"Menem" cuenta la vida del expresidente argentino en tono de comedia satírica y con gran trabajo de Sbaraglia

La miniserie de seis episodios disponible en Prime Video se ha convertido en un fenómeno del streaming no exenta de elogios pero también de críticas

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Leonardo Sbaraglia como Carlos Saúl Menem

A menudo citado en circunstancias de lo más diversas, aquello de Karl Marx de que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces, una vez como tragedia y la otra como farsa, se aplica, algo forzadamente, es cierto, a Argentina y a Menem, la miniserie de Prime Video que sigue la vida política de Carlos Saúl Menem, presidente del país entre 1989 y 1999.

La evaluación de sus años al frente del vecino país ha ido cambiando y sus políticas económicas de un neoliberalismo peronista son saludadas y a la vez acusada por crisis con la que Argentina comenzó el siglo.

La miniserie de seis capítulos lo capta en todas sus dimensiones (las seductoras, las que no tanto y las menos simpáticas) en un tono de farsa que aligera algunas acusaciones serias que cayeron sobre su entorno y su figura.

Acá se va por la comedia. Contar así la década de 1990 argentina es toda una decisión. En el cuarto capítulo hay un resumen al son de “Ritmo de la noche” que encapsula la locura de los tiempos en los que un peso valía un dólar: allí están Punta del Este, Miami, Marcelo Tinelli y Cris Morena.

Basada en hechos reales -al comienzo de cada capítulo, se avisa que “incidentes y diálogos fueron ficcionalizados o inventados con fines de dramatización”-, pero también en la leyenda, la serie cuenta la llegada y estadía por dos períodos de un ignoto gobernador de La Rioja a la Casa Rosada, sede del Ejecutivo argentino.

Lo protagoniza, con niveles importantes de mimetización, Leonardo Sbaraglia, quien hizo una profunda investigación para lograr lo que logra y se sometió a largas sesiones de maquillaje.

La historia comienza con la muerte de Carlos Menem Jr., el primer hijo, en un accidente de helicóptero que ha sido motivo de teorías conspirativas y suspicacias que la serie, que deja todo abierto para una segunda temporada, por ahora no responde. Termina poco antes de que Menem busque la reelección.

A partir de ese suceso se va armando esa vida, presentando a Menem como un personaje pintoresco, carismático, ambicioso, un caudillo con gusto por las mujeres y la fiesta.

Como testigo involuntario y baremo moral está Oligario (interpretado por Juan Minujín), el ficcional fotógrafo presidencial que lo acompaña desde que era un gobernador golpeando puertas en los barrios del conurbano, en tiempos del Menemóvil, uno de los tantos inventos del marketing menemista.

De ahí, tras un montaje que refleja su imparable ascenso como candidato, llega a la presidencia desde donde gobernó con manotazos de ahogado y cuidándose de un entorno familiar amenazador, principalmente por la siempre temible presencia de su exesposa, Zulema Yoma (Griselda Siciliani). “La traición se paga con sangre”, le dice Emir Yoma, su cuñado en el primer capítulo.

Por ahí andan atractivos y ambiciosos personajes secundarios como Domingo Cavallo (Martín Campilongo) y María Julia Alsogaray (Mónica Antonópulos). Y factores económicos, empresariales y hasta geopolíticos que lo acosan y que, mientras puede, sortea con la sonrisa seductora de un estratega shakesperiano. Es una serie sobre el poder.

Pero de drama, poco, aunque el último capítulo se inicia con el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina. Sus arrebatos mediáticos, su reputación de mujeriego, su apoyo en brujas y astrólogas, sus aspiraciones de deportista (en donde era condición dejarse ganar) su fama de mufa son partes de su personalidad más que de su negligencia para el cargo. Hay algo amable en su retrato.

El tono juguetón de la puesta en escena -que se atreve a romper la cuarta pared, utilizar sobreimpresos cancheros, intercalar falsas imágenes de archivo y pasos de comedia o hasta jugar con el propio formato (en el capítulo 4, hay un escena con risas de sitcom)- excusa cualquier rigurosidad histórica; la propia serie avisa eso. Una referencia serían las sátiras políticas de Adam McKay, el de Vice en la que se tomaba a la chacota al exvicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney.

Menem fue creada por Mariano Varela y dirigida por Ariel Winograd (quien aplica el mismo tono en Coppola) y Fernando Alcalde. Los rubros son cubiertos con la solvencia de una superproducción que está precedida por los nombres de Amazon y MGM.

Desde su estreno, Menem ha estado rodeada de polémicas pero es divertida y eso, en definitiva, es lo que parece importar.

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