Las imágenes capturadas desde un helicóptero de rescate han generado un fuerte impacto en las redes sociales tras mostrar la vulnerabilidad de dos buzos frente a un gran tiburón blanco en la costa de Australia. El ejemplar, que según las estimaciones de los expertos medía unos 4,5 metros de largo, fue detectado este domingo 15 de febrero mientras nadaba en círculos concéntricos a escasa distancia de la pareja.
El episodio tuvo lugar cerca de Cape Naturaliste, un punto geográfico ubicado a aproximadamente 190 kilómetros al sur de Perth, donde la transparencia del agua permitió documentar la acechanza del depredador.
En el material audiovisual difundido por los equipos de emergencia, se observa cómo el gran depredador se desliza con calma por el agua mientras los deportistas parecen ignorar por completo la presencia del animal debajo de la superficie.
Ante la inminencia del riesgo, la tripulación de Surf Life Saving Western Australia procedió a activar las sirenas de alerta desde el aire. Gracias a esta advertencia sonora, los buzos lograron reaccionar a tiempo, abandonando el área en sus motos acuáticas para dirigirse a una zona segura sin que se registraran heridos.
Tecnología y prevención ante la presencia de tiburones
Pese a que el gobierno de Australia sostiene que los encuentros directos no son moneda corriente, las autoridades insisten en la importancia de utilizar herramientas de prevención.
Una de las principales recomendaciones es el uso de la aplicación SharkSmart, un sistema que emite alertas en tiempo real sobre avistamientos de tiburones en playas y franjas costeras. Asimismo, el Estado promueve un subsidio de 200 dólares australianos para los residentes que adquieran dispositivos repelentes de base científica, los cuales emiten campos electromagnéticos diseñados para alejar a los escualos.
El registro histórico de ataques en Australia
La preocupación por estos encuentros se apoya en una estadística rigurosa: desde el año 1791, Australia ha contabilizado más de 1280 incidentes relacionados con tiburones, de los cuales más de 250 resultaron en fallecimientos.
El contexto actual es de alerta máxima, considerando que el último caso mortal se produjo apenas en enero, cuando un niño de 12 años perdió la vida tras un ataque en el puerto de Sídney. Estos datos refuerzan la necesidad de los protocolos de monitoreo aéreo que permitieron, en esta ocasión, salvar la vida de los buzos en Cape Naturaliste.
O Globo/GDA
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