Es el mediodía de un viernes pegajoso en Buenos Aires y, afuera de los estudios Cuyo —donde durante años Marcelo Tinelli montó la maquinaria del Bailando por un sueño— un grupo de adolescentes espera bajo la sombra mínima de una garita de seguridad. No necesitan confirmación oficial: su GPS de fanáticos les avisó que Tini Stoessel estaría allí. La camioneta negra con vidrios polarizados que entra sin detenerse es suficiente para confirmar sus sospechas.
El primer indicio de que la creadora de hits como “Fresa”, “Pa” y “Cupido” ya ingresó no es un productor ni un asistente que lo anuncia: es Fifi, la pequeña galgo que rescató, que pasea con chaleco rosa chicle. En la puerta de la sala de ensayo, un cartel advierte: “Por favor mantener la puerta cerrada, perro suelto”, acompañado por la foto de la perrita.
Después de varios minutos, Tini recibe a la prensa del interior argentino y también de Chile, Paraguay y Uruguay para hablar de Futttura, el show que presentará el 22 de febrero en el Estadio Centenario y donde repasa su carrera, desde las canciones de Violetta a su descarnado último disco, Un mechón de pelo. No es un concierto más: es una superproducción pensada con estándares globales para una artista que hace tiempo dejó de ser ídola solo de la región.
La sala de ensayo, desnuda, impone por su tamaño. Hay una tarima de varios metros, marcas en el piso que delimitan cada desplazamiento y técnicos que ajustan tiempos con precisión quirúrgica. Frente al escenario, unas veinte personas —productores, fotógrafos, maquilladores, sonidistas, familiares— observan cada movimiento como el jurado más feroz. No hay margen para la improvisación: cada luz, cada pausa, cada entrada está calculada para un show que ha recibido elogios de la prensa y ha tenido entradas agotadas.
Comienza el ensayo (la prensa solo puede ver los primeros 20 minutos) y el engranaje se activa. No hay público, pero la energía es de estadio lleno. Los bailarines ejecutan coreografías vigorosas que ya saben de memoria, y Tini canta en vivo, baila a la par, corrige y bromea. La estructura hidráulica del escenario no está, pero el tiempo de cada movimiento ya está cronometrado al segundo.
Aun sin pantallas gigantes ni público gritando, la escala es evidente: Futttura no tiene nada que envidiarle a los grandes tours que recorren el mundo. Hay despliegue, precisión y una ambición clara de jugar en primera gracias a una artista con carisma y un repertorio repleto de hits.
Esa dualidad —la artista de estadio y la chica que todavía se emociona— explica parte del fenómeno. Tini pasó de ser la adolescente de Violetta a convertirse en una de las referentes del pop urbano regional. Además, hizo historia en 2022 al ser la primera mujer (después de Mercedes Sosa y antes de Shakira) en llenar el estadio Centenario.
En este tiempo también atravesó momentos difíciles: habló de inseguridades, salud mental y del impacto de la sobreexposición, y canalizó esa crisis en una etapa más introspectiva, con un disco visceral. Por eso Futttura, funciona como recorrido emocional más que simple espectáculo.
Sobre su vínculo con Uruguay, la exposición y Futttura, Tini habló con El País.
“Volver a Uruguay me pone muy contenta”, dice Tini en una salita decorada para hablar con la prensa y en la que hay unas 10 personas. “Fue un show que me generó muchos nervios porque era de los primeros estadios que hacía, y ver todo rosa fue impactante. Fue un show inolvidable, y volver es un honor”.
—En 2022 hiciste historia porque fuiste la segunda mujer en llenar el Centenario, después de Mercedes Sosa. ¿Qué se siente ser parte de un momento histórico?
—Recién me preguntaron con qué artista de Argentina que ya no está me hubiera gustado hacer una canción y dije: Mercedes. Es difícil, a veces, entenderlo así, por completo, y ser consciente de dimensionar ese tipo de cosas. Mismo entender lo que fue Futttura, esos nueve shows y la cantidad de gente que fue, como en cada gira. Subirte a un escenario y que haya gente que hace tanto esfuerzo para poder estar ahí, es algo que a veces uno no llega a dimensionar del todo, pero sí es acordarme del sueño de esa niña y verme cumpliéndolo, es muy emocionante también.
—¿Qué significa Uruguay en tu vida y en tu historia?
—Siempre fue, desde Violetta, un país que me recibió con las puertas abiertas y me acompañó mucho. Después de la serie también, como solista en cada paso que fui dando, en cada álbum, en cada canción, en cada show. También está tan cerca de casa, así que es un lugar al que he ido hasta para pasar vacaciones, estar con mis amigos. Lo siento muy cerca de casa y me encanta.
—Desde tu última visita, en 2022, si bien pasaron solo cuatro años, pasó mucha agua bajo el puente. Ahora volvés con Futttura, un show que recorre una carrera que conocen millones. ¿Cómo se vivieron los primeros shows en Argentina?
—Bueno, pasó de todo, porque el clima no acompañó. Yo me frustré un montón, porque hablando técnicamente, es un show extremadamente complejo. Había más de 40 personas arriba del escenario, por lo que estaba el peligro de la lluvia, que te caigas o algún bailarín se lastime. La gente estaba mojada, hacía frío, pero sacando todo eso, fue algo increíble. Fue un desafío enorme proponer que un show que suceda en tres escenarios distintos, yo moverme de uno al otro, en cada escenario contar una historia diferente y que la gente nunca deje de desconectarse y se quede hasta el último momento, con tres horas de show, fue increíble. Creo que fue el show más especial de toda mi vida. Al mismo porque tiempo recorrí, de alguna manera todas mis etapas, y contándolo desde la persona que soy hoy, fue algo mágico.
