VETERINARIA

Estudio uruguayo muestra que los gatos son fumadores pasivos y centinelas de enfermedades

Al tener una exposición prolongada al humo del tabaco, tienen problemas de salud antes que los dueños; ¿cuáles son los efectos?

El gato se "adueña" de sus territorios en la casa donde vive.
El gato se "adueña" de sus territorios en la casa donde vive.

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Se define al fumador pasivo como aquella persona que ingiere de manera indirecta las sustancias tóxicas y cancerígenas provenientes de la combustión del tabaco. En este sentido, se alerta principalmente sobre los niños. ¿Pero qué sucede con los otros habitantes del hogar? Aquellos de cuatro patas, cola y pelaje, en particular, los gatos. ¿Pueden ser considerados también fumadores pasivos? ¿Cómo afecta su salud? ¿Pueden, acaso, advertir sobre patologías antes de que las sufran los humanos de la casa?

Esas respuestas pautaron la investigación de las veterinarias María Noel Fernández y Erika Elerd con la tutoría de Silvia Llambí, profesora titular del Departamento de Genética y Mejora Animal, y Rody Artigas, docente asistente de Genética General de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República. El estudio Efectos del ambiente contaminado con humo de tabaco sobre la estabilidad citogenética en felinos es uno de los primeros en el mundo que considera el efecto genotóxico (la genotoxicidad es la capacidad relativa de un agente de ocasionar daño en el material genético) del humo de tabaco en las mascotas y que adapta el llamado test de micronúcleos ˗ampliamente utilizado en humanos˗ por primera vez a la especie Felis catus (los gatos).

Adelantamos dos conclusiones: la primera es que los gatos analizados que vivían en una casa con fumadores demostraron tener alteraciones a nivel celular y que, por tal motivo, la segunda es que “pueden funcionar como verdaderos animales centinelas”. Artigas lo explicó: “A lo mismo que está expuesto tu mascota en tu hogar estás expuesto tú como propietario. Y puede haber muchas analogías. Los animales manifiestan problemas de salud mucho más temprano que los humanos por su ritmo de vida más corto”.

Seductor y rodeado de misterios, el gato crea adeptos a su alrededor.
Los gatos son un animales doméstico de interior.

Las pruebas.

Primero se separaron los gatos en dos grupos: aquellos que provenían de un ambiente con humo de tabaco y aquellos que no estaban expuestos a esta clase de contaminación. Todos eran gatos de Montevideo que no salían al exterior y que no tomaban ninguna medicación al momento de la prueba. A todos se les practicó el test que consistió en la toma de una muestra de la mucosa oral. “Se buscaban alteraciones en los procesos de división de las células y en el núcleo para evaluar el daño que podía tener el ADN”, señaló Artigas a El País.

Está comprobado que el humo de tabaco ocasiona un gran efecto genotóxico sobre las células que las predisponen a transformarse en cancerígenas. Los compuestos tóxicos del humo producen roturas en las cadenas de ADN, inhibición de síntesis de ADN y bloqueo de los mecanismos por reparación del daño. Más de 4.000 compuestos han sido identificados; algunos son el benceno, el cadmio, el arsénico, el níquel y el cromo, entre otras sustancias.

Al examinar las muestras se encontró que los gatos que vivían en ambientes cerrados con fumadores “tenían un número estadísticamente significativo de alteraciones celulares”. Así lo resumió: “Demostramos que estos animales se comportan como fumadores pasivos”.

En total se analizaron 5.006 células pertenecientes a gatos expuestos a ambientes contaminados con humo de tabaco y 2.162 células pertenecientes a gatos no expuestos al mismo. Del punto de vista técnico, la mayoría de las células mostraban señales de “pignosis y cariolisis”, es decir, los dos estadíos finales de la muerte celular.

Artigas explicó que la pignosis implica un núcleo súper condensado y teñido de un color fuerte. Por la cariolisis ese material se pierde. “Queda un fantasma de núcleo”, contó. Este proceso se puede dar de forma natural pero también puede ser consecuencia de algún factor ambiental. “En el caso de los gatos de ambientes contaminados se observaba una gran cantidad de células en estadíos finales de muerte. Por algún motivo tenían una muerte celular acelerada a nivel de la mucosa de la boca, lo que es un indicador de genotoxicidad; es decir, de daño en el ADN”, agregó.

También se encontraron otras señales: presencia de micronúcleos ˗células con un núcleo principal y otro más pequeño˗ o de puentes nucleares –el núcleo principal y el secundario están conectados por un “hilito” de material nuclear–. Esto también es una indicación de daño celular.

“Los efectos son múltiples y no solo abarcan el cáncer. Hay patologías más simples como una conjuntivitis o cuadros respiratorios complejos como el asma felino que es muy frecuente en gatos que viven en ambientes con aire de baja calidad y donde el humo de tabaco es uno de los químicos más importantes. Pero obviamente también está asociado a patologías oncológicas como cáncer de nariz y de pulmón”, apuntó Artigas. Y añadió: “No todos los cánceres que desarrollan los animales se pueden traducir al hombre, pero si en una región geográfica tenés una frecuencia determinada de aparición de tumores en las mascotas es posible pensar en un genotóxico ambiental”.

Si bien se sabe que los diferentes productos químicos utilizados en el control de pulgas pueden dar lugar a efectos citotóxicos, genotóxicos y mutagénicos, los gatos que participaron de este estudio de la Facultad de Veterinaria no habían sido dosificados con productos para ese fin en los últimos 30 días.

Más estudios a futuro.

La investigación Efectos del ambiente contaminado con humo de tabaco sobre la estabilidad citogenética en felinos es una de las primeras en el mundo que considera este cancerígeno y sus consecuencias en las mascotas y encuentran la relación a través del llamado test de micronúcleos en células de la mucosa oral.

La evidencia que había era algún trabajo que indicaba que los gatos expuestos durante más de cinco años a humo de tabaco tenían mayor probabilidad de desarrollar cáncer o que los perros que habitan ambientes cerrados contaminados con humo de tabaco muestran con mayor frecuencia patologías respiratorias y cardiovasculares. Otros estudios evalúan la presencia del metabolito de la nicotina llamado cotinina en pelo y orina de animales domésticos, en particular, en la sangre de canarios.
“Es indudable que todas las mascotas funcionan como fumadores pasivos pero hay que demostrarlo científicamente y es lo que estamos haciendo desde el laboratorio. Continuaremos con otros estudios cromosómicos”, comentó Artigas.

Animales de interior y con hábitos de higiene.

Esta investigación se realizó con gatos y no con perros por varias razones: porque son mascotas frecuentes en los hogares urbanos y porque no salen (o, según el veterinario Rody Artigas, no deberían salir) al exterior y, por lo tanto, están más expuestos al humo de tabaco. En un ambiente contaminado, las partículas tóxicas quedan en el aire y se depositan en su plato de comida y de bebida. “Las partículas que quedan flotando en el aire provienen del humo de la combustión pero también del humo que es exhalado por el propietario”, señaló. Y agregó: “Son muy pequeñitas y alcanzan las vías aéreas con gran facilidad. Eso es preocupante”.

Por otra parte, los gatos son animales muy limpios. Pasan muchas horas del día acicalándose con su lengua. Esto hace que ingieran las partículas del humo de tabaco que quedaron depositadas en su pelaje. “Por lo tanto, estos fumadores pasivos tienen una exposición inhalatoria y una exposición oral a los diferentes compuestos genotóxicos”, completó el experto en genética animal.

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