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Don Baez: pasión por la lana desde la oveja hasta la elaboración de la prenda final

Hace 25 años Claudia Weiss decidió usar su experiencia lanera para crear prendas y artículos que valieran la pena tener o regalar.

Don Baez
Comenzó trabajando con su padre y con el tiempo decidió darle a la lana otros usos.

"¿Esto es hecho en Uruguay?”, le preguntan mucho a Claudia Weiss en su local de Don Baez. Cuando ella asiente con orgullo, la gente se confiesa maravillada de que productos así se puedan fabricar en nuestro país.

Ella lo supo desde siempre, porque conocía la materia prima desde la cuna. Su padre había llegado al país proveniente de la entonces Checoslovaquia luego de la Segunda Guerra Mundial y en 1959 fundó Montelan, una empresa lanera basada fundamentalmente en la exportación de lana lavada.

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“Yo heredé su pasión por la lana”, cuenta quien trabajó mucho junto a su padre. Viajaba mucho con él o sola a visitar clientes en el exterior. “Fui a China, India, a conferencias de lana en todo el mundo”, acota.

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Fue así que en un determinado momento, hace 25 años, con su hermana se les ocurrió que podían empezar a elaborar cosas sencillas con la lana que tenían en la barraca, sin teñirla, manteniendo sus colores naturales. Las mantas fueron el primer paso hacia la gran variedad de prendas y textiles que ofrecen hoy en la tienda de Punta Carretas.

Claudia buscó siempre aprovechar las lanas más finas y suaves para que no picaran y sacarle provecho a esta materia prima tan noble. “La lana te protege de la lluvia porque tiene una cosa que repele el agua naturalmente. Podés aislar una casa con lana y no sentís olores. Comprás una prenda de lana y te la podés poner todo el año…”, enumera como algunos de los tantos beneficios de su producto estrella.

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La premisa fue que siempre se ofreciera un producto cien por ciento uruguayo, que diera trabajo a mano de obra nacional. La calidad no es algo que negocie, por eso está pendiente hasta de las terminaciones de las prendas. “Realmente intenté cosas que creo que otras personas no intentan”, destaca.

Un elogio que le hacen mucho sus clientes es “tengo una cosa tuya desde hace 20 años y está intacta”. Ella lo explica así: “podrás gastar un poco más, pero tenés algo que con un buen mantenimiento nunca se estropea, lo conservás perfecto. Comprarnos es una tranquilidad”.

Le preocupa mucho tener una marca que se diferencie de las demás por su calidad, pero que además cuide del medio ambiente, algo que con orgullo afirma que hace desde mucho antes de que esa filosofía se pusiera de moda.

“Estoy muy enfocada en ser súper sustentable. Nosotros no tiramos nada, todo se vuelve a usar. Cuando hay un desperdicio chico, se convierte en un llavero o en una borla y hay retacitos que convertimos en almohadones. Yo no podría tirar nada porque sé que la lana se reconvierte; los desperdicios muy chiquititos se pueden volver a hilar, se colocan en una máquina y se vuelven fieltro”, explica.

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En todos los pasos.

Claudia quedó sola al frente de la tienda porque su hermana, si bien es diseñadora de modas, prefirió dedicarse al arte. En cambio ella, que es economista, supo desde siempre que en la lana estaba su pasión y hasta en la parte de diseño cuenta que mete mano.

“Hago todos los pasos de la cadena yo misma, lo que llamo from sheep to shop, de la oveja al producto final”, afirma con entusiasmo. Eso quiere decir que se ocupa de comprar la lana a productores locales, la manda lavar y luego a distintos lugares para que hagan las telas o los hilados. Cuando vuelven, con su equipo de diseñadores elaboran los prototipos de las prendas en el mini taller que tienen en la parte de arriba de la tienda. Los prototipos se envían a otros talleres para que hagan la producción.

“Tenemos tejido industrial y también artesanal, hay gente que nos teje a mano. Tengo la posibilidad de hacer las dos cosas, según como vaya a quedar mejor. Lo nuestro es mejorar y buscar que el producto final esté bien logrado”, remarca.

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Solo compra lana uruguaya y a gente que conoce. Dice que cada vez se están afinando más las majadas dentro de lo posible; en las lanas blancas se puede lograr algo bastante fino, pero en las negras cuesta mucho más. “Yo hago todas las mezclas para lograr que el producto final sea bien liviano”, acota.

