El abogado, docente, conductor radial, periodista cultural, escritor y melómano, Luis Fernando Iglesias no conoció a Baldío —la banda de Fernando Cabrera entre Montresvideo y su reconocida carrera solista— mientras el proyecto estuvo en activo.
Pero una vez que la descubrió, desarrolló un amor y un respeto tan profundos que se confirman en la edición de "Baldío", el último ingreso de la colección Discos de Estuario Editora. El libro funciona como un rescate de una obra fundamental de la música uruguaya a la que muchos, como en su momento Iglesias, recién están empezando a conocer.
“A Cabrera lo veo por primera vez apenas separado de Baldío, en 1984, en la Alianza Francesa, donde hizo un concierto con Bernardo Aguerre”, recuerda hoy Iglesias. “Y hubo temas que me encantaron: ‘Desbordando los barrios’, ‘Estás acabado, Joe’, ‘Llanto de mujer’. Y ahí me di cuenta de que la etapa de Baldío me la había perdido”.
Tras separarse Montresvideo, el trío con el que comenzó su trayectoria musical, Cabrera conformó lo que, en la época, podría ser considerado un “supergrupo”: la reunión de artistas con su propia carrera.
“Fernando venía de Montresvideo, una experiencia singular y exitosa con Daniel Magnone y ‘Pacho’ Martínez”, recuerda Iglesias, quien es periodista de El País Cultural y tiene una carrera como novelista.
Por su parte, Andrés Recagno, el bajista, y el guitarrista Bernardo Aguerre -quien funcionaba como un invitado permanente de Baldío- venían de un dúo, Quantum; Gustavo Etchenique, el baterista, venía de trabajar con Alberto Restuccia en la puesta de Juan Salvador Gaviota, y Andrés Bedó, el tecladista, de varias bandas de jazz. Todos, de alguna manera, giraban alrededor de Jorge Galemire, un nombre fundamental para esa generación.
El nombre Baldío se lo puso Etchenique, como un territorio en donde todo era posible. Y eso era el sonido de la banda: allí había lugar para la experimentación, el pop, el new wave a lo Police, el jazz, lo folklórico, los Beatles, la bossa nova.
Su vida fue verdaderamente fugaz: un solo disco (editado por Sondor en 1983) y un recital mítico en el cine Liberty, ahí a la salida del túnel de 8 de octubre.
El libro surgió por un conjunto de casualidades.
“Había ido a ver con mi hija a Fernando en un recital en 2020 con Jorge Fandermole y, a la salida de la radio, un día por la Ciudad Vieja, me encuentro con Fernando. Lo felicito y empezamos a charlar un poquito más. Yo no lo conocía tanto, pero ahí se me ocurre preguntarle: ‘Che, ¿por qué Baldío se paró tan rápido?’. Y me dice esa frase que para mí fue un disparador: ‘Nos morimos de tristeza’. Entonces pensé: ‘¿Cómo un disco que yo considero entre los cinco mejores de la historia fue un fracaso?”.
Ahí, Iglesias, siempre atento a dónde puede haber una historia, encontró una idea para seguir. La intuición se fue confirmando con horas de charla con Cabrera que indefectiblemente terminaban en Baldío.
La pandemia frenó al mundo y al proyecto del libro. Pero Iglesias siguió trabajándolo. Se contactó con los músicos y Aguerre, quien falleció en 2022, le facilitó material y le envió una carta con su historia con Baldío. Cabrera también siguió aportando material.
Y después de publicar su última novela, El tiempo es una gran mentira, dedicó 2024 y 2025 a concretar el libro.
-¿Y pudo responder la pregunta de por qué un grupo tan importante duró tan poco?
-Y se murieron de tristeza, como decía él: ¡no tenían trabajo! Y al final del libro se explica, sin entrar muy a fondo en el tema, el enfrentamiento entre el canto popular -que llegó a pensar que venían a sacarle protagonismo- y el rock posdictadura. Y en el medio quedó una serie de músicos como Darnauchans, Galemire. Y como Cabrera y Baldío, que no estaban ni con uno ni con el otro. Los silbaban desde ambos bandos. Y hubo temas personales: Bedó se fue para otros experimentos, Etchenique y Recagno ya estaban trabajando mucho con Jaime Roos, que iba con un éxito ascendente. Y Fernando, el mismo 1984, ya empieza a grabar El viento en la cara, su primer disco solista.
Iglesias es un escritor premiado: su novela El hombre que despertaba fue Premio Nacional de Literatura del MEC (2013) y los libros de relatos Todas las cosas deben suceder (Premio Nacional de Literatura, 2012), Historias infieles (2010) y Canciones de otoño (Premio Narradores de la Banda Oriental, 2005). En El tiempo es una gran mentira, ficcionalizó y confirmó la leyenda urbana de que Jimmy Page había estado en Conchillas, en el departamento de Colonia. Baldío es su segundo libro en la colección Discos de Estuario; el otro fue Ideación, de Psiglo.
Además de periodista de El País Cultural, tiene un programa en Radio Cultura, Historias de música, desde 2016, en el que repasa vida y obra de artistas musicales y géneros.
-El libro es un rescate de una obra fugaz...
-Lo más contento que me dejó el libro hasta ahora es la cantidad de gente que me ha llamado a decirme que no le habían prestado atención a ese disco y lo volvió a escuchar y se dio cuenta de que era un discazo. Ese es el mejor premio del libro: que haya propiciado que se lo escuche. Ese siempre fue el objetivo.