El Carnaval de Melo volvió a latir este fin de semana con sus primeras tres noches de desfiles, pero lo hizo en un tono distinto al de ediciones anteriores. La fiesta de Momo arachán mantuvo el brillo y el compromiso de sus comparsas locales, aunque se vio atravesada por ausencias, una tragedia inesperada y una merma en la convocatoria que no pasó inadvertida.
A diferencia de otros años, el carnaval melense no contó con figuras argentinas que solían aportar expectativa y repercusión mediática, incluso a nivel internacional. Esa falta de nombres rutilantes se sintió no solo en el ambiente, sino también en el movimiento comercial que históricamente acompaña a la celebración.
Este jueves, además, se canceló la jornada de espectáculos prevista en el Teatro de Verano de Melo por razones climáticas y donde estaba agendada la actuación de Lucas Sugo, entre otros artistas.
La menor convocatoria impactó de lleno entre comerciantes y vendedores ambulantes que coincidieron en que el movimiento fue inferior al de ediciones pasadas, cuando las reservas hoteleras solían colmarse y los puestos de comida trabajaban a pleno hasta altas horas de la madrugada.
Un vendedor, que prefirió mantener su nombre en reserva, fue claro al trazar la comparación: “Antes lo que vendíamos en Carnaval nos daba para vivir hasta mayo. Ahora, con menos atracciones y noches que terminan más temprano, estimamos que lo recaudado apenas nos alcanzará hasta marzo”, señaló, dejando entrever la incertidumbre que atraviesa al sector.
En el plano artístico, las comparsas locales sostuvieron el espectáculo con entrega y color, reafirmando la identidad del carnaval melense. Sin embargo, se extrañaron ausencias que eran casi un sello distintivo de la celebración, como la del trío eléctrico Rapaduras de Ossobuco, que en años anteriores convocaba a cientos de jóvenes que desfilaban detrás de ellos en el cierre de cada noche, transformando la retirada en una verdadera fiesta popular.
En la noche inaugural, la presencia de Giannina Silva fue uno de los principales atractivos. Cumplió con carisma y energía, aunque el predominio del samba como ritmo central del desfile —si bien hubo otras expresiones en menor medida— hizo que el público no pudiera verla en candombe, justo una semana después de haber sido distinguida en el Desfile de Llamadas por su participación en la comparsa C1080.
El lunes fue el turno de Jessica Zunino, otra de las figuras convocadas. Ambas aportaron presencia, pero la grilla reducida dejó en evidencia un contraste con carnavales anteriores, cuando la llegada de celebridades extranjeras convertía cada noche en un acontecimiento.
El momento más conmocionante se vivió el sábado, tras culminar el desfile, con la muerte de Javier Andrade, director de la Scola Unidos por el Samba. La noticia impactó de lleno en la comunidad carnavalera local y tiñó de tristeza una fiesta que recién comenzaba.
La fiesta continuará el viernes con la actuación de Chacho Ramos, y tendrá su gran cierre el sábado con la participación de Orlando Petinatti y la madrina del carnaval, Claudia Fernández, en una apuesta fuerte para intentar recuperar impacto y despedir la edición con alto perfil artístico. Detrás de la organización, Fabián Martínez se ha lucido pese a un contexto de recursos acotados, ingeniándose para sostener la convocatoria y mantener en pie una celebración que es emblema cultural del departamento.
El desafío ahora es claro: cerrar en alto y volver a enamorar a un público que, al menos en este arranque, sintió que el Carnaval de Melo no repite el brillo de otros años.