Y vuelve a insistir en que es lana sin teñir, por eso sus productos son siempre en color crudo, visón o chocolate y sus combinaciones.

Don Baez por lo general hace una colección por año, aunque siempre está incorporando cosas nuevas. Pero el año pasado, como no llegaron turistas por la pandemia y son su principal público, sobre todo en verano, se lanzaron a hacer una colección 100% de lino. “Fue exitosa y por eso lo vamos a repetir este año”, anuncia.

Claudia confiesa sentirse muy feliz con lo que ha logrado con su tienda, que sea un lugar al que la gente va cuando piensa regalar uruguayo, algo que dice ocurre cada vez más. “Me encanta haber logrado hacer todo esto con nuestra lana”, concluye con su particular entusiasmo.

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Un apellido que les costaba pronunciar

A la gente con la que trabajaba su padre le costaba mucho pronunciar Weiss, entonces terminaban siempre por decir algo que con el tiempo terminó sonando Baez, de ahí el nombre que Claudia le puso a su tienda.

Federico Weiss nació en Checoslovaquia, territorio que se convirtió en la actual República Checa. Trabajó en una empresa textil en Inglaterra, donde aprendió todo el oficio lanero. Tras la Segunda Guerra Mundial emprendió viaje a Sudamérica y en Buenos Aires conoció a una polaca que lo enamoró. A la semana se estaban casando. “Fue un amor muy lindo que duró 50 años”, cuenta Claudia sobre sus padres.

Luego de la boda retornaron a Europa, pero como no les gustó con lo que se encontraron, decidieron regresar a la Argentina, donde estaban los padres de ella. Pero Uruguay los conquistó y fue aquí donde decidieron quedarse y tuvieron dos hijas.

Claudia está casada y su marido la ayuda con la compra de lana. Tienen tres hijos pero, por ahora, ninguno trabaja en la empresa. Su hija mayor, Martina, es economista y vive en Dubai; le sigue Malena, que es abogada, y el más chico es Mateo, que es contador. “Si un día quieren dedicarse al negocio, las puertas están abiertas. A mí no me gusta imponer nada, me parece que es lindo que ellos hayan hecho su experiencia”, dice la empresaria.

Claudia hizo la suya con una tienda en la que desde sus inicios ofrece una línea para el hogar, que incluye mantas, pies de camas, almohadones. A ella le sumó la línea de indumentaria femenina, en la que hay desde cosas sencillas, como chales, hasta más complicadas, como chaquetas, vestidos o tapados. También cuenta con una línea masculina y más recientemente se sumó la línea infantil, que todavía es muy pequeña. “Me encantaría tener más prendas y que la madre y la hija fueran vestidas iguales”, sueña Claudia.

Todo es cien por ciento uruguayo, salvo la colección de championes Yuool que importan de Brasil y son hechos en lana merino. Son unisex y van del número 35 al 44.

Las ventas son en el local o por la web.

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Claudia junto a todo su equipo de Don Baez.

Todos los años hace la Campaña de la Calidez

Cada año Don Baez organiza la Campaña de la Calidez, una acción solidaria para ayudar a quienes más lo necesitan. En 2021 eligieron al Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih), una asociación civil sin fines de lucro que tiene la misión de atender y promover a las familias más vulnerables, especialmente mujeres con niños en situación de alto riesgo social.

Lo que se hizo fue organizar una subasta con la firma Remates Castells en la que se pusieron a disposición 30 piezas de la tienda de su línea tradicional, cápsulas o ediciones limitadas para que los interesados pujaran por ella en la plataforma Castells Online.

La acción, que se desarrolló del 19 al 26 de junio pasados, dejó muy contenta a Claudia Weiss. “Nos copó porque Ceprodih es una institución preciosa, apoya mucho a las mujeres y es lo que a mí me gusta”, dijo la responsable de Don Baez y anunció que seguirán realizando trabajos conjuntos con mujeres de este centro.

La Campaña de la Calidez ha beneficiado a organizaciones como la Fundación Clarita Berenbau, Madrinas por la Vida, el Liceo Jubilar Juan Pablo II o la Fundación Tzedaká Uruguay, entre otras.

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