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Solidaridad

Fundación Sophia trabaja con 6.500 alumnos promoviendo el arte y la innovación como motor de oportunidades

El jueves 3 de agosto, la función del ballet del Sodre será a beneficio de esta fundación, que abarca 6.500 alumnos de 35 centros educativos católicos de todo Uruguay.

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Un grupo de niños jugando en el Federico Ozanam, uno de los 35 colegios que impulsa la Fundación Sophia.
Un grupo de niños jugando en el Federico Ozanam, uno de los 35 colegios que impulsa la Fundación Sophia.
Foto: Leonardo Mainé.

El germen de la Fundación Sophia se remonta a una preocupación que tenía en vilo al cardenal Daniel Sturla apenas asumió como arzobispo, en febrero de 2014. Lo que nunca imaginó fue que esa idea que nació a partir de su deseo de frenar el cierre de instituciones educativas católicas podía llegar a convertirse, casi una década después, en un proyecto nacional a gran escala. El proyecto se llama Fundación Sophia y pasó de atender a cinco colegios en su primer año de vida a trabajar en la actualidad con 35 centros educativos católicos de todo el país -16 en Montevideo y 19 en el interior-, formando a 6.500 alumnos.

“En 2015 éramos cuatro colegios, en 2016 ocho, y en 2017 dimos el salto a 17; después fuimos aumentando de a cuatro por año y hoy estamos en 35”, repasa a El País Federico Reyes, director ejecutivo de la Fundación Sophia.

La novedad para 2024 es que la red no crecerá, pero en este caso, que no haya ingresos, es para aplaudir: “Si no hay colegios que se postulen es porque hemos llegado a solucionar los problemas más importantes de las instituciones que estaban más débiles. Por otro lado, es una oportunidad para sostener y fortalecer la red que ya tenemos”, se explaya Reyes.

En los últimos años se agregaron clubes de niños en seis colegios a partir de convenios firmados con INAU. La meta es llegar a nueve en 2023.

Otra buena nueva es que el jueves 3 de agosto la función de Dos Hemisferios, del Ballet Nacional del Sodre el Auditorio Adela Reta será a beneficio de la Fundación Sophia. Los precios de las entradas oscilan entre $100 y $ 1.300 y lo recaudado será destinado al Elenco Sophia, una propuesta artística que agrupa a 100 niños, niñas y adolescentes de colegios de la fundación.

Ser parte

El comedor del colegio Federico Ozanam, en Villa Española, fue reformado recientemente.
El comedor del colegio Federico Ozanam, en Villa Española, fue reformado recientemente.
Foto: Leonardo Mainé.

La cuota mensual que abonan los padres no siempre alcanza para sostener la propuesta educativa de calidad que ofrecen los centros de enseñanza, sobre todo en el contexto local actual, donde se pierde matrícula por la baja natalidad. Es ahí donde entra en juego la relevancia de la Fundación Sophia.

Los colegios que son parte, asegura Reyes, ganan al conformar una red con una estructura central que brinda soporte educativo, pastoral, y de gestión para mayor eficiencia en el uso de recursos. También reciben oportunidades, métodos pedagógicos de vanguardia y formación de educadores.

La fundación no tiene fondos propios, sino que depende del apoyo de personas, instituciones, empresas, organizaciones nacionales y extranjeras.

Hay un grupo de colaboradores que acompaña desde el inicio con donaciones fijas por mes, y otra serie de alternativas con el fin de recaudar. Entre ellas, una rifa anual con importantes premios, y el programa Construí Oportunidades, donde una persona física o jurídica apadrina a un niño o niña durante todo el ciclo educativo.

“Hay empresas o donantes particulares que muchas veces no quieren ni que figure su nombre y acompañan desde el inicio”, apunta Rossana Supparo, directora de Fundrainsing.

Desde la fundación consideran que es esencial que los niños vean que sus padres se involucran de forma activa con la realidad de los colegios. Por esta razón, y de la mano del eslogan “somos parte” fue que en 2022 inauguraron las Convocatorias de Proyectos.

La propuesta consiste en que los padres presenten a la oficina central proyectos de mejora que respondan a una necesidad de la institución, y se comprometan a hacer un aporte económico para ayudar a llevarlos a cabo.

En ese afán, han organizado ferias americanas, rifas, colectas y kermeses. “Cuando las familias forman parte se siente ese compromiso: no es solo el colegio me lo resolvió o alguien de afuera me lo va a dar”, opina Supparo.

En la primera edición se presentaron 26 propuestas y este año 80. “En 2022 desarrollamos proyectos por US$ 300.000 y las comisiones de padres, con los directores de esos colegios, aportaron US$ 92.000”, informa Reyes.

Han hecho baños, canchas de fútbol, techos y comedores. “En el colegio Santa Bernardita, del barrio Borro, presentaron tres proyectos, uno es un baño para educación inicial: les va a salir US$ 9.000 y ya tienen la plata juntada”, cuenta el director ejecutivo.

Crear

Federico Reyes, director ejecutivo de la Fundación Sophia.
Federico Reyes, director ejecutivo de la Fundación Sophia.
Foto: Leonardo Mainé.

El objetivo de la gala en el Sodre es sustentar el Elenco Sophia, y el plan es lograr que se instale como un evento anual que permita recaudar fondos para el área artística.

El elenco tiene 100 integrantes (de 8 a 15 años) de todos los colegios de la fundación. Ensayan los sábados en la sede de la Fundación Sophia, ubicada en el barrio Cerrito de la Victoria, y tienen dos fechas fijadas para exhibir el musical Intensamente: el 17 de noviembre se presentan en la Nelly Goitiño y el 25 del mismo mes en el Movie.

La idea del elenco surgió en pandemia y es una apuesta para que los alumnos desarrollen su talento creativo. Es clave, además, para jerarquizar el área artística dentro de la propuesta educativa en los centros de estudio.

“Empezamos priorizando matemáticas, lengua e inglés y esa mejora se viene consolidando. Posteriormente hemos ido incorporando innovaciones en otras áreas como tecnología, deporte, y ahora tratamos de fortalecer la propuesta artística”, dice Reyes.

Desafíos

La formación docente es esencial para ir tras la educación innovadora y de calidad a la que apuntan. Han capacitado educadores en el Método Singapur para el aprendizaje de matemáticas, y en el Método Sophia, desarrollado por la Universidad Católicaespecialmente para la fundación y sistematiza procesos de lectoescritura,

“El centro Sophia forma más docentes de afuera que de adentro de la red, que luego dan clases en otras instituciones educativas, la gran mayoría públicas”, indica Reyes.

Otra idea original implementada este año en colegios de la fundación fue Nada se destruye, todo se transforma. Este programa de economía circular recibe el apoyo de una institución suiza y dos alemanas, y tiene tres patas: huertas orgánicas y compostaje; reciclaje y clasificación de residuos; y bioenergía a través de biodigestores instalados en la sede de la fundación.

“Es muy interesante ver que los chiquilines van mejorando en la clasificación de residuos, y eso luego lo transmiten a sus familias”, dice Reyes. Y cierra: “La fundación es un banco de prueba para un montón de experiencias educativas que nos pueden ayudar a resolver problemas y necesidades que tenemos entre manos y que se nos vienen en el futuro”.

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