Como King Kong en la ciudad: la hazaña del escalador que trepó un rascacielos de más de 500 metros sin cuerda

Alex Honnold, un escalador estadounidense de 40 años, subió los 508 metros del Taipei 101 en Taiwán. Su ascenso del domingo pasado fue transmitido en vivo por Netflix.

Un ocupante del edificio usa su teléfono para grabar al escalador estadounidense Alex Honnold escalando el edificio Taipei 101 sin cuerdas ni equipo de seguridad en Taipei.
Un ocupante del edificio graba al escalador estadounidense Alex Honnold escalando el rascacielos Taipei 101
Foto: AFP

A Alex Honnold, un escalador en roca que fue protagonista del documental ganador del Oscar "Free Solo” escaló con éxito el rascacielos Taipei 101, de unos 508 metros de altura, en Taiwán, el domingo, sin cuerda.

Escalar un edificio de esa altura no es como escalar una montaña. Quienes integran el reducido grupo -apenas una docena aproximadamente- de escaladores de rascacielos conocidos en todo el mundo dicen que la actividad conlleva exigencias físicas y mentales únicas.

También es un deporte en gran medida clandestino porque suele ser ilegal. Alain Robert, un francés que ha escalado unos 200 edificios desde la década de 1990, en su mayoría con las manos desnudas, dijo que ha sido arrestado más de 170 veces.

“Te sentís literalmente como en una película”, dijo Robert, con “policías que intentan atrapar al villano que está escalando el edificio”.

El escalador estadounidense Alex Honnold levanta los brazos desde lo alto del edificio Taipei 101 después de escalar con éxito en solo integral el emblemático rascacielos.
El escalador estadounidense Alex Honnold levanta los brazos desde lo alto del edificio Taipei 101 después de escalarlo.
Foto: AFP

Los riesgos evidentes hacen que sea raro que alguien obtenga permiso para escalar un edificio alto, como lo hizo Honnold. Su ascenso del domingo fue transmitido en vivo por Netflix.

“Nunca estuve dispuesto a que me arrestaran”, dijo el hombre de 40 años en un podcast grabado antes de la escalada.

A diferencia del paisaje natural sereno que rodea a los escaladores en rutas como El Capitán, en el Parque Nacional Yosemite -que Honnold escaló en 2017-, los escaladores de rascacielos deben superar el ruido urbano, las multitudes y, en ocasiones, a policías decididos a arrestarlos.

“Te sentís como King Kong en la ciudad”, dijo Titouan Leduc, de 24 años, un escalador francés que escaló la Varso Tower en Varsovia, Polonia, el rascacielos más alto de la Unión Europea, el año pasado. Fue arrestado brevemente después de eso.

Quienes han escalado rascacielos dicen que sus cuerpos enfrentan exigencias diferentes en comparación con la escalada en roca.

Según Dan Goodwin, quien en 1986 escaló la CN Tower en Toronto -entonces la estructura más alta del mundo-, la escalada de rascacielos se reduce principalmente a la repetitividad frente a la variedad.

En una pared de roca, cada movimiento presenta un nuevo rompecabezas: las manos de los escaladores buscan distintos agarres -regletas, presas grandes, superficies redondeadas- y adaptan constantemente sus cuerpos. Pero a lo largo del costado de un edificio, los escaladores repiten los mismos pocos movimientos cientos de veces para superar decenas de pisos de ventanas, barras de acero y huecos de hormigón.

Alex Honnold.
Alex Honnold, escalador estadounidense.
Foto: Netflix.

“Podés hacer una dominada y pensar que no está tan mal, pero probá hacer 20, 50, 100”, dijo Goodwin. “Hacer el mismo tipo de movimiento una y otra y otra vez puede realmente castigar tus músculos y dedos”.

Goodwin, de 70 años, dijo que cuando terminó de escalar la CN Tower, su mano derecha estaba cubierta de ampollas y su hombro izquierdo sentía como si estuviera en llamas.

“Estaba aterrorizado”, dijo, recordando el día en que alcanzó la base del mirador de la torre, a unos 335 metros de altura sobre una multitud de espectadores y sin cuerda, arnés ni ningún otro equipo de seguridad. “Cada movimiento tenía que ser perfecto”.

Robert, de 63 años, desarrolló su propio sistema para calificar los edificios según lo difíciles que son de escalar. Los agarres de un edificio importaban más que su altura, dijo.

Le dio al Puente de Brooklyn una calificación de dificultad de 2 sobre 10 después de escalarlo en 1994. Le dio la misma calificación a la Torre Eiffel, que escaló con las manos desnudas en 1996. “Es realmente como una escalera”, dijo sobre el monumento parisino.

También fue la última persona en escalar el Taipei 101, en 2004, cuando era el edificio más alto del mundo. Completó la escalada apenas unos días después de haberse operado el codo izquierdo, bajo una lluvia intensa y con una cuerda superior, que, según dijo, las autoridades habían exigido.

Robert le dio al Taipei 101 una calificación de 6.

Skyscraper Live
Alex Honnold escaló de manera libre el edificio Taipei 101, de 101 pisos.
Foto: Cortesía de Netflix

En contraste, los pequeños huecos en la superficie de la Ópera de Sídney, que escaló en 1997 y calificó con un 7, solo le permitían sostenerse con las yemas de los dedos.

En 1999, Robert escaló lo que dijo que fue uno de los edificios más difíciles que había escalado jamás, calificándolo con un 9: la Torre Sears, ahora llamada Torre Willis, en Chicago. Le dio la misma nota al Burj Khalifa, en los Emiratos Árabes Unidos, el edificio más alto del mundo, después de escalarlo en 2011.

¿El edificio más difícil que jamás encontró? Un edificio de oficinas relativamente modesto de 44 pisos al oeste de París en 1998. Dijo que la única forma de subir la Tour Framatome, ahora llamada Tour Areva, es encajando los dedos en una ranura vertical entre paneles de vidrio. A mitad de esa escalada, dijo, la grieta inesperadamente se volvió tan estrecha que sus dedos apenas podían entrar.

“Es como si toda tu vida colgara de la punta de tu dedo”, dijo. Calificó esa dificultad con un 10.

Algunos escaladores dijeron que les preocupaba que la escalada de Honnold, transmitida en vivo por Netflix, fomentara intentos imprudentes y sin entrenamiento.

“Mi mensaje para los chicos: no lo hagan”, dijo Goodwin. “A menos que seas un escalador de clase mundial como Alex Honnold y Alain Robert, a menos que tengas esa capacidad, es una misión suicida”.

Para otros, el peligro es lo que los mantiene en marcha.

“La única manera en que me sentía vivo era cuando estaba arriesgando mi vida”, dijo Robert, y agregó que podría intentar escalar otro edificio en las próximas semanas. John Yoon / The New York Times

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