SOLIDARIDAD

Balconeras de la Iglesia en desuso se reciclan en barbijos

Ceprodih confecciona mil tapabocas para parroquias de la periferia; también hizo 210 para el Palacio Legislativo

Ceprodih tapabocas balconeras
Diez mujeres comenzaron a fabricar mil tapabocas con la tela de balconeras en desuso. Foto: Ceprodih

En el medio de la crisis pensábamos que íbamos a dejar de existir pero fue increíble la demanda de tapabocas. Pudimos darle trabajo a muchísimas mujeres”, dijo Adriana Abraham, directora del Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih). Esta organización trabaja desde hace 22 años con mujeres en situación de alto riesgo social por distintos motivos como desempleo o violencia doméstica.

La demanda de tapabocas fue tan grande que Ceprodih pudo continuar con la entrega de canastas de alimentos a 300 mujeres por semana durante estos meses de pandemia por coronavirus.

Un pedido importante fue el de la Arquidiócesis de Montevideo: mil barbijos confeccionados a partir de las balconeras en desuso de Navidad con Jesús, la iniciativa que la Iglesia Católica promueve hace unos años para recuperar el sentido de esa festividad en el país. Las balconeras nunca habían sido puestas a la venta porque tenían errores en los colores de la impresión por lo que, lo primero que se hizo, fue desinfectar el material.

“Estudiamos la tela para saber si protegía (al usuario). Nos asesoró un médico. Resolvimos hacer un tapabocas muy barato con overlock. Hicimos el más sencillo y el más rápido de hacer”, comentó Abraham a El País. Diez mujeres participan de este proyecto que puede extenderse según lo marque la demanda de feligreses.

El objetivo es que los barbijos sean entregados en las parroquias, principalmente, de la periferia de la ciudad, aunque también estarán disponibles en otros barrios. Quien pueda colaborar con $ 50 podrá comprar uno para ingresar a la iglesia; si no puede pagarlo, se le entregará sin costo.

“Son modelos muy simpáticos”, contó Abraham. Así lo explicó: “Algunos tienen la imagen de la virgen María, otros una manito (del niño Jesús) o la cara de San José. Es algo colorido”.

Otro pedido importante provino del Palacio Legislativo. En comparación con el proyecto anterior, solo se trata de 210 unidades pero con una terminación mejor que los de la Arquidiócesis y con una técnica de serigrafía aplicada para un logo. Asimismo, se pidieron 10 tapabocas inclusivos para que se pueda facilitar la comunicación no verbal para sordos y personas con baja audición.

Ceprodih también fabricó barbijos para supermercados y grandes empresas como Coca-Cola.

Ceprodih tapabocas balconeras
La demanda de tapabocas fue tan grande que Ceprodih pudo continuar con la entrega de canastas de alimentos a 300 mujeres por semana

“En estos pedidos trabajan las mujeres que cortan, las mujeres que cosen, las mujeres que ponen la serigrafía y las mujeres que empacan el producto. Es una gran cadena de mujeres trabajadoras”, relató Abraham a El País.

Todos los productos textiles que se fabrican en Ceprodih responden al concepto de economía circular: se hacen a partir de retazos de telas y se las da una revalorización. La organización tiene una validación técnica en la reutilización de este material. “La idea es reciclar pero también que la gente haga platita y salga adelante”, afirmó la directora.

Ceprodih brinda capacitación a 300 mujeres cada mes en gastronomía, peluquería, serigrafía, entre otros rubros. El objetivo es “darle una herramienta” que le permita “generar ingresos rápidamente”, dado que, por lo general, son el sostén económico de sus familias. Muchas recurren por estar desempleadas, por ser víctimas de violencia doméstica, privadas de libertad que están por cumplir su pena o están rehabilitándose de las drogas.

“Garantizamos que el producto es de calidad, con el diseño perfecto y que compite en el mercado; esa es nuestra obsesión. Que lo haga una mujer pobre no quiere decir que sea un producto mediocre. Para salir adelante hay que hacer un producto de calidad”, concluyó Abraham.

Talleres virtuales: faltaban los datos.

Al inicio de la emergencia sanitaria por la COVID-19, Ceprodih tuvo que suspender sus talleres presenciales y pasarse al modo online. En marzo había 600 interesadas en los cursos. No obstante, la organización resolvió volver a las aulas físicas porque la mayoría de las alumnas no tenían conexión a internet en sus hogares. “Hicimos una movida con las tres empresas grandes (de telecomunicaciones) y ninguna fue capaz de donar un dato”, denunció Adriana Abraham, directora de Ceprodih.

Para colaborar con el trabajo de fabricación de los tapabocas y el resto de las actividades, la organización recibe ayuda económica a través de un colectivo en Abitab en la cuenta N° 1327, o en el sitio colectate.com.uy en la cuenta N° 10053.

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