Moria Casán, la serie de Netflix y cumplir 80 años: “Soy una intelectual, pero vengo en otro packaging”

A los 80 años, Moria Casán estrena su serie en Netflix, repasa su vida, habla de su legado y explica cómo convirtió su nombre en una forma de decir.

Moria Casán.
Moria Casán.
Foto: Hernan Zenteno - La Nación / GDA.

La One, la lengua karateka, la creadora de neologismos, la que cita a Nietzsche y Bauman, la que en un mismo día renunció a la facultad de derecho y entró al teatro de revistas, la que no solo creó su propia identidad, sino un lenguaje propio. Moria Casán, “el obelisco con tetas” de la Argentina, la actriz, conductora y creadora de frases como “el decorado se calla”, “si querés llorar, llorá” y “comen mortadela y eructan caviar” cumple 80 años el 16 de agosto.

Pese a su edad, la Casán está más ocupada que nunca. A diario conduce La mañana con Moria en la televisión argentina, el 14 de agosto Netflix estrena Moria, la serie de ocho capítulos donde Griselda Siciliani, Cecilia Roth y Sofía Gala Castiglione, la interpretan en distintas etapas de su vida. Y además, integra el elenco de Yo, Narciso, la comedia que reúne a Adrián Suar y Natalia Oreiro en el cine, y en Uruguay se estrena el 20 de agosto.

Sobre su carrera, la construcción de Moria, ser una figura popular e intelectual, y la serie de Netflix, “la Casán” habló con El País.

—Nunca hablás de encontrarte, siempre de construirte. Ahora que está de moda la idea de autenticidad, ¿siempre fuiste de defender esa idea de inventarse?
—Siempre tuve claro lo que no quería. No me manejaba entre certezas e incertidumbres, pero desde niña siempre tuve claro mi libertad. Un poco sabía lo que quería, me gustaba el baile, la música, teníamos abono en el Colón, y me crié en un ambiente de mucha cultura musical. Mi padre era músico, además de militar, y tocaba el saxo en la banda del ejército. Y aprendí a solfear, soy profesora de piano, de teoría y armonía, de Conservatorio. También veíamos mucho cine, unas 20 películas semanales en el cine del barrio. Eso hizo que me construyera algo hermoso, porque sabía que no quería ser ni ama de casa, ni casarme, ni tener familia. Soy mi construcción. Y mi construcción la tenía que buscar por el lado del arte, y la encontré primero bailando y después dejando la facultad para entrar un teatro de revistas de causalidad, y después llegué a la tele de causalidad y al cine de causalidad. Ahí empiezo, aunque en realidad la construcción, la empiezo desde chica.

Moria Casán,
Moria Casán.
Foto: Hernan Zenteno - La Nación / GDA

—Es fascinante como hablas de filósofos, escritores, películas y directores. Es como una dicotomía con respecto a esa imagen de artista popular.
—Lo popular no tiene por qué estar en contra ni con la cultura ni el arte. Lo que pasa es que he hecho cosas tan populares que te parece que estás alejada de lo intelectual. Soy muy cinefila desde niña. Amo a Fellini, Bergman, Pasolini, Houston, porque tuve una juventud metida en cineartes viendo a Abel Ferrara. Ahora el que me vuelve loca es Sorrentino, que veo todas sus películas. Y cuando tengo un momento tranquilo, le digo a mi asistente, vamos al cine, y me interno para gozar. Me crié en el ambiente del arte, lo que pasa es que hice cosas muy populares y parece que fueran cosas enfrentadas. Pasa que creo que soy una intelectual pero vengo en otro packaging. Volví a leer a (Zygmunt) Bauman, y el concepto de sociedad líquida, y es un autor que me vuelve loca. Todo eso enriquece tu lenguaje, además tengo memoria, y eso ayuda.

—Muchos artistas terminan en los libros; vos terminaste en el lenguaje cotidiano. ¿Qué sentís cuando escuchás a alguien repetir una frase tuya?
—Eso es la trascendencia que uno tiene a través del impacto del lenguaje y de la comunicación flexible, que llegas a todos lados. Como cuando un niño me consume y digo, ¿de dónde me conocés? Por un meme, porque me vio con Lali. Me ha venido a estudiar gente de la literatura, Franco Torchia hizo un estudio con la frase, “el decorado se calla”, entendiendo que le hablaba a la masa, que no tenía valor. En algún momento la palabra la puedo transmitir y la gente la compra como si fuera una filósofa.

