Omar Gutiérrez: el secreto de su magnetismo y cuando lo acusaron de robar un auto y terminó haciendo un regalo

El comunicador maragato, fallecido en 2018, logró como nadie conquistar al público con su espontaneidad, humor y una cercanía que hoy la televisión extraña.

Omar Gutiérrez.
Omar Gutiérrez.
Foto: Archivo El País.

Por Julio Fablet
Una noche de 1989 por la pantalla de Canal 4 apareció con su programa y algo de temor quien se convertiría en ídolo de la televisión nacional por muchos años y casi sin proponérselo: Omar Gutiérrez. “Ni yo sé lo que hice, pero me dieron la oportunidad y no la dejé pasar. Creo que fue 50% de suerte y 50% de buena suerte”, bromeaba cuando charlábamos de esto.

Fue en 2013 cuando Omar llegó a Radio Universal, donde yo hacía mi programa todas las tardes. Antes, nunca nos habíamos tratado, aunque sabíamos de nuestra mutua existencia. Si nos encontrábamos en la calle nos saludábamos cordialmente pero no nos detuvimos a conversar en ninguna oportunidad. Y de haberlo deseado, era imposible. Si Omar se paraba en una esquina para cruzar de vereda, invariablemente era saludado sin respiro por mujeres y hombres que pasaban a su lado a mostrarle su afecto. Tenía un magnetismo inexpicable que nunca le vi a nadie más, antes o después.

¿Sería quizás porque Omar hablaba como lo hacía su audiencia, o porque no tuvo problemas en tomar mate en cámaras, algo que jamás se había visto?

No estaba en mis planes trabajar con él, pero las vueltas que hacen dar los medios de comunicación lo hicieron así.

OMAR GUTIERREZ
Omar Gutiérrez en el estudio de "De igual a igual".

Siempre descontracturado y afable, sintonizamos desde el primer momento. De entrada nomás nos hicimos compinches con nuestra pasión: la radio. Se reía cuando contaba que su primer programa radial se llamó “Polentísimo”. Estaban de moda los programas con un nombre corto, y en lo posible, en superlativo: “Bravísimo”, “Pianísimo”, “Rapidísimo”. “Pero con ‘Polentísimo’ se nos fue la mano, no conseguíamos publicidad para un programa llamado así. Ibamos a un posible avisador y cuando le decíamos el nombre, ya no nos miraban con buena cara”, recordaba riéndose.

A propósito de la risa, Gutierrez llegó a burlarse de sí mismo en TV al punto de decir que su dentadura era postiza; y para demostrarlo, en una oportunidad llegó a salir en cámaras sin una parte de los dientes. Así era Omar, mezcla de ingenuo y pícaro, capaz de las acciones más osadas y las reacciones más sencillas. En una fiesta de fin de año de la radio en el salón de fiestas se servían solo pizzas, en mil variedades y cantidades industriales. En medio del jolgorio, me preguntaron si lo había visto a Omar, a lo que respondí que no. Como su salud estaba delicada, salí a buscarlo por todos los rincones del salón: nadie lo había visto. Después de una larga caminata, me lo encontré en un bar en la esquina de la radio. Estaba comiendo solo. “¡¿Que hacés aquí, te están esperando en la fiesta!?”. A lo que me dijo inocentemente: “Fiesta sin sándwiches no es fiesta, así que vine a comerlos al bar”. En esas estaba. Y lo decía en serio. Cosas de chicos de Omar Gutiérrez.

Si algo sabía era reírse de sus puntos débiles. Su fealdad, su ‘cuidada’ desprolijidad al vestir y sus excéntricos gustos musicales no eran obstáculo para el trato ameno. Era naturalmente intuitivo y sabía sacar provecho de ello. Podía romper el hielo en una reunión y poner en su sitio a quien deseaba despreciarlo. Quise desaparecer la vez en que reunidos con varios personajes de la alta sociedad uruguaya en una muestra de pintura, alguien de los presentes -que despreciaba el estilo de Omar- le preguntó adrede sobre sus gustos musicales. “Yo pasaba música en un quilombo de San José, lo que las chiquilinas (las prostitutas) pedían, lo pasaba. Así que me gusta todo”, fue su respuesta. Nadie dijo nada más y se retiraron en silencio de su lado.

