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Mañana en Sala Zitarrosa se presenta Manuel García, uno de los más relevantes cantautores chilenos; es su debut en Uruguay y viene a presentar un disco cargado de éxitos y estrellas
Manuel García es uno de los grandes cantautores chilenos y uno debería culpar a la cordillera de que acá no nos hayamos enterado antes de su arte. Estamos a tiempo de saldar eso: mañana se presenta en Sala Zitarrosa con un repertorio que abarca ya casi 30 años de carrera. Es a las 20.00 y hay entradas en Tickantel.
Su llegada a Montevideo es parte de la gira por El caminante, su último disco en que el recrea algunas de sus canciones emblemáticas. Lo hace con un montón de camaradas talentosos entre los que están Mon Laferte, Pedro Aznar, Silvio Rodríguez, Lenine y DePedro.
Ese plantel revela la amplitud sonora de García (que estuvo en Uruguay como telonero de Calle 13 hace unos cuantos años), un cantautor de poesía sensible y curiosidad musical.
Sobre su carrera, sus influencias, Chile y que siente al tocar ante un público nuevo como el uruguayo, El País charló con García.
-Al final de la versión incluida en El caminante de “Tanto pienso en tí”, hay un candombe. ¿Cómo llegó ahí?
-Eso es por (el productor) Jairo Zavala, o sea DePedro, quien está metido en una investigación sobre la música africana en Hispanoamérica. Y en este caso el tema ya sugiere la rítmica del candombe. En las canciones dejo como dibujadas las intenciones de ciertos ritmos, como un boceto, pensando que tal vez en algún momento se convierten en otra cosa. Y eso ocurrió en “Tanto pienso en ti”.
-Me es inevitable achacar a la cordillera con Chile, lo poco difundida que ha sido en Uruguay su larga y exitosa carrera ...
-Está eso y que a Chile le ha costado contarse al mundo. Hay una versión del Chile de la época de la dictadura, del exilio, de las músicas maravillosas de Inti-Illimani, de Quilapayún, de Víctor Jara y Violeta Parra. Pero hay nuevos fenómenos y formas musicales, nuevas generaciones. Y no solo en la canción sino que en la poesía, la danza, el cine,la literatura, la fotografía. Si algo nos convoca -dentro de todos los temas que nos convocan hoy cuando nos estamos revisando históricamente- es que muchos artistas estamos buscando aprender a contar Chile, a sacarlo fuera, a generar relaciones de cariño con otras culturas, agradecer y convertirnos en buenos vecinos y vecinas. La circunstancia social e histórica nos ha llevado a esta especie de ostracismo donde no solo un artista es desconocido, sino mucha de la realidad que vamos viviendo como pueblo.
-En ese sentido para quien no lo conoce, ¿El caminante es una buena puerta de ingreso?
-Sí porque parte de un mirar para atrás provocado porque cumplí 50. Fue bonito mirar atrás y darse cuenta que que uno ha caminado la frontera, que ha generado lazos reales y verdaderos con amigos y amigas. Es celebrar un cumpleaños y dar cuenta de un trabajo en una antología compartida, alegre y agradecida.
-¿Por dónde pasa su camino musical?
-Como pueblo siempre hemos estado ávidos de conocimiento, lo que significa que nuestro quehacer cultural se entrelaza y comunica. Yo de Uruguay por ejemplo soy bebedor tanto de don Osiris Rodríguez Castillos en su guitarra y su canto sublimes hasta de músicos y hermanos como Cuarteto de Nos. Y así, la cruza de estilos se ha hecho natural. Y hay algo que tiene que ver con incorporar estilísticas diferentes sin olvidarse de las raíces.
-En Chile, sus presentaciones son en arenas para miles de personas y acá viene a una sala con un aforo de 500 personas. ¿Cómo se siente eso?
-A veces me preguntan cómo se hace para triunfar, esa palabra tan rara. Y digo que para eso hay que aprender a comenzar siempre de nuevo. La canción se hace desde el aprendizaje y desde la humildad de entregarla con amor donde quiera que sea. No es menos artista, el padre que canta el fin de semana en su casa, el muchacho que en una escalera se sienta a levantar una canción, ni el adolescente de barrio que conquista a su novia con un par de estrofas. La canción no solo se hace desde los grandes escenarios sino que siempre se agradece con humildad el público, el lugar y el momento que te toquen.