Samantha Navarro: más de tres décadas de carrera, su nuevo libro infantil y un disco debut que sigue vivo

En diálogo con El País, la artista habla sobre su faceta como escritora, el recital aniversario con figuras invitadas y cómo cambió su mirada sobre aquellas composiciones de los años noventa.

Samantha Navarro
Samantha Navarro.
Leonardo Maine/Archivo El Pais

Hace 32 años, Samantha Navarro daba un salto de fe. Motivada por que Eduardo Darnauchans y Fernando Cabrera escucharían así su música, se postuló al Primer Festival de la Canción Inédita de Montevideo, del que eran jurados, y lo ganó. Ese fue el primer empujón a una carrera musical que la terminaría posicionando como una de las cantautoras más relevantes de la música popular uruguaya contemporánea.

En 1996, lanzó Samantha Navarro, su álbum debut, con 13 canciones en las que ya se nota el estilo lúdico, la predominancia de la guitarra y su capacidad vocal. Desde entonces ha publicado cincos discos solistas y con proyectos como Trovalina y La Dulce.

En ese mismo espíritu es que este 29 de agosto celebrará tres décadas de carrera. La acompañarán Martín Buscaglia, Rodra, Dani Umpi y Ana Prada, entre otros. Las entradas están en Tickantel a 700 pesos. Hay 2x1 con Club El País.

Al aniversario también la encuentra descubriendo nuevos horizontes. Acaba de publicar Elefantín, su primer libro infantil, con la editorial Alfaguara.

Con su guitarra a un costado, Navarro conversó sobre esto con El País.

—¿Por qué decidiste hacer un libro infantil?

—Cuando tenés un hijo te atraviesa y te pasa de todo. Yo volví a leer libros infantiles y a entrar en contacto con ese mundo por mi hijo Simón. En pandemia, nos mudamos a Shangrilá y la casa tenía una cocina enorme. Un día, mirando una taza, se me vino a la cabeza una historia de un elefantito que se bañaba ahí y agregué elementos de nuestra vida: el baúl con superhéroes, la gatita de mi suegra. Entonces empecé a dibujar y escribir la historia. Era algo raro para mí, estaba muy alejado de lo que hago, pero cercano en fundamento: la fantasía, el juego, la observación.

—¿Cómo decidiste publicarlo?

—Se lo mostré a mi hermano (Martín Rivero, cantante de Astroboy) de casualidad, y me dijo que estaba buenísimo, que tenía que hacerles canciones a los personajes para unir todo, pero que tenía que publicarlo. Me moví con todos mis contactos, ya me había entusiasmado y a través de Ignacio Alcuri conseguí un contacto en Alfaguara.

—Una vez me dijiste que componer canciones te inspiraba a escribir ficción. Acá el proceso fue opuesto.

—Fue muy fácil porque ya estaba casi hecha la letra. Tenía que ser simple, algo que no es tan fácil de lograr. Me costó mucho encontrar la idea original de Elefantito. Una vez que apareció, se estructuró.

—¿Hace cuánto dibujás?

—Desde que soy niña, nunca paré. Durante mucho tiempo dibujaba todos los días. Me hubiera dedicado a eso, pero no me animé.

—¿No ves un paralelismo con tu carrera musical? Presentándote en aquel festival con Darnachauns y Cabrera...

—Hay algo que tiene que ver con la maravillosa puntería del azar. Te encontrás con la persona adecuada que en ese momento genere la energía necesaria para un cambio de vida. Me imaginaba que iba a ser el único disco que fuera a hacer porque era medio raro. Yo pensaba que era maravilloso, pero notaba que no era del gusto popular. Entonces decidí hacer todo lo que se me ocurriese en esa oportunidad.

—Cuando lanzaste Samantha Navarro, ¿imaginaste que iba a tener esta importancia para otras artistas en el futuro?

—No. Luego de 15 años sí lo pensé, pero porque ya me había encontrado con personas que me lo habían dicho. Me daba un poquito de cringe el disco. Es muy loco y divertido de escuchar. Tiene una intensidad que ahora no existe.

—¿Cómo fue variando tu relación con él?

—Pasé por todos los estados, por un momento no podía creer que lo hubiera hecho. Ahora estoy sacando los temas y yendo a clases de guitarra con Isma Ruibal.

—¿Le cambiarías algo?

—No, para mí el disco, dentro de todo el delirio que tiene, está perfecto. No sé si lo podría hacer hoy, es otro mundo, yo soy otra persona y pasó mucho tiempo. Para el show cambiamos algunas y otras no. En algunas variamos el tono porque yo era una soprano agudísima. También lo hice para acomodarme con la voz de alguna invitada.

—Rada participó en la producción de Tengo recuperación. ¿Qué aprendiste con él?

—Es un fuera de serie y un gran maestro. Yo tenía una idea que era un delirio y él la resolvía de una manera que quedaba mucho mejor. Aprendí sobre melodías, sobre cómo encarar el micrófono. Ya era mi tercer o cuarto disco e igual aprendí muchas cosas sobre grabación.

—¿Y cómo surgió la oportunidad de trabajar con él?

—Creo que él se copó con el primer disco. Y no sé muy bien por dónde vino. Hizo el disco de MartínBuscaglia y este. Tenía un sello y quería apoyar a estos artistas más jóvenes que veníamos “revolucionando” la canción montevideana.

—El show por tus 30 años de carrera va a contar con muchos invitados. ¿Por qué elegís celebrarlo en compañía?

—Porque se me ocurrió hacer el show gracias a la sugerencia de otros colegas. Luego fui al Encuentro de Mujeres y Disidencias de la Música Uruguaya en Espacio Dinamo y me encontré con Rodra, con Clipper, con Viviana Ruiz. Las invité porque sabía que para ellas había sido muy importante este disco y quería compartirlo con ellas. Me pasó lo mismo con Sofía Alvez y Ana Prada. Tenía que invitar a Martín Buscaglia y a Luciano Supervielle porque estuvieron en la grabación del disco. A Dani Umpi lo conocí gracias a este álbum.

—Mostrarle el libro a tu hermano fue lo que te hizo decidirte a publicarlo. Querer mostrar tu música fue el primer paso en tu carrera. ¿Qué tan importante es el otro en tu proceso creativo?

—Es fundamental. Cuando estás sola, trabajás con tus fantasmas. Siempre necesitás la mirada y el apoyo de un otro, para bien o para mal. Ahora hay un problema que es el exceso de la mirada del afuera con el tema de las redes: los likes, el supuesto éxito, las posibilidades de que en un minuto un video sea un exitazo. Básicamente, una sarta de pavadas.

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