ENTREVISTA

Gabriel Rolón sobre las pérdidas: "La pandemia es un tiempo de duelos"

El psicoanalista desanda el camino de la muerte y de la pérdida de todo aquello que nos sostiene anclados a la vida; nadie escapa de una de las pruebas más duras que nos cambia para siempre

Gabriel Rolón charló con El País sobre su nueva novela, un ensayo sobre la historia de la pasión. Foto: Fernando Ponzetto
Gabriel Rolón charló con El País sobre su nuevo libro, un ensayo sobre el duelo. Foto: Fernando Ponzetto

Ensombrecido. Esa es la palabra que el psicólogo Gabriel Rolón eligió para llamar a quien fue golpeado por una pérdida: una muerte, una pareja, un empleo. En su nuevo libro El Duelo (Cuando el dolor se hace carne) analiza lo que sentimos cuando todo se desmorona. En diálogo con El País, habla de cómo enfrentarlo, superarlo y recuperar la vida.

—¿Qué pasaría si no existiera la conciencia de la muerte?
—Aunque parezca extraño, si no fuera conscientes de su finitud, la especie humana no hubiera hecho casi nada. Es cierto, no existiría esta angustia existencial que nos recorre, eso que don Miguel de Unamuno llamó “el sentimiento trágico de la vida”, pero tampoco existirían el arte, la ciencia o el amor. Es la única posibilidad que no podremos evitar y hay que aceptarlo para saber que no tenemos todo el tiempo del mundo para jugarnos por nuestros sueños, para decir te amo, escribir libros, estudiar o pedir perdón. La consciencia de la muerte es nuestra mayor fuente de angustia y el motor de nuestros sueños.

—¿Qué necesita una persona para dejar de ser “ensombrecido”?
—Llamé “ensombrecido” a la persona que ha sufrido una pérdida y es arrojada al proceso de duelo. El dolor aparece ante la pérdida de algo o alguien que amamos. Se trata de desgarro, de una separación brutal que nos hiere y ensombrece nuestra vida. Para dejar de serlo hay que eludir dos grandes peligros: la melancolía y la depresión. Quien lo logra puede realizar el trabajo, duro, arduo, que requiere el duelo y volver de ese infierno personal que atraviesa quien se ha visto despojado de un objeto de amor.

—¿Cuánto tiempo deberíamos sufrir?
—Todas las personas son diferentes y cada duelo es distinto. Sin embargo, a riesgo de ser impreciso, creo que un año es un tiempo prudencial. ¿Por qué? Porque es toda la vuelta del reloj. La primera Navidad sin el ser amado, el primer fin de año, el aniversario de su partida, etc. Todas situaciones nuevas y dolorosas. Si luego de todo un año el ensombrecido se encuentra en el mismo sitio está en peligro y debe pedir ayuda. No estoy diciendo que deba haber eliminado el dolor. De ningún modo. El duelo no es el olvido. Al contrario, es el proceso que nos permite convivir con un recuerdo que a veces duele, pero ya no tortura.

La pérdida: territorio oscuro.

Gabriel Rolón define al duelo como “un territorio oscuro, misterioso, casi inaccesible. Una conmoción que nos sorprende, nos toma desprevenidos y cambia nuestro entorno en un instante. No importa lo preparado que creamos estar para enfrentar una pérdida, jamás será suficiente. Cuando ocurre, todo se desmorona y por un tiempo nada tiene sentido. Algo se quiebra en nosotros, el mundo se derrumba y nos muestra su aspecto más cruel”.

—¿Nos apresuramos en superar los duelos?
—El duelo lleva su tiempo. Apresurarse es no superarlo como corresponde. A veces utilizamos mecanismos como el de “negación” o apelamos a reemplazos maníacos de lo perdido para tapar el vacío que nos ha quedado. Pero un duelo mal resuelto deja a la persona debilitada ante la vida. Sus decisiones serán dudosas y tendrán el peligro de proyectar en cada nueva elección emociones, anhelos o rencores que vienen de antes.

—¿Por qué es un trabajo?
—Porque requiere esfuerzo, paciencia, aceptación, tolerancia al dolor. Nadie atraviesa un duelo sin pagar un costo alto. El duelo nos pone a prueba y nos obliga a poner en juego toda nuestra fuerza para recuperar el deseo. Las pérdidas nos derrumban y el duelo es el trabajo de volver a ponerse de pie después de algo tan doloroso como la muerte de un ser querido o la pérdida de un amor.

Gabriel Rolón. Foto: Difusión.
Gabriel Rolón. Foto: Difusión.

—¿Cómo explicarles a los niños el proceso?
—Dependerá de la edad. No es lo mismo hablar con un chico de 4 años que con uno de 9. Cada persona debe enfrentar el destino que le toca. A veces debemos atravesar alguna pérdida fuerte siendo chicos. Es injusto, pero es así. A partir de ese momento, no importa qué edad se tenga, se ingresa a la adultez. Son situaciones difíciles pero a los niños hay que hablarles sin crueldad pero con la verdad. Por supuesto en un lenguaje que puedan comprender y sin agregar detalles innecesarios. Explicar hasta donde ellos necesitan para enfrentar la situación y no más. Y, por supuesto, tener la grandeza de no contaminarlos con nuestras emociones ni trasladarles nuestros enojos, sensaciones de rabia o deseos de venganza.

—¿Cuáles son los errores más comunes al intentar ayudar a una persona en duelo?
—Decirle que ya va a pasar o subestimar el valor de lo que ha perdido. Frases tales como “ya vas a encontrar un hombre mejor” o “el mundo está lleno de mujeres”solo sirven para enojar a la persona. Lo importante es estar emocionalmente cerca y abstenerse de emitir juicios o buscar consuelos inútiles que lo único que hacen es que la persona se aferre todavía más a eso que perdió.

—¿Cómo se puede ayudar a un paciente terminal a enfrentar la muerte? ¿Qué tan importante es una despedida? ¿O un ritual?
—Quien tiene un diagnóstico terminal tiene derecho a saberlo y decidir cómo quiere vivir hasta el último de los segundos. Tal vez quiera despedirse, hacer una reunión o encontrarse con sus seres queridos. A lo mejor prefiere una soledad reflexiva. Hay que aceptar sus decisiones porque, en definitiva, se trata de uno de los hechos más importantes de su existencia. Nadie puede morir por él. Nadie puede morir con él. La muerte es un acto que se enfrenta en soledad. En cuanto a los rituales, ya no tienen que ver con los murientes sino con los que quedan. Y son fundamentales para el proceso de duelo.

—¿Cómo ha impactado la pandemia?
—La pandemia es un tiempo de duelos. Todos hemos perdido algo, grande o pequeño. Por supuesto, la peor de esas pérdidas es la muerte de alguien querido. Y en ese caso nos ha quitado los rituales. Estos nos permiten comenzar a simbolizar la pérdida. Los abrazos, la compañía, el hecho de velar según las costumbres religiosas o familiares, todo esos actos resultan fundamentales. Estoy convencido que en no mucho tiempo los analistas nos veremos obligados a trabajar con muchos duelos que, a falta de ritos, se volverán traumáticos. Y deberemos encontrar la forma de ayudar a quienes los estén sufriendo.

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