Presley, una ilusión argentina

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Elvis vive en Argentina, en varios sentidos menos en el más obvio. El ídolo musical es rescatado en "El último Elvis", una película de ficción con un protagonista que no es actor, dirigida por Armando Bo, nieto del descubridor de "La Coca" Sarli.

La historia de un imitador de Presley, obsesionado con su figura, podría dar pie a una película de humor o algo similar. Pero el nieto del director que generó humor de culto involuntario con las películas de Sarli, se plantea algo muy distinto. "No quería que fuera una película obvia, bizarra. Quería que fuera creíble", contó en una entrevista en el diario oficial del festival Bafici". Cualquier persona a la que le decís `una película sobre un doble de Elvis` piensa ya en un traje que queda mal, grotesco, en alguien sin personalidad. Ahí fue donde encontré qué camino no tenía que tomar. No quería que quedara algo chabacano. El guión tuvo el acierto de ponerle el peso a ese solo personaje. Había que ratificarlo, no destruirlo. Cuidar ese concepto y los temas elegidos incluso desde la música, o desde la paleta de colores. Todo era parte del concepto: ¿qué le pasa a este tipo y cómo hace para quedar afuera de todo?".

El encargado de interpretar ese papel dramático y también responsable de evitar caer en la ridiculización del personaje, es el argentino John McInerny. Originalmente El último Elvis iba a ser protagonizada por otro actor, con quien Armando Bo trabajó durante varios meses en el 2007. En medio del proceso, Bo consiguió el disco de la banda Elvis Vive, donde McInerny canta e imita al mítico cantante. Estaba buscando referencias locales para apoyar a su actor y por ello resolvió contratar al cantante como entrenador.

Durante cierto tiempo trabajaron de esta manera, pero Bo resolvió darle el papel protagónico a él tras hacerle una prueba de cámara. McInerny, a su vez, tuvo su propia entrenadora, tarea que realizó Maricel Álvarez, coprotagonista de Biutiful, de Alejandro González Iñárritu (y escrita por Armando Bo). Maricel, Armando y John trabajaron durante unos cinco meses para la preparación del personaje y las distintas escenas, especialmente porque el actor no era profesional y ni siquiera tenía experiencia previa. Así que cuando comenzó la filmación, todo estaba lo suficientemente aceitado como para facilitar las cosas a McInerny.

"Mi viejo era un coleccionista de música americana, country, jazz, blues, rythm and blues y góspel. Elvis estaba metido en esa montaña de vinilos", contó el actor en una entrevista a un medio argentino. McInerny acepta las similitudes con su personaje desde el momento en que ambos homenajean a Elvis con sus bandas sin usar maquillajes ni prótesis para parecerse a él, pero se separa afirmando que no vive enredado en una obsesión.

El cantante y su banda habían fijado una fecha de presentación para este mes en La Trastienda de Montevideo, pero la cancelaron y circula la versión de que la harán más adelante. Tal vez, a raíz del estreno local de El último Elvis, el público descubra su figura y se interese por lo que hace fuera de la ficción. En Argentina la película lo ayudó en lo musical. "Cambió el hecho de que estoy haciendo muchas notas en radio y televisión. Tal vez a veces me saludan en la calle", contó. De todos modos, como vive en La Plata, la realidad de sus opciones en la música no cambió tanto al no estar afincado en Buenos Aires: "Seguro que es muy difícil. Como dice el dicho, Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires".

EL NIETO DE BO. Al director Armando Bo, debutante en el largometraje aunque reconocido por su trayectoria como realizador de comerciales, ha dicho que siempre le interesaron temas como la falta de personalidad, la alienación y la búsqueda de fama a cualquier precio. "De alguna manera, apareció esta idea de la intimidad de un doble de Elvis. Encontré algo ahí que me permitió entrar en ese mundo, darle capas, profundizar en la cabeza de un tipo que se cree Elvis. Fue un recorrido muy largo", comentó en la misma entrevista con el diario del Bafici.

Nacido en Buenos Aires en 1978, Bo trabaja en publicidad desde que tenía diecisiete años. El cine estaba en su sangre por obvia herencia familiar, aunque se tomó un cierto tiempo para dirigir su primer largometraje. Estudió cine en Nueva York y siete años atrás abrió la productora Rebolución, solicitada empresa que trabaja para comerciales y que lo convirtió en un director muy ocupado (en la última semana El País intentó contactarlo para una entrevista, pero no fue posible ya que estaba filmando en Londres). Pero más allá de sus cincuenta premios publicitarios, su mérito mayor relacionado al mundo del cine fue haber escrito el durísimo guión de Biutiful, de Alejandro González Iñárritu.

"Uno vive negando cosas", dijo el realizador. "Él (el protagonista de su film) se construyó su realidad y la hace funcionar. La película puede ponerlo en jaque, pero lo cuida y niega la realidad, esa otra realidad, como él lo haría. Eso sí, cuando el mundo le habla a Carlos en lugar de a Elvis, lo mostramos. Lo filmé así porque el personaje me pedía eso. Ahí es donde creo que mi carrera como guionista con Alejandro González Iñárritu y mi educación publicitaria me ayudaron a hacer crecer visualmente al film (por ejemplo, en el hecho de que un casino de Avellaneda se parezca a Las Vegas, al menos en el mundo de él, y que la película lo transmita). Pero quería mostrar cómo lo sentía él, ¿por qué dejaría de hacerlo?".

Buenas críticas para la historia de un fan

El protagonista de El último Elvis (película que participó de la selección oficial del prestigioso festival de Sundance) se llama Carlos Gutiérrez, es un cantante separado que tiene una hija a la que bautizó Lisa Marie. Carlos trabaja en una fábrica y siempre vivió intentando ser la reencarnación argentina de Elvis Presley, negándose incluso a sí mismo y su realidad. Cuando está a punto de alcanzar la edad que tenía al morir, se da cuenta que su futuro aparece vacío, cosa que se vuelve particularmente conflictiva para él porque se tiene que hacer cargo de su hija. Y a partir de ahí se mete en un viaje al límite en el que debe elegir, definitivamente, entre Elvis y Lisa Marie.

El paso por Sundance no le dio premio, pero sí un buen punto de partida que terminó en una excelente repercusión ante la crítica. La web argentina Todas las críticas, que convierte las críticas de los medios en porcentaje, arrojó como resultado que la valoración promedio de El último Elvis fue 98 por ciento positiva. "El también debutante Armando Bo… comanda una película que, como su protagonista, hace de la decisión y el trabajo eficiente -la dirección de arte de Daniel Gimelberg permite creer, como rara vez ocurre en el cine local, en el poder de los decorados- un camino posible hacia las emociones cinematográficas", dijo Javier Porta en el diario Clarín. "Si a eso se le suma la capacidad para el humor y para animarse a temas como los sueños, la identidad cargada de confusión, desilusiones y trabas, y hasta una relación padre-hija que debe armarse de improviso, se podrá comprobar con facilidad que El último Elvis no sólo es segura, decidida y convincente: es, además, una película en la que el profesionalismo y la sobriedad son las máscaras de una inusual osadía".

Algunos de los elogios se han concentrado en el trabajo de Griselda Siciliani, en el papel de la esposa de Carlos. La pareja de Adrián Suar aparece casi irreconocible, según señalan, para hacer un papel muy distinto a los que habitualmente le tocan. "El último Elvis es fascinante en su exploración de un personaje pequeño pero con ambiciones gigantes, de un hombre casi sin identidad y que ha tomado una que le permite evadirse de su realidad", decía Diego Lerer, crítico de Clarín. "Y todo eso dentro de un filme casi sin fisuras".

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