ARTE URBANO

Casa de Balneario: vivir para trabajar y otras risas irónicas en los muros de la ciudad

El colectivo Casa de Balneario dibuja sobre los esfuerzos que se hacen para conquistar esos sueños que quedan truncos para la mayoría

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Germán Di Pierro no tiene formación profesional en ilustración, pero sus dibujos se ven por toda la ciudad. Foto: F. Flores

Montevideo es todavía “una ciudad bastante virgen” para Germán Di Pierro. El muralismo ha ganado muchos espacios pero otras intervenciones, como las pegatinas, todavía tienen que pelear por destacarse entre lo que verdaderamente enchastra las paredes como los grafitis sin sentido. Solo hay tres proyectos con continuidad: los dibujos del colectivo Casa de Balneario –Di Pierro es su dibujante–, los de Nudehead y las tumbas de Untonga.

“Es un desafío pegar porque el público no está acostumbrado. Te dirigís a un público que lo toma como vandalismo o un acto delictivo y no como la propuesta artística que es. Te ponen al mismo nivel de un ‘Peñarol puto’ escrito en una pared”, comentó el artista.

Germán Di Pierro no tiene formación profesional en ilustración, pero sus dibujos se ven por toda la ciudad. Recién a los 20 años empezó a dibujar con solo una idea: “Reírme de mí mismo”. Se reía del esfuerzo, propio o ajeno, para mantener dos trabajos, pagar un alquiler y dejar de lado gustos o aficiones porque no se lo permitía el presupuesto. ¿A quién no le pasa lo mismo?

Años después, en 2017, junto a dos amigos, formó Casa de Balneario para que las risas se compartieran entre tres: él, Martín y Luther. Casa de Balneario no es su seudónimo, sino el nombre del colectivo, si bien es Di Pierro quien maneja los trazos sobre el papel.

“Empezamos a hacer chistes con lo que nos pasaba; todo de manera muy improvisada. A veces copiábamos cosas que nos gustaban; lo que nos daba la gana. Empezamos con stickers que pegábamos en las columnas o en las paradas de ómnibus. Ahí apareció el primer tema que se hizo permanente: el trabajo”, relató el artista.

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Casa de Balneario publica varias pegatinas que, juntas, forman una historia. Foto: @CasadeBalneario

Las vicisitudes de tener “dos trabajos” es una línea que Casa de Balneario explota hasta el presente, al igual que el consumismo y el alquiler o el sueño de la casa propia. Algunas de las piezas que se ven por las calles son, aunque exageradas, algo sumamente cotidiano: un dibujo de una pareja que dice “A Pedro y Lucía les gusta bailar… entre un trabajo y otro”; un rostro acompañado por un “¡Felicítenme!, tengo dos trabajos” o una batería sin músico sobre la que se lee: “Tocaría mejor la batería si no tuviera dos trabajos”.

Di Pierro explicó así las motivaciones del colectivo: “Las frases que estamos exponiendo valen la pena ser leídas. El humor, la ironía y la hipérbole están muy presentes; a veces en la imagen y a veces en la frase”. Y así, como comenzaron a reírse de sí mismos y de su cotidianidad, siguieron adelante para reírse de la realidad de una comunidad mayor con la intención de quitarle, aunque sea un poco, la carga estresante. “Son formas de humor para desdramatizar”, afirmó.

Los autos, los celulares y los inmuebles son los motivos que más se repiten en las hojas A4 en blanco y negro que Germán dibuja y que deja pegadas por la ciudad junto a Martín y Luther. Muy pocas tienen color. Si lo tienen, estos son fuertes, flúo, y combinan dos técnicas: la pegatina y el esténcil. Aunque, si es por elegir, Di Pierro prefiere “la estética de la fotocopia”, la impresión común en la que “el negro no queda tan negro”.