Omar Gutiérrez

Simplemente Omar. Cuando a una persona se la llama solo por su nombre es porque ha caído en gracia en el medio en el que se mueve. Y así sucedió con él.

Durante dos décadas fue la cara de Canal 4. Una tarde le pregunté cómo había llegado a trabajar en la pantalla chica. Me dijo que alguien en la televisión quería una versión nacional de El perro verde, famoso programa del entrevistador español Jesús Quinteros, un hombre de gran cultura que no tenía pelos en la lengua ni le temblaba el pulso en sus aseveraciones más tajantes. Omar podría serlo y lo lanzaron a la aventura. Pero el tiro salió disparado para otro lado. En lugar de un programa de entrevistas sesudo, salió un show con gusto a fiesta popular. Y los avisadores respondieron con generosidad.

“Querían que fuera un perro verde y resulté un cuzquito sin pedigré”, decía riendo.

Por su programa pasaron prácticamente todas las figuras relevantes de la música, la literatura y la política. Algunos personajes del ambiente público no se animaban a visitarlo en el programa, tenían miedo de quedar en ridículo. Es que su imprevisibilidad fue una constante que hizo reír a gentes de muy distintas edades. Y curiosamente se hacía entender tanto con mayores como con la juventud.

Omar Gutiérrez

En 2009 las cosas cambiaron en su vida. De ser el conductor del programa más visto en su horario, pasó a tener menos apariciones cada día. Desconozco los motivos, pero un día Omar ya no estaba en su creación. Era impensable De igual a igual sin él, pero así fue.

En 2010 llegó a Canal 10 para hacer Hola vecinos, una revista matutina, pero los directivos de Saeta no lo esperaron mucho tiempo, y lo redujeron a un segmento más pequeño que se llamó La yapa. Y de pronto, todo terminó para él en la tele. Me consta que hizo tratativas incansables, pero nunca se abrieron todas las puertas que golpeó. No supe la razón.

Terminó su carrera en CX 30 Radio Nacional. Ahí se sacó el gusto de bautizar a su programa con el nombre de Pipí Cucú, cosa que no le habían permitido en los diferentes medios en los que actuó.

Su salud se deterioraba notoriamente. Había comenzado a fumar a los 14 años y no dejó de hacerlo hasta su primer quebranto de salud importante que terminó en el diagnóstico de EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Nació y vivió siempre en San José. Venía a Montevideo diariamente en auto, su pasión. “Prefiero un buen auto a una buena casa”, bromeaba.

Omar Gutiérrez en el programa "Hola Vecinos" junto a Iñaki Abadie, Rafael Cotelo, Ana Nahum y Petru Valenski. Foto: Darwin Borrelli

Y termino estas líneas con un recuerdo divertido para Omar y su hobby. Una tarde a la salida de la radio fue al garage a sacar el auto. Subió, arrancó y cuando estaba en la esquina una mujer grita: “Me roban el auto, me roban el auto”. Era Omar que había subido distraído a un auto igual al suyo, estacionado en el garage. Nadie se había dado cuenta del hecho, salvo la dueña que no podía creer que el propio Gutierrez andaba en su coche. Coincidió que en ese momento hubo una ola de robos de autos en Montevideo y San José.

“Vecina, no va a pensar que el que anda robando autos por ahí soy yo”. La mujer, aún exaltada, le contesta: “No lo sé”. Y después de pedirle mil disculpas, le regaló una bombilla de plata que había comprado ese día. Así era Omar, el comuniador que hoy hace falta en la pantalla con su ingeniosa ingenuidad.

Omar Gutiérrez falleció en setiembre de 2018 a la edad de 70 años.

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