El detective más famoso de la calle Baker vuelve a escena. O mejor dicho: vuelve antes de instalarse en el apartamento 221B. El joven Sherlock, la nueva serie ya disponible en Prime Video, propone mirar hacia atrás y preguntarse algo que las historias de Arthur Conan Doyle casi nunca respondieron: cómo se convirtió Sherlock Holmes en el excéntrico genio que dominaría el arte de la deducción.
Detrás del proyecto aparece un nombre familiar para quienes siguen al detective: Guy Ritchie, realizador y productor ejecutivo de la serie, y director de las dos películas protagonizadas por Robert Downey Jr. Al frente de esta nueva encarnación está Hero Fiennes Tiffin, actor británico de 28 años que ya conoció el éxito con la saga After y que muchos recordarán como el joven Tom Riddle en Harry Potter y el príncipe mestizo. Aunque conoce la fama desde niño, es sobrino de Ralph Fiennes y Joseph Fiennes, este último también presente en la serie.
El personaje que interpreta ahora Fiennes Tiffin no es cualquier héroe literario. Desde su creación en 1887, Holmes protagonizó cuatro novelas y 56 relatos. Y más de un siglo después, esas historias siguen circulando en librerías, con nuevas ediciones. En las próximas semanas El País lanzará una colección compuesta por 15 títulos, en tapa dura, dedicados al detective. Incluirá clásicos como Estudio en escarlata, El sabueso de los Baskerville, El valle del terror, La casa vacía y Escándalo en Bohemia.
Con el tiempo, Sherlock Holmes se convirtió en uno de los personajes más adaptados de la historia del cine y la televisión. Su debut audiovisual se remonta a Sherlock Holmes Baffled, cortometraje de 1900 dirigido por Arthur Marvin. Desde entonces acumuló decenas de versiones, tantas que en 2012 el Guinness World Records lo declaró el personaje humano literario más interpretado en pantalla.
Las caras que lo encarnaron son parte de la historia del cine: Basil Rathbone (quien imprimió la imagen más reconocible del detective), Peter Cushing (más recordado como el odiable Tarkin de Star Wars) e Ian McKellen (quien interpretó una versión ya retirada y senil, en Mr. Holmes), entre otros. Por su parte, Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller fueron el detective en la televisión.
Y pese a ser un personaje ficticio tiene un museo (en el 221 de la calle Baker, en Londres), compartió viñetas junto a Batman y hasta se convirtió en manga, en Japón. También sirvió de inspiración para personajes como Gregory House de la serie médica House o Sheldon Cooper en The Big Bang Theory. Todos comparten mentes brillantes, intuición quirúrgica y una vida social complicada.
Lo curioso es que, mientras las aventuras clásicas describen con precisión casi obsesiva el método de Holmes, su juventud permanece casi en blanco. El doctor Watson, narrador de la mayoría de las historias, apenas menciona algunos datos de esos años. Ese vacío narrativo terminó siendo un terreno fértil para nuevas interpretaciones.
Allí se puede encontrar El joven Sherlock Holmes (1985), la aventura de Chris Columbus donde Nicholas Rowe era el joven que resolvía crímenes en la academia, en una película con pioneros efectos visuales.
En ese territorio también entra la nueva serie de Prime Video, inspirada en las novelas juveniles de Andrew Lane y desarrollada por Matthew Parkhill. La primera temporada —son ocho episodios de unos 40 minutos— apuesta por un ritmo veloz y una estética que recuerda al estilo de Ritchie: una edición ágil, humor irónico y una banda sonora con banjos y violines nerviosos, como el trabajo de Hans Zimmer en las películas del detective.
La historia arranca con una escena inesperada: Sherlock está en prisión, peleando con astucia contra otro reo mientras espera que su hermano mayor lo saque del problema. Mycroft Holmes ya trabaja en el Ministerio de Exteriores británico, aunque todavía está lejos del poder que tendrá más adelante.
Para mantenerlo cerca, los Holmes se trasladan a Oxford. Sherlock consigue alojamiento trabajando como mozo mientras devora libros y conocimientos de cualquier disciplina que tenga a mano. Pero, como suele pasar con los personajes demasiado inteligentes, no tarda en llamar la atención de algunos profesores, y de un joven particularmente brillante: James Moriarty (Dónal Finn, de The Well of Time).
Y la serie introduce uno de sus giros más interesantes. Moriarty no es, todavía, el archienemigo clásico, sino un aliado y amigo que iguala el ingenio de Sherlock. Juntos se ven arrastrados a un misterio que conecta a varios profesores de la universidad con una masacre ocurrida en China, una princesa y una conspiración internacional.
Entre conspiraciones, asesinatos y secretos familiares, la serie mezcla aventura, intriga política y relato de formación: el proceso en el que ese joven brillante empieza a convertirse en el detective que el mundo conocerá.
En declaraciones a Variety, Parkhill ha sido claro sobre la filosofía de la serie que busca inventar un origen al detective. “No lo veo como una adaptación, lo cual puede parecer extraño, porque no adapté los libros. Es un gran peso hacer algo así. Así que tuve que encontrar una forma que me permitiera tener un espacio creativo y no sentir demasiado la presión del canon”, dijo. En ese afán, desde el inicio se dijo que su historia no podría ir más allá de Estudio en escarlata, la primera aparición de Sherlock Holmes en los libros.
“Pero antes de eso es mi terreno de juego”, agregó Parkhill, quien comparte créditos como guionista con Stephen Thompson, guionista de Sherlock, la serie con Benedict Cumberbatch.
Y esa quizá sea la apuesta más interesante de El joven Sherlock: no contar otro caso del detective, sino mostrar cuando todavía no es leyenda.