ARTE CALLEJERO

Gabez: la voz y el movimiento de la mujer en los muros de la ciudad

Baile, gozo, pensamiento: los cuerpos que pega Gabriela Sánchez, de 31 años, por Montevideo transmiten libertad

gabriela sánchez arte urbano
En 2011 viajó a São Paulo por un intercambio. La ciudad la atrapó y decidió mudarse para allá dos años después. Foto: M. Bonjour

Descalza. Un moño en la cabeza y un vestido blanco hasta los pies. La mujer, en realidad, tiene una pose estática. Pero, si se está atento y se la encuentra en diferentes fondos de la ciudad, ella baila. No es rígida. No se la con frustración en el rostro. No parece dependiente. “Poner el cuerpo es un ejercicio de resistencia. Ocupar y representarnos en movimiento (bailando, pensando, gozando), abriendo espacios históricamente dominados por hombres es una forma de lucha política”, dijo Gabriela Sánchez, o Gabez, de 31 años. En su cuenta de Instagram (@emegabez, con más de seis mil seguidores) hay animaciones que recogen todas las pegatinas de esa mujer y de otras (y otros) y las hace, efectivamente, bailar.

Estudió comunicación en la Universidad de la República. En 2011 viajó a São Paulo por un intercambio. La ciudad la atrapó y decidió mudarse para allá dos años después. “Mi experiencia con el diseño, la ilustración y la pegatina surge en Brasil y es inicialmente colectiva y autodidacta”, comentó la artista a El País, una voz femenina con lugar propio en el ámbito artístico urbano en Montevideo.

Recién regresó a su ciudad el año pasado, por lo que sus mujeres que bailan, corren con el pelo incendiado, sostienen la Luna o saltan sobre el fuego, a menudo desnudas o con ropa interior, con cabezas cubiertas o descubiertas, con sus cuerpos esbeltos o rollizos, son relativamente nuevas en el escenario urbano.

gabriela sánchez arte urbano
La visibilización del cuerpo femenino es una constante en su obra. @emegabez

Pero hay mucho más de Gabriela por el mundo. En Rio de Janeiro pegó a un futbolista con el nombre de Democracia a la espalda, una clavadista vestida con una malla negra en Barcelona o un arquero que apunta hacia el cielo en Lisboa.

“Busco construir situaciones que evidencien esas estructuras normativas de los espacios donde el poder es negociado y reproducido cultural y simbólicamente, orientando las intervenciones hacia los espacios y cuerpos invisibilizados y silenciados de la vida cotidiana en el espacio público”, reflexionó sobre sus motivaciones en diálogo con El País.

Una de las características de las pegatinas es la de tener una vida relativamente corta en el espacio, debido a la fragilidad de los materiales usados. Esta condición, para Gabriela, “posibilita diversas apropiaciones”. A veces, por supuesto, la gente las ignora; pero otros pasan, las ven, sacan una foto, reaccionan. Algunos ven arte; otros, vandalismo.

“Me gusta verlas como operadoras sociales al presentarse abiertas para diálogos, ya sea para nuevas intervenciones o simplemente para quitarlas de las paredes que no solo hablan, sino que conversan, discuten y disputan”, señaló.

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Otra pieza de Gabriela Sánchez

Gabriela ve más que arte. En su opinión, pegatinas, stickers, murales, como ejemplos de arte callejero, son prácticas que adquieren forma en la esfera pública y, así, “disputan sentidos y colaboran a la reflexión sobre la reconfiguración de los espacios y relaciones tanto material como simbólicamente”.

Una pegatina de un militar con una banda de la planta de UPM en el brazo, o una de Tabaré Vázquez (entonces presidente de la República) sacando del mar un pez caricaturesco de tres ojos, mientras duren lo que duren sobre una pared, son una forma para decir algo.

“Esta es una de las formas que encuentro para entender y dialogar con lo que me toca vivir. Entender es, en primera instancia, interpretar signos y visualizar conexiones; y son las condiciones históricas y sociales que hacen posible determinada visión del mundo. Ese espacio es un lugar bastante hostil para la mayoría de las personas. Vivimos en un mundo donde prevalecen lógicas asimétricas, que tiende al totalitarismo de los relatos únicos, el fascismo, el hipercontrol y modos de vida hiperindividualistas y fragmentados que, además de quitar la fuerza de trabajo, reducen al máximo la capacidad de las personas para existir individual y sobre todo colectivamente”. Tal vez por eso muchas de sus mujeres forman grupos de tres, cuatro o cinco.

Gabriela no elige una pieza al pedirle que diga cuál es la que considera más representativa de su trabajo, puesto que considera que cada uno forma parte de un entretejido. “Su presencia en el espacio es mayor que su individualidad”, aclaró.

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Una pegatina de Gabez en Montevideo. Foto: emegabez

La mujer de seis brazos para “miles de abrazos” en alguna pared de Montevideo, el joven con un jaguar sobre el hombre que fue pegado en un muro en Medellín, una mujer de vestido celeste sobre el planeta Tierra y un buzo dentro de un corazón humano forman parte de un todo. “Movimiento genera movimiento, abre caminos y democratiza el acceso al arte”, apuntó.
Y añadió: “En definitiva, una estética es también una ideología. No solo qué decir sino cómo se elige decir es una decisión política”.

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