Aquellos objetos funcionan como “símbolos o elementos característicos del mundo del consumo”; así que son retratados con leyendas como “¿es un sueño?, ¿o soy el dueño?”, o “¿dueño se nace o se hace?”, o un directo “te merecés lo mejor, ¡pagalo!” Una de las pegatinas más conocidas de Casa de Balneario es una de las primeras: “Soy más feliz con lentes caros”. Es la que figura como foto de perfil en Instagram (@casadebalneario), el que tiene casi ocho mil seguidores. Para Di Pierro, resume el pensamiento del colectivo, al igual que el otro dibujo que dice “Aprovechá el día, trabajá”.

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“Soy más feliz con lentes caros” fue una de las primeras pegatinas de Casa de Balneario en 2017. Foto: @CasadeBalneario

Lo que está detrás de cada dibujo –de individuos que duermen poco porque trabajan muchas horas o de otros que lavan el uniforme en su día libre o incluso se lo piden para hacer esta tarea o aquellos que usan prismáticos para encontrar algún alquiler barato– se resume para Di Pierro en la búsqueda de la felicidad. “Es un absurdo tener dos trabajos para tener más cosas y consumir más. En el fondo, Casa de Balneario habla de qué nos impide ser felices; habla de en qué medida el multiempleo, el precio de los alquileres y el consumismo nos aleja de la felicidad”, comentó el dibujante.

Casa de Balneario, además de las pegatinas, también produce GIFs (para una comunicación digital por fuera de la intervención urbana) y fanzines con sus diseños. Estos últimos son vendidos en algunas librerías y ferias. Hay tres tipos: relatos gráficos (al estilo de un cómic) que Di Pierro considera “parábolas sobre el trabajo y el consumismo”; relatos ilustrados y recopilaciones temáticas de dibujos.

Con todo, Di Pierro y Casa de Balneario han sabido sacarle sonrisas a los problemas, reales y algunos autoimpuestos, en los últimos años. La ironía y el ridículo son dos armas al mismo nivel que la tinta negra y el pegamento. Y dejan pensando con uno de sus afiches: “¿Sos feliz o te hacés?”

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La ironía y la hipérbole son dos recursos que se destacan en las pegatinas. Foto: @CasadeBalneario

También es una editorial autónoma.

Casa de Balneario no es el seudónimo de un artista urbano, sino que es el nombre de un grupo formado por tres personas y otros colaboradores. El dibujante es Germán Di Pierro, quien empezó a garabatear a los 20 años con la intención de reírse de sí mismo y de sus preocupaciones, y que hoy no es ilustrador profesional.

Casa de Balneario es uno de los tres proyectos de pegatinas más reconocibles en Montevideo por su trayectoria y su presencia. Los otros dos proyectos son Untonga, a cargo de Gastón Rosa; y Nudehead, a cargo de un artista nacido en Indonesia y radicado en la capital, cuyas creaciones ya hemos compartido en este ciclo llamado Callejeros sobre las motivaciones de las intervenciones urbanas. “Somos lo que pegamos en la calle dibujos y tenemos como una linealidad o una propuesta estética o conceptual más definida”, comentó Di Pierro.

Y añadió: “He viajado a otros países y no pasa lo mismo. Las propuestas son infinitas y las paredes están recontra empapeladas”, comparó a Montevideo con el exterior. Pero no lo dijo con pena, al contrario, le gusta que Montevideo siga siendo “virgen” y todavía queden muchos espacios libres para plasmar ideas. Y, por lo tanto, el público tampoco tiene el hábito de “ver lo que hay pegado” o incluso que le digan que está comiendo “un acto vandálico” si lo ven pegando un dibujo.

Casa de Balneario es más que tres personas que dejan sus pegatinas. También es una editorial. Forma parte de Sancocho Colectivo Editorial para la publicación y distribución de los fanzines con recopilaciones de sus dibujos o con otros relatos gráficos. Estos son vendidos en algunas librerías y en ferias de editoriales independientes, de artes gráficas y de libros. “Ahí vendemos pósters, fanzines, stickers y se da un intercambio muy bueno con el público”, dijo Di Pierro a El País.

Casa de Balneario tiene redes sociales: @casadebalneario en Instagram (con casi ocho mil seguidores) y Casa De Balneario en Facebook (con una comunidad de más de cuatro mil).

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