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Arnaldo André: la obra que trae a Montevideo, su carrera y el secreto de ser joven a los 79

El actor paraguayo de larga carrera en telenovelas y teatro llega a Uruguay con "El enganche" la obra con Paula Volpe dirigida por Osvaldo Laport

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Arnaldo André

por Fernán Cisnero
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Arnaldo André, uno de los actores más reconocidos de América Latina, está dispuesto a compartir el secreto para verse así de vital y en actividad a los 79 años: “Supongo que son los genes”, dice pero aporta más datos. “Si no duermo las horas necesarias es como que algo me faltara, me alimento con frutas y verduras y poca carne. Tomo dos copas de vino con la comida, nunca fumé, no sé lo que es la droga. Y algo importante: soy una persona de mucho humor, no puedo estar sin hacer una broma”.

Buen consejo y más si como le asegura a El País vía telefónica, “todo eso te lleva a tener paz”. Eso es, para André -nacido en San Bernardino, Paraguay en 1943- “muy importante para poder tener una buena relación con la gente y mantenerse joven y con ganas”.

Joven y con ganas es un requisito indispensable, uno supone, para estrenar en la calle Corrientes, salir de gira y ahora venir a Uruguay con El enganche, la obra con la que estará el viernes 19 en el teatro Stella D’Italia. Comparte elenco con Paula Volpe y los dirige el uruguayo Osvaldo Laport. Quedan entradas en RedTickets de 1490 a 1790 pesos y hay dos por uno para socios de Club El País.

“No estoy tratando de quedar bien con la gente de Uruguay pero siempre he dicho que allí son tan educados y generosos”, dice André, uno de los grandes galanes de la historia de la televisión, con una larga carrera que incluye, dice, más de medio centenar de estrenos entre telenovelas y miniseries.

Sobre su carrera, El enganche y algunas otras cosas, André conversó con El País. Estos son extractos de esa charla.

—¿Qué lo motiva para elegir proyectos y qué lo enganchó de El enganche?

—Siempre traté de ser selectivo y creo que he logrado no repetirme, siempre buscando una obra en la que me muestre en una faceta diferente. Hay comedias que te tocan y que de pronto si bien no motivan la risa o la sonrisa, tratan temas más profundos y el personaje tiene otro tratamiento. Esos son los que me gustan.

—Y eso lo tenía El enganche...

—Me gustó mucho mi personaje, por supuesto, y la relación que tiene con el personaje de Paula Volpe y todo lo que se dice. Cuando uno piensa en dos personas que se encuentran en un hotel alojamiento, cree saber de qué se trata. Pero nada que ver. Acá suceden cosas, se dialoga y vamos descubriendo de a poco lo que sucede con cada uno de ellos, lo que se esconde, de lo que no se habla y nos vamos enterneciendo con los personajes. La obra tiene mucha ternura, humor (la gente se ríe muchísimo) y emoción: hay gente que a la salida me ha dicho que la hizo llorar. Ese es el tratamiento que le da (el autor) Julio Mauricio a su obra: va mucho más allá de una comedia pasatista. Pensando, por ejemplo, en los momentos que estamos viviendo como sociedad en cuanto al lugar que ocupa la mujer hoy en día. Mi personaje, en lugar de utilizar a la mujer como un objeto sexual, trata de ubicarla, señalarle una mirada diferente en la vida. De eso se trata El enganche.

—¿Cómo fue trabajar con Osvaldo Laport como director?

—Me tocó en suerte un director que me hizo ver cosas diferentes de mi personaje. Me señaló hasta tonos. Me decía “ese tono es de Arnaldo”, no lo hagas. La crítica en Argentina elogió que yo hacía algo diferente.

—Uno de sus primeras películas fue Balada para un mochilero con Pepitito Marrone y Los Iracundos. ¿Cómo recuerda esa época?

—Cuando empecé a trabajar en Argentina y me hice conocido yo soñaba con hacer cine. Balada para un mochilero fue mi primera o segunda película (fue la cuarta) y fuimos a filmar a Entre Ríos, en los palmares. Era un tiempo con muchas ilusiones por hacer cine, cosa que luego no se pudo cumplir porque me cooptaron en la televisión. Y es difícil cuando estás metido en un estudio durante ocho o nueves meses que alguien te diga “vení a hacer una película conmigo”. Le di prioridad a la televisión, algo de lo que no estoy arrepentido porque gracias a eso logré muchas cosas. Estar hablando con vos, ir a Montevideo, es producto de lo que hecho en televisión y de esa complicidad de un público que quiere seguir viéndome.

—¿Cómo vivió aquel cambio de salir de Paraguay, donde ya tenía una carrera incipiente a empezar de cero en Buenos Aires?

—Si bien tenía nada más que 17 años, tenía claro mi objetivo. Yo no vine a tirar el anzuelo a ver qué pez enganchaba. Yo sabía que mi “pez” era convertirme en un profesional, ser un actor, tener la posibilidad de trabajar y avanzar para poder ayudar a mi familia. Así que me puse en eso: estudiaba teatro y trabajaba para mantenerme. Hubo tres o cuatro años que no pasaba nada conmigo y en un momento dije: “bueno, si en Paraguay trabajaba de locutor en tres radios, ¿por qué no me vuelvo?”. Gracias a Dios nunca nunca concreté ese pensamiento y surgió lo de 40 kilates, la obra de teatro que hice con Mirtha Legrand. Y eso me cambió para siempre.

—Desde entonces no paró de trabajar. ¿Se ve ahora volviendo a una tira?
—Debo haber hecho unas 60 títulos en televisión. Hoy no hay nada de ficción en la televisión pero para que yo volviera me tendrían que seducir con algún personaje que la gente no conociera.

—¿Qué hay de aquel muchacho de San Bernardino, en este Arnaldo André?

—Mucho, casi todo. Allí está mi raíz.

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