—Hay mucha gente que usa tus frases casi como aforismos. ¿Por qué creés que ocurre?
—Creo que lo hago desde un lugar de gracia, sin adoctrinar, sin bajar línea. Al decir cosas de mi vida, la gente las va metiendo para su vida porque “como dice Moria”, pero no digo usted tiene que hacer esto como yo, no.

—Con el estreno de Moria, ¿qué fue más extraño, verte interpretado por otras actrices, o descubrir que ya existe una versión de Moria que ya no te pertenece?
—Esto es cuántico. Hay modificación del pasado. Es todo muy arriba esta serie. Es una serie sensorial porque te interpela todos los sentidos. Que mi hija me haga a mí es muy raro, porque se tiene que acostarse con su padre y autoparirse. Hicimos registros akáshicos mientras se rodaba la serie. Fue de locos. Después me encanta como una manera de inmortalizarte, porque se va a dar en 193 países, en 35 idiomas. Y hay que entender que también hay un gran nivel actoral. Porque no me imitan, ni me parodian, ni me caricaturizan. Por eso tenían que hacerlo actrices. Y me parece que el casting está muy bien hecho.

—¿Hubo alguna escena que pensaste, “no me recordaba así”?
—No, cuando vi la serie, dejé la creatividad del gran Javier Van de Couter, que es el director, un genio. Porque me interpretó con su sensibilidad. El primer capítulo lo vimos con Sofía, y lloramos como locas porque nos emocionamos viendo. Es muy fuerte vernos, ver a mi hija cuando se tiene que autoparir y ella misma se tiene en sus brazos. Es como loco, es un ácido esta gente.

—¿Qué parte de tu vida todavía no conoce nadie y tampoco aparece en la serie?
—Aparecen algunas cosas que no se saben. Porque de mí casi todo se sabe, pero interpretado y visto lo que ocurre, es distinto. Cuando ves una escena que se recrea, por ejemplo una pelea con el padre de mi hija, me hace ver por qué esa pareja se empezó a romper. Lo podés saber, te puedo contar que se rompió por tal o tal cosa, pero cuando empiezas a ver por qué se empieza a erosionar una pareja, ahí entiendes otras cosas.

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Moria Casán. Foto: Archivo.

—Cumplís 80 años y estamos en una época que parece obsesionada con parecer joven. ¿Qué relación tenés con el paso del tiempo?
—Ninguna, porque es algo que no elegí. No me puedo pelear con eso. Así que lo llevo apartado del calendario y escuchándome, con una salud estupenda y trabajando como siempre, o más. Porque nunca falté al teatro en estos más de 40 años de carrera. Creo que eso es una cosa única en el mundo.

—Hay quienes dicen que ciertos artistas terminan explicando un país. ¿Sentís que te pasó eso?
—De eso ahora me doy cuenta, por los premios que estoy recibiendo. En abril recibí el mayor premio posible, el de personalidad emérita de la Cultura, que me entregó la Secretaría de Cultura de la Nación. Y también me entregaron el premio Ana Frank, que viene de Amsterdam y es porque trabajé sin tomar ningún rol político ni nada para la diversidad y para la inclusión LGBTQIA+. Y ahora en el Teatro Colón se hizo por primera vez la entrega de los premios Pinti, y me entregaron el premio a la trayectoria teatral artística. Por eso, ahora me doy cuenta que he recorrido un largo camino.

—Es un camino que construiste siendo auténtica.
—Sí, genuina. Con Sofía somos así, verdaderas, sin careteos. Porque la gente no merece que le caretees una vida, la gente te elige porque te conoce, y si se la careteas, se dan cuenta.

—Es una carrera, que además, fue de cero a mil.
—Sí, siempre fui una mujer gozosa. Jamás me victimicé, ni me puse en el papel de víctima, y eso que atravesé muchas cosas. Lo que pasa es que mi llegada al mundo fue muy mágica. Llegué a todos lados, al teatro, al cine, a la tele sin saber que iba a entrar. No tuve que dormir en una plaza. No tuve que pasar ratos malos.

—Y fuiste de la facultad al teatro de revistas el mismo día.
—Sí, así fue, el mismo día. Solo eso merece una película. Eso es insólito.

—¿Sentís que hoy hay alguien que puede seguir el legado de Moria Casan?
—Mirá, muchas personas han hecho su casa, comprado su coche y tienen su carrera armada por imitarme. Ese es mi gran legado estando en vida. Creo que no hay otro legado mayor, porque ayudé al bienestar de todas esas personas. Soy una acción social sin proponérmelo.

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