Nacho Álvarez habló de la mala relación con su madre y cómo lo marcó su muerte prematura: "Tapé el dolor"

El periodista abrió su intimidad en una entrevista: habló de la conflictiva relación con su madre, admitió que su muerte le generó “liberación” y confesó que años después terminó llorando ese dolor reprimido.

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Nacho Álvarez en "Te quiero contar".
LEO MAINE

Ignacio Álvarez protagonizó una de las entrevistas más íntimas de su carrera en el ciclo “Te quiero contar”, conducido por Lúcia Viana. Allí, el periodista de Todo se sabe y La pecera repasó hitos profesionales de 30 años de carrera, pero sobre todo abrió la puerta a aspectos personales pocas veces expuestos públicamente: la conflictiva relación con su madre, el dolor postergado por su muerte y el impacto emocional que años después le provocó el fallecimiento de su excompañero Gustavo Escanlar.

Durante la charla, Álvarez sorprendió con una reflexión cargada de honestidad sobre la muerte de su madre, ocurrida cuando ella tenía apenas 48 años y él era todavía “un guacho”, según definió. El comunicador admitió que en aquel momento vivió la pérdida como “una liberación” debido al vínculo “muy conflictivo” que mantenían, aunque reconoció que esa reacción terminó convirtiéndose en una herida mal cerrada.

Yo no lloré a mi madre en realidad. Obvio que lloré cuando se murió, pero antepuse esa liberación al dolor más grande. Negué el dolor, lo tapé. Y eso después te pasa factura”, confesó el comunicador de 54 años.

Álvarez explicó que construyó una “coraza” emocional para seguir adelante y que durante años evitó enfrentarse verdaderamente al duelo. Sin embargo, ese dolor reapareció tiempo después de manera inesperada, cuando en 2010 debió comunicar en vivo la muerte de Escanlar, con quien había compartido intensamente una etapa profesional.

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Ignacio Alvarez y Gustavo Escanlar en 2003.
Archivo El País

“Cuando me dijeron que Gustavo había fallecido, empecé a decirlo al aire y se me cortaba la voz. No podía hablar”, recordó sobre aquel episodio ocurrido durante su programa radial.

La escena quedó grabada como uno de los momentos más vulnerables de su carrera mediática y hoy, con otra perspectiva, el periodista cree que ese llanto no era únicamente por su colega.

“Si me preguntás por qué lloraba así, no sé si no estaba llorando a mi madre también”, reflexionó. “Uno siempre llora por uno mismo”.

El conductor también profundizó en cómo la terapia y los años le permitieron comprender mejor sus propias contradicciones emocionales, los mecanismos de defensa y las barreras afectivas que, según dijo, muchas veces condicionan la forma de vincularse con los demás.

"No soy agrandado, soy grande"; la firme respuesta Nacho Álvarez cuando le preguntaron por su ego

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Nacho Álvarez en "Todo se sabe".
Foto: Captura Todo se sabe.

En otro de los pasajes más comentados de la entrevista, Álvarez habló sobre la imagen pública que construyó a lo largo de tres décadas y lanzó una frase al ser consultado sobre si consideraba "agrandado".

“Una cosa es ser agrandado y otra ser grande. Yo no soy agrandado, soy grande”, sostuvo entre risas, aunque enseguida desarrolló el concepto. "El agrandado es aquel chiquito que se cree grande". Según explicó, no se trata de soberbia sino del reconocimiento de un recorrido profesional construido a fuerza de romper barreras y asumir riesgos dentro del periodismo.

“En pila de cosas siento que soy grande. En otras siento que soy chiquito. Pero en haber hecho todo este recorrido y reconocer muchas cosas de mí, sí”, afirmó.

Lejos de mostrarse indiferente frente a las críticas y el odio que genera su figura pública, el periodista aseguró que todavía le afectan los ataques personales y consideró peligroso naturalizar ese tipo de agresiones.

“A mí me duele. El día que te resbale que te puteen, hay algo mal en ti. Te convertís en una piedra”, expresó.

No obstante, aclaró que aprendió con el tiempo a no desgastarse respondiendo a los llamados “haters”, aunque admitió que las agresiones dirigidas a personas cercanas —como su pareja o sus hijos— le siguen generando un fuerte impacto emocional.

La conversación transitó además por otros temas como la exposición pública, el ego, las contradicciones del periodismo y la paternidad. En uno de los tramos más sensibles, Álvarez contó que suele emocionarse al ver videos antiguos de sus hijos cuando eran niños.

“Los veo jugando conmigo y lloro porque esos ya no están. Se fueron”, dijo con melancolía, en una definición que volvió a mostrar el costado más humano de un comunicador.

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