El cavernícola más resiliente de la prehistoria está de regreso. Lanza, un personaje que es como un híbrido entre Hulk y Conan el Bárbaro, vuelve para una tercera temporada de nueve capítulos, de la mano del showrunner Genndy Tartakovsky, uno de los animadores más importantes de los últimos años, con títulos como Samurai Jack, El laboratorio de Dexter, la franquicia de cine Hotel Transilvania y Star Wars: Las guerras clónicas.
Si no viste ninguna de las temporadas previas, vienen unos pequeños spoilers. Lo de que Lanza “regresa”, puede parecer descabellado, dado que la segunda temporada concluye con su muerte. Pero quienes hayan seguido esta serie -de lo más atípico, y violento, que pueda verse en una plataforma mainstream como HBO Max- saben que en este mundo cualquier cosa puede pasar. Tartakovsky se toma muchísimas libertades para contar las historias, y se toma también muchas libertades en el tratamiento de sus personajes.
No solo opta por desarrollar prácticamente toda la serie hasta acá sin que sus personajes emitan palabra alguna (es, a todos los efectos, una serie de “cine mudo”), sino que en episodios de apenas 20 minutos puede desplegar suspenso, terror, comedia y drama. Y todo eso sin trastocar (mucho) el tono de la serie. Merecen mucho crédito, también, sus colaboradores. Los paisajes de Christian Schellewald siguen siendo de una sencillez expresiva con un manejo de colores que se toma tantas libertades como el propio Tartakovsky.
La música incidental es otro acierto. Y el diseño de sonido es la definición misma de eficacia y pertinencia. Con muy pocos recursos (gruñidos, gritos, gemidos y sonidos de la naturaleza, que acá es otro personaje), esos sonidos no solo ayudan a comprender a los protagonistas, sino también al mundo en el cual viven.
Lanza pudo haber muerto en el final de la segunda temporada, pero como en la serie también hay elementos fantásticos y sobrenaturales, es traído de nuevo al reino de los mortales solo que como un undead o sea un zombie. Esto le permite a Tartakovsky jugar de lo lindo con los vaivenes del personaje protagónico, que tiene un muy vago recuerdo de lo que fue su vida antes, junto al dinosaurio Colmillo, su fiel ladero durante dos cicols.
En esta nueva seguidilla de aventuras, Lanza intentará volver a reunirse con Colmillo y Mira, la mujer con la que se vinculó anteriormente. Y si bien Tartakovsky y su equipo se toman muchas libertades para desarrollar las tramas de la serie, se empieza a notar cierto agotamiento en cuanto a aquello a lo que Lanza se enfrenta para hacer avanzar la narración.
Luego de ver otro enfrentamiento lleno de sangre y violencia extrema entre el protagonista y quién o qué sea que esté en frente, la sensación de monotonía se hace presente. Este dilema aqueja a muchas series contemporáneas: en la era del streaming y el infinito espacio de almacenamiento, las historias tienen cada vez mayores dificultades para concluir. En parte, nosotros como tenemos algo de culpa de esto, ya que muchas veces queremos seguir en la familiaridad.