—¿Y cómo fue volver a esas primeras canciones de Violetta y tratar de conectar otra vez con ese momento de tu vida tan adolescente?
—Los cuatro meses previos, con ensayos vocales, y en las pasadas generales con los bailarines, no las podía cantar. Me largaba a llorar mucho con Violetta y decía: “uff, ¿voy a poder cuando escuche a la gente cantarlas?”. Y después de tanto llorar en los ensayos, logré poder cantarlas en vivo. Terminó sucediendo algo re mágico que fue la llegada de Jorge (Blanco) y Mechi (Mercedes Lambre) que me acompañaron en canciones icónicas de Violetta. Es abrazar mucho, mucho a esa niña, recordar muchos momentos, acordarme de cosas que me había olvidado. Todo me removió un montón.
—Tus shows de Futttura tuvieron invitados, ¿se puede adelantar algo de lo que viene a Uruguay?
—Seguramente haya sorpresas pero no puedo adelantar mucho.
—Como decías, los shows de Argentina tuvieron tres escenarios, ¿a Uruguay llega solo el central?
—Para las giras no entran tres escenarios en ningún lado. Lo hicimos en Tecnópolis y se pensó mucho en el escenario principal que es con el que se viaja. Es una demencia y no puedo creer que tengo la oportunidad de poder viajar con ese escenario, con todo mi equipo y poder brindar este show. Lo lindo que quedaron los tres mundos en ese escenario también es impresionante porque como que se va transformando en diferentes cosas. Fue un trabajo muy lindo también, de experimentar, así que va a ser muy interesante todo.
—Después de casi 20 años de exposición ¿te has encontrado con alguien que no sabe quién sos?, ¿te gusta ir a lugares donde no te conocen?, ¿existe ese lugar?
—Sí, re. Hay veces que sí.
—¿Es lindo pasar desapercibido un rato, ¿no?
—Sí, la verdad que sí. Tampoco es que dejo de hacer algo. Ponele que tengo ganas de ir arriba a una mesa a bailar y a cantar. Y de repente me daría un poco de vergüenza con mucha gente filmando. Pero me cruzo con gente que de repente no tiene ni idea, y todo bien.
—Futttura viene después de Un mechón de pelo, un disco en el que te mostraste y sonaste como nunca antes. ¿En qué momento dejaste de sentir que tenías que demostrar algo y empezaste a elegir tu camino?
—Creo que en ese momento fue inconscientemente, porque todavía estaba en ese proceso. Solamente tenía la necesidad de poder ser realista con la gente que me escucha, con la gente que paga una entrada para verme, y decir: “yo no puedo seguir actuando como que está todo bien, me está pasando esto. Después entender que yo necesitaba un tiempo y que no podía seguir una máquina como si no me tratase a mí misma, como digo, para empezar, a poner límites. Y creo que hoy estoy en ese momento de mi vida, donde entendí por qué me pasó, encontrar las herramientas, seguir repreguntándome, eligiendo, entendiendo mis límites. Hay un montón de cosas que hoy en día soy eso, pero llevó su tiempo. Y creo que para cualquier persona igual, como la salud mental. Hoy se habla mucho más pero está bueno que te deje de ser como un tabú, y entender que ir al psicólogo está buenísimo, que si es necesaria la ayuda de un psiquiatra también está bien, que forma parte de la vida, que uno tiene sus momentos y que uno no está solo en esa sensación, y que siempre va a haber alguien que te va a querer y que te va a ayudar. El miedo de no contarlo te hace, quizás, llegar a lugares que no están buenos y por eso está bueno hablarlo con naturalidad y entender que forma parte de la vida.
—Y en términos musicales, ¿qué se viene en el futuro? Después de cantar con Coldplay ¿cómo se supera eso?
—Estoy en dos procesos distintos: escribiendo un nuevo álbum además del que ya está listo que todavía no salió, que viene con un montón de sorpresas y que me emociona mucho. La realidad es que ya tengo todo armado y pensado de lo que quiero en el próximo álbum; y ya empecé en ese camino a encontrarme musicalmente y en esa búsqueda se vienen diferentes cosas, como soy yo. Vas a Futttura y ninguna canción es igual a la otra, ningún bloque es igual al otro y ninguna transición es igual a la otra. El vestuario, mis peinados, el maquillaje, el constante cambio, para mí es necesario en mi vida, y forma parte de mi transformación. Y musicalmente seguramente sea eso.
—Vine con una remera con la cabeza de Medusa porque siento que estoy entrevistando un mito, una leyenda. Por eso quería preguntarte: cuando se apagan las luces, ¿qué cosas simples te sostienen hoy?
—Loco, me hiciste llorar. Me reemocioné con lo que me acabas de decir. No sé, a veces es difícil verse de afuera y entender que hay un montón de gente que te quiere y que va a pagar una entrada para verte, es una locura. A veces caes como en esa conciencia real de decir “estoy parada en el escenario, hay un montón de gente que conecta con esto que estoy haciendo y estoy cumpliendo mi sueño también”, y ver a mi gente cumplir sus sueños, a cada bailarín, a cada músico, a mi coreógrafa de toda la vida, a mi equipo que me acompaña, eso no me deja de sorprender, la verdad. Hice todo lo posible para no llorar porque soy muy llorona.
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