GUILLERMO ZAPIOLA
En Montevideo sólo se la vio fugazmente, durante un Festival de Cine Radical. Ahora, el DVD permite que "Tesis", primer film del español Alejandro Amenábar, que acaba de editarse, llegue a más gente.
Antes del ejercicio onírico de Abre los ojos (1997), antes del terror fantasmal de Los otros (2001), antes de la polémica sobre la eutanasia de Mar adentro (2004), Amenábar era a la altura de Tesis (1996) un joven brillante, recién salido de la escuela de cine, con ganas de filmar y de exhibir todo lo que había aprendido. Lo consigue con creces.
El asunto es policial, con una ambientación de Facultad de Ciencias de la Comunicación que al director debió resultarle muy próxima. La estudiante Ana Torrent prepara una tesis sobre la violencia en el cine, y un profesor (Miguel Picazo) la ayuda proporcionándole material. Revolviendo entre viejos rollos guardados en la cineteca de la facultad se descubrirá una "snuff movie", es decir una película que describe un asesinato auténtico: concretamente, el acuchillamiento y descuartizamiento de una mujer.
A partir de ahí, sobre la protagonista sobrevolará el peligro. Hay una muerte misteriosa, Torrent empieza a investigar, y descubre que la siniestra película en cuestión ha sido filmada con una cámara que forma parte de una compra de equipos efectuada algunos años antes por la facultad. Un compañero de clase (Fele Martínez) la ayuda, y otro (Eduardo Noriega) despierta sospechas: tiene una cámara idéntica a la utilizada en la película, y para peor conoció a la víctima.
El director Amenábar y su actriz Torrent han sostenido que su película es "una historia sobre la violencia televisiva, la pornografía y el cine `snuff`, o la máxima manifestación del terror en imágenes". Es cierto a medias.
Corresponde reconocerle al filme una dosis de inteligencia para especular con sus dosis de horror y sobresalto, especulando y al mismo tiempo chasqueando la vocación morbosa de su espectador. Se habla de imágenes horribles y se ve a gente que las consume, pero las imágenes en sí mismas son escamoteadas al espectador.
De ahí a que la película deba ser tomada en serio como reflexión sobre el cine y la violencia hay empero una distancia. Tesis funciona sobre todo como obra de suspenso, con una mujer en peligro, dos o tres personajes sospechosos (uno de los cuales, por lo menos, puede ser un asesino), y un hábil manejo de la herramienta cinematográfica a cargo de alguien que ha visto con cuidado a Hitchcock y (sobre todo) a su eficaz copión Brian De Palma. Que la película se las arregle para asustar a su espectador sin llenar la pantalla de sangre y truculencia es un mérito no menor.