Betiana Blum está terminando la jornada de prensa en Montevideo y pide un tostado (solo queso porque es vegetariana desde hace mucho) y agua sin gas para merendar. A sus 86 años mantiene esa sonrisa, entre picara y entrañable que la ha acompañado durante décadas en cine, teatro y televisión.
Reconoce que a los escenarios uruguayos ha venido poco. La última vez fue en 2022 en el teatro Stella con doble rol de directora y protagonista de La pipa de la paz. Ahora regresa con otra comedia: El verdadero diario de Adán y Eva que además de Montevideo (el sábado a las 21.00 en el Stella) se presentarán en Colonia (el 13 de junio) y Flores (el 16 de junio). Las entradas están en Redtickets.
Para esta comedia que Mark Twain escribió en 1906, y acá se presenta en versión de Sebastián Perrotta y con dirección de Juan Pablo Ragonese, la acompaña otro gran primer actor argentino: Antonio Grimau que por unos inconvenientes de salud no pudo acompañarla en la gira de medios.
“Mi relación con Uruguay es de agradecimiento”, dice Blum, sentada en la cafetería del hotel y ya con poca voz por estar todo el día hablando con los medios. “Siempre que he venido me ha ido bárbaro, y la gente me ha tratado con mucho amor. Así que vengo contenta”.
Si bien se trata de uno de los títulos más recordados de China Zorrilla (quien hasta llegó a hacerla con Carlos Perciavalle en la casa del actor en Laguna del Sauce), Blum adelanta que no es una nueva versión, sino un espectáculo distinto.
“La obra de Twain no es una obra de teatro. Tiene una parte narrada por Adán, otra por Eva, y Perrotta construyó una obra a partir de eso”, dice Blum. “O sea que no necesitamos agregar canciones, como fue en la versión de China, que estaba muy linda pero era otro espectáculo. Nosotros vamos a hacer la obra completa, con un gran apoyo de luces y música. Es una puesta muy linda”.
La comedia juega con lo cotidiano, los malentendidos y errores de cualquier pareja, aunque cuando se trata del primer hombre y la primera mujer, toma otra trascendencia.
“Eva, en el principio, no sabe qué es uno y qué es el otro. Hasta se tienen miedo. Ella lo observa, intentando ver para puede servir. Hay todo un estudio muy tierno. Y lo que está muy bien trabajado, con mucho humor por Twain, es la figura del hombre y la mujer. El hombre tiende más a construir, y la mujer a soñar”, dice.
Como en el relato bíblico, la obra cuenta la vida y convivencia en el paraíso, como el momento en el que son expulsados.
“Eso es muy fuerte. Ahí es que empiezan a encontrarle un sentido a esto de tener que trabajar”, comenta la actriz entre risas. “Eso está muy bien construido. Es maravilloso. No voy a contar la obra, pero es muy conmovedor, porque ves la historia del primer hombre y la primera mujer en una versión, obviamente, llena de humor y ternura”.
Adán es Grimau, con quien Blum ha trabajado mucho en televisión. “Tenemos un vínculo, y nos es fácil crear una relación amorosa, que es lo que estamos haciendo”, dice.
Este es un resumen de la charla de El País con Blum.
—Esta obra la hizo China Zorrilla, con quien trabajaste en Esperando la Carroza, hace ya varias décadas. ¿Qué recuerdo de ella te aparece al hacer ahora este material que hizo?
—China era una persona realmente muy generosa. Cuando trabajábamos en esa película, nos juntábamos para almorzar, y China siempre contaba lo que iba a traer al día siguiente para el asado. Yo soy vegetariana, y China me dice: “te voy a hacer una ensalada caprese”. No la conocía, la trajo, y la adopté en mi vida. Así era, siempre con humor. También estuvo atrás del tema de los vestidos de la película.
—¿Qué pasó con el vestuario?
—En la película termino con un vestido rojo, porque el primer planteo que me habían traído no cuadraba con el personaje. Y le digo a Jorge Sarudiansky quien estaba con el diseño, que había visto, camino al set, algo rojo que me había llamado la atención, en una vidriera cerca de ahí. Yo pasaba a mucha velocidad, y veo algo rojo por un rabillo. Esas cosas mágicas. Fuimos, era tarde, pero la galería seguía abierta, y estaba el traje rojo que usé, tal cual en la película, porque no había en otro color. El tema es que China también estaba de rojo. El primero que me dieron tenía algo plateado, y no iba con el personaje. Entonces se hizo que China tuviera un vestido, y cuando me ve llegar de rojo a la casa, se cambia y se pone de rojo también. Se creó en el momento, se le dio valor a ese cambio, y quedó más lindo.
—En esta obra, Eva sueña mientras que Adán, construye. ¿Te parece que esa diferencia de roles sigue vigente hoy?
—Pasa que es un básico. El hombre tiene estos componentes, pero, como bien se dice en la obra, no es que la mujer se va a dedicar a criar los hijos. La mujer tiene un espectro muy amplio, como debe ser, de las cosas que se puede ocupar, aparte de si quiere tener o no una familia. Pero en ese comienzo, y aunque ella lo aclara, luego las mujeres harán lo que quiera. Ella tiene muchos hijos e hijas, y se da cuenta que le lleva mucho tiempo.
—¿Después de tantos años de trayectoria, qué te sigue sorprendiendo arriba de un escenario bueno siempre es nuevo cada vez que te subís cada vez que te subís al escenario?
—Pasa que todo es nuevo. El público es nuevo y uno no es que repite, sino que crea cada vez que salís a escena, y se va creando algo nuevo. Y eso es hermoso.
—Si la gente se tiene que quedar con algo de La verdadera historia de Adan y Eva, además del humor, ¿qué sería?
—Creo que esta es una época que, con todo lo que pasa, hay que hablar del amor, del humor, de la ternura. Y recordarnos, a los seres humanos, que esa es la base de la vida. Porque ¡Pum, pum! Y se termina todo. Y esta obra te conecta tanto con el comienzo de la vida, con el cuidado de la vida, que creo que vale la pena porque es muy valioso recordar.
—Recordar a los que ya no están, como a Gasalla o Luis Brandoni, es lo que los hace eternos.
—Sí, claro. La vida sigue, pero uno tiene que respetarla, cuidarla y valorarla. Por ejemplo, sino te mantan y terminó. O la guerra. Los mandan a pelear, y es horrible. Por eso me parece tan oportuna esta obra, es un recordatorio fantástico.
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