Mota: el nuevo comienzo de Pablo Silvera y el Graffiti a la banda del año se celebran con un concierto y un EP

Este viernes, el grupo que encabeza Pablo Silvera llegará al Anfiteatro Canario Luna para su último show del año luego de haber ganado dos Graffitis, uno a banda del año y otro a mejor disco por "Mota".

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Mota en Sala del Museo.
Foto: Mathías Arizaga.

En “Algo de verdad”, uno de los puntos altos del disco debut de Mota, Pablo Silvera cantaba una frase que capturaba sus nuevas intenciones: “Ahora solo quiero arder, ser una fogata nueva / Quemar todo lo que me hizo mal, renacer desde la hoguera”. Hoy, a un año y medio de haber abierto su segundo capítulo musical —el primero, claro, fue Once Tiros—, sonríe cuando se le recuerda aquella declaración de nuevos principios. “Era algo necesario porque cuando se terminaron los Tiros era un ‘no’ rotundo volver a la música”, asegura. “Había olor a quemado por todos lados”.

Sin embargo, el reinicio de su camino musical —junto a algunos excompañeros de banda y algunas incorporaciones— no ha sido más que una buena cosecha. “Estamos reconectando con tener una banda como si tuviéramos 20 años de nuevo”, celebra. “En vez de venir cansados, porque empezamos muy jóvenes, lo vemos como que hoy tenemos una segunda oportunidad”.

Desde que Mota anunció su nacimiento en febrero del año pasado —“no sabemos si nace o de alguna manera siempre estuvo ahí, latente”, anunció el grupo en sus redes—, el quinteto pasó por unas cuantas pruebas y conquistas que hicieron que Silvera recuperara su deseo de hacer música. “Es como volver a vivir esas mariposas en la panza, y va desde tener que elegir el nombre hasta cómo nos mostramos o cómo hacemos un afiche”, cuenta.

La banda publicó su disco debut a principios de abril de 2023, y a las dos semanas se presentó en sociedad con un show en el festival Cosquín Rock Uruguay. De la mano de canciones como “Chamán”, “El dilema” y “Plata igual plomo”, en las que el quinteto se paseaba con soltura entre el hard rock, el rap, el punk, el grunge y hasta el funk —en ese sentido, el aporte de vientos fue clave—, el grupo llamó la atención de quienes lamentaron el final de Once Tiros y atrajo a una nueva camada de seguidores.

En este tiempo, Mota llenó la Sala del Museo y La Trastienda, pasó por festivales como Durazno Rock y Montevideo Late, y repitió su participación en el Cosquín Rock, esta vez para cerrar la primera jornada, con músicos de los grupos argentinos Eruca Sativa y El Plan de la Mariposa como invitados.

Y ahora acaba de ganar dos premios Graffiti que suenan a confirmación: uno por disco de rock gracias a su debut y otro como mejor banda del año. “De la nada pintan estos Graffitis y de nuevo somos todos botijas de 18 años festejando”, cuenta el también conductor de Mirá Montevideo (TV Ciudad).

Como forma de celebrar el triunfo, este viernes a las 21.00 la banda cerrará el año con un espectáculo en el Anfiteatro Canario Luna (entradas a RedTickets al 710 pesos). El escenario, pegado al Antel Arena, suele funcionar como tablado popular durante Carnaval, pero en el último tiempo ha ganado fuerza como plaza para la descentralización de shows. A principios de mes Agarrate Catalina actuó allí, y en las próximas semanas habrá recitales de Denis Elías junto a Mariano Bermúdez, Raúl “Tintabrava” Castro y Martín Quiroga.

“Es un escenario impecable, y queríamos hacer un concierto al aire libre y llegar a nuevas salas”, cuenta Silvera, quien además espera que el lugar los acerque a un nuevo público. Así que si anda por la vuelta, esta es una buena oportunidad para escuchar a Mota en vivo.

El repertorio incluirá canciones de su disco debut e intercalará algunos clásicos de Once Tiros. También habrá lugar para dos novedades: “La maquinaria” y “Contracorriente”, los dos adelantos de un EP de cuatro canciones que la banda lanzará en diciembre.

Si bien ambos temas reafirman la energía que define al repertorio de Mota, en el plano