se instaló un amortiguador de masa sintonizada (AMS), un gigantesco péndulo antisísmico que sirve como contrapeso al movimiento del edificio en caso de que ocurra un sismo, permitiendo un descenso de la oscilación de un 20% a un 35%.

“La normativa sísmica chilena es muy exigente, lo que permitió que en el terremoto de 2010, no colapsara un número importante de viviendas, sino que resistieran”, afirmó el ministro de Vivienda y Urbanismo, Cristian Monckeberg.

Bajo esos fundamentos fue levantado en Santiago el edificio más alto de América Latina: la Gran Torre Santiago, parte del complejo Costanera Center, que con 300 metros de altura es uno de los principales símbolos de la capital chilena.

Justicia.

A las 3.34 hora local (06.34 GMT) de aquel 27 de febrero, Mónica Molina tenía claro que iba a morir: su edificio en Concepción empezó a tambalearse tan fuerte que acabó derrumbándose y partiéndose en dos.

Cuando logró salir, vio que su inmueble, el Alto Río, era el único que había sufrido un cataclismo de esa magnitud, en el que murieron ocho personas.
Aunque las víctimas ganaron el juicio a la empresa constructora e inmobiliaria por su responsabilidad en el colapso, todavía no han cobrado parte de la indemnización porque los terrenos que los condenados les cedieron como compensación tenían muchas deudas pendientes.

“Con lo que pasó, nos dimos cuenta de que estábamos en condiciones muy precarias como país para enfrentar desastres como ese”, recordó Mónica Molina, que hoy preside la Fundación Alto Río, con la que quiere promover una cultura de gestión de desastres.

“No debiera ser necesario sufrir tanto para avanzar, pero parece ser que la humanidad aprende con los golpes. El sufrimiento siempre es una oportunidad para crecer y así lo hemos tomado los sobrevivientes”, sentenció.

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