Tini en el Estadio Centenario: un show sin precedentes en Uruguay, casi tres horas de fiesta y una confesión

Este domingo, la cantante Tini presentó "Futttura" en Montevideo y sorprendió con una puesta en escena impactante, una revelación sobre su salud y un cantante uruguayo como invitado. La crónica.

Tini
Tini durante un show de la gira "Futttura".
Foto: Difusión / Archivo

Cuando ya ha pasado mucho desde que inició su show, Tini —en la punta de una pasarela que cruza un tercio del ancho de la cancha del Estadio Centenario—, que acaba de cantar una de sus piezas más emotivas, "Ángel", dice que, antes de seguir con el concierto, le urge decir algo. Nadie espera lo que viene después: la confesión de que pasó los últimos días con una laringitis que le quitó la voz, que recién volvió en el último par de días.

Al borde del llanto, ante más de 40 mil personas que solo están ahí por ella, pide perdón. Dice que se siente mal por no poder estar al 100 por ciento de su rendimiento vocal. Asegura que lo está dando todo. Admite que se siente "muy frustrada". Ofrece disculpas por cualquier desafinada, después pide ayuda. Quiere que el público cante con ella "Buenos Aires", otro de los golpes bajos de su disco un mechón de pelo. Todos acatan. Están ahí para jugar ese juego: el de darle todo lo que puedan a la artista que idolatran, y llevarse a cambio un pedacito suyo, un video en el celular, una canción, algún recuerdo imborrable.

Este domingo, a cuatro años de haber teñido el Estadio Centenario de rosa y de haberse apuntado en la historia de los grandes recitales que han pasado por Montevideo, Tini cambió de categoría. Trajo un espectáculo como nunca se había visto en Uruguay y lo sostuvo a fuerza de talento, equipo y carisma.

En Futttura, Tini —Martina Stoessel, 28 años, actriz y cantante que se ha consolidado como una de las principales estrellas pop de la región— recorre todo su camino artístico. Dividido en bloques engranados en una máquina que nunca frena, que apenas si deja espacios para los aplausos, la propuesta se abre con una sección contemporánea y erótica (incluye "El cielo", "La loto", "Muñecas" y así). Viaja a los inicios con parte del repertorio de Violetta, hace una breve transición rumbo a la oscuridad de un mechón de pelo, el disco en el que se destruyó para reconstruirse; se levanta con baile. Luego descansa en las baladas y finalmente convierte el escenario en un bar, para cerrar casi tres horas de canciones a puro desenfado.

Para eso, se apoya en un numeroso plantel de bailarines, una producción ambiciosa y una banda que permanece oculta detrás de una puesta en escena sin igual. Futttura es un show de primera liga mundial: se despliega en un escenario de 65 metros de largo si se cuenta las inmensas pantallas a los costados de la base central, en una serie de pasarelas larguísimas (las internas y la que se mete en el campo) y en estructuras móviles de alto impacto visual.

Tini hace su aparición desde los cielos, bajando de una suerte de plato volador que es a la vez planta de luces y soporte de más pantallas. Cuando llega la sección Violetta alterna entre una plataforma ascendente con forma de diamante y un círculo con una estrella que otra vez la lleva a volar por los aires. Baila en una jaula, trepa escaleras. Baja del escenario para cantar bien cerca del público. Nunca para de moverse y salvo cuando el acting lo requiere, nunca deja de sonreír.

Tini Stoessel en Futttura.
Tini Stoessel en Futttura.
Foto: Difusión.

Todo —la exigencia técnica, las visuales, el despliegue de luces, las llamaradas de fuego que brotan cada tanto, la pirotecnia— hacen a la experiencia Futttura, que fue concebida como algo más que un recital. Sin embargo, lo más meritorio no es eso sino cómo Tini, subida a esa infraestructura monumental, logra cierta cercanía. Sus fans le celebran la espontaneidad y la contienen cuando se muestra vulnerable como si fuera, ella, una amiga, alguien con quien han compartido la vida. Tini recoge esa sensación y se ocupa especialmente del ida y vuelta: hace el segmento de baladas con un Pabellón Nacional que sus fanáticas locales le acercaron ayer; recibe y usa algunos regalos que le lanzan (un sombrero de brillos, unos lentes rosa), y hasta le pide al Estadio entero que le cante feliz cumpleaños a una niña que anuncia su onomástico mediante un cartel. Como una sorpresa especial, además, convoca al artista uruguayo The La Planta y al argentino Valentino Merlo para hacer "Hoy".

Cuando el final está cerca y es momento de hacer "La triple T", uno de sus mayores himnos, Tini —que se emociona cuando escucha cómo la multitud canta "Carne y hueso" y en varios momentos de la noche queda al borde de las lágrimas— dice que siempre habrá alguien listo para criticar y que hay que animarse a ser, a divertirse, a probar. Que ella ya la pasó mal por las opiniones ajenas, pero que ahora nada le importa más que ser auténtica. Y de alguna forma Futttura intenta reflejarlo. Hay algo del gesto de Tini, una alegría genuina, que no está tan lejos de esa Violetta que aparece en las pantallas y recuerda cómo fue que todo comenzó.

Y sin embargo, todo ha cambiado. El rosa predominante de aquel concierto de 2022 en el Centenario ahora fue suplantado por negro y plateado. Pero también mutó su pop, que fue perdiendo cierta inocencia para ganar en cuerpo, en pisada. Ahora, un show de Tini abarca desde texturas más rockeras a bases techno y desde lo áspero del trap a la cadencia de la cumbia, sin olvidar las melodías Disney ni el llamado a saltar hasta que den las ganas. Quizás por eso de que ya no le importa lo que opinen los demás: no son esas voces las que la han puesto en este sitio, sino una audiencia masiva, niñas y adolescentes y jóvenes y madres que reconocen en ella algo que quieren seguir. A veces para emocionarse, a veces para bailar y sencillamente pasarla bien.

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