La Odisea de Homero es una búsqueda: sigue el viaje de 10 años del rey Odiseo (Ulises) de regreso a su hogar, en Ítaca, tras la guerra de Troya. Es un relato con claras dimensiones geográficas, espaciales y temporales. No sorprende que durante siglos la gente se haya sentido intrigada por los lugares mencionados en la Odisea, preguntándose cuántos de ellos existieron realmente.
Algunos historiadores y especialistas en estudios clásicos sostienen que la Odisea es solo poesía. Como obra de arte y de pura mitología, afirman, no tiene sentido intentar localizar esos lugares en un mapa. El polímata griego Eratóstenes, el primero en medir la circunferencia de la Tierra, rechazaba la idea de que la Odisea tuviera relación con la geografía. Decía: “Encontrarás el escenario de las andanzas de Odiseo cuando encuentres al zapatero que cosió la bolsa de los vientos”.
Cartografiando el mito
El historiador griego Polibio, que vivió unos 600 años después de Homero, creía que la Odisea era una historia real con algunos elementos míticos, y no al revés. Sostenía, por ejemplo, que ciertas prácticas pesqueras cerca de Escila eran similares a las que se realizaban en Sicilia, por lo que Escila debía encontrarse frente a esas costas.
Casi siete siglos después de Homero, el filósofo y geógrafo griego Estrabón escribió su Geographica, una obra de 17 volúmenes que constituye un atlas y una enciclopedia de la vida griega durante el reinado del emperador Augusto. Allí también relata la existencia de islas habitadas por hombres y mujeres en el océano Índico, de forma similar a como Homero las describe en la Odisea.
Las leyendas y mitos de la época hablaban de mujeres que seducían a los hombres y los conducían al peligro. Entre ellas estaba Circe, a quien Homero describe como “una temible diosa de hermosos cabellos”. Vive sola en la isla de Eea, y atrae a Odiseo y a sus hombres para convertirlos en cerdos. Homero también narra la historia de Calipso, quien mantiene a Odiseo en una especie de “cautiverio sexual” en la isla de Ogigia durante siete años. Según otras traducciones, en cambio, Odiseo permaneció allí voluntariamente hasta decidir que había llegado el momento de partir.
En los mapas y globos del mundo antiguo, los mitos y la realidad se superponen. El matemático y astrónomo romano Claudio Ptolomeo, que cartografió el mundo conocido hacia el año 150 d. C., incluyó muchos de estos lugares homéricos en sus mapas, entre ellos Lotophagitis (la tierra de los lotófagos), Circaeum Promontorium (Eea, el reino de Circe) y Sirenusae Insulae (la isla de las sirenas). Intentar trasladar con precisión esos lugares a los mapas modernos ha resultado muy difícil. Los cálculos de latitud y longitud de Ptolomeo se basaban en una proyección muy diferente y en una comprensión distinta de la circunferencia terrestre. Aun así, una correspondencia aproximada sugiere que la tierra de los lotófagos podría haber estado en África.
A finales del siglo XVI, el cartógrafo neerlandés Abraham Ortelius fue el primero en representar el viaje completo de Odiseo en su Theatrum Orbis Terrarum. Su mapa se tituló Mapa de las andanzas de Ulises, utilizando el nombre latino del héroe. Ortelius representó tanto el mundo mítico como el ficticio como si fueran hechos científicos, e incluso identificó Ítaca con la actual Corfú. Homero había situado la isla de Calipso frente a la costa de Esqueria, la última escala antes de regresar a Ítaca. Como no existía ninguna isla al oeste de Corfú, Ortelius inventó una en su mapa. Esa isla ficticia continuó apareciendo en mapas de los siglos XIX y XX.
En 1912, el político y viajero francés Victor Bérard intentó reconstruir el itinerario de Odiseo recorriendo personalmente la misma ruta. Situó la isla de Calipso cerca de Gibraltar, identificó la tierra de los lotófagos con la isla tunecina de Yerba (Djerba) y ubicó la tierra de los cíclopes en Posillipo, cerca de Nápoles. La teoría de Bérard sostenía que la Odisea había sido influida por los viajes y los mapas de los fenicios, especialmente por las instrucciones de navegación costera guiadas por las estrellas. Sin embargo, muchos de esos mapas existían más en la imaginación y en los relatos que como objetos físicos.
En busca de Ítaca
Uno de los debates más importantes para descifrar la geografía de la Odisea ha sido determinar dónde estaba realmente Ítaca.
Durante mucho tiempo se creyó que debía tratarse de la actual isla de Ítaca, en el mar Jónico. El problema es que esa isla es montañosa, mientras que Homero describe su Ítaca como “de baja altitud”. Investigadores de Cambridge y Aberdeen propusieron recientemente otra interpretación: sostienen que Homero nunca describió a Ítaca como una isla, sino como una tierra o un país que formaba parte de una isla mayor. Según esa hipótesis, Paliki, situada en la costa occidental de Cefalonia, sería una candidata convincente: fue un importante asentamiento de la Edad del Bronce, lo que refuerza esa posibilidad.
Los lugares del viaje de Odiseo pueden corresponder a escenarios reales o ser completamente míticos. En cualquier caso, las relaciones entre esos lugares cuentan una historia sobre el anhelo del hogar y la búsqueda de pertenencia. También muestran cómo los antiguos concebían un mundo lleno de misterios y peligros.
La geografía de la Odisea es una forma de comprender las vulnerabilidades y los temores de los hombres del mundo griego antiguo. Los mapas del viaje del héroe quizá no sean reales, pero, en cierto sentido, ningún mapa lo es del todo. En la Odisea, Homero no solo estaba cartografiando el mundo: estaba construyendo un mundo.
Pragya Agarwal - The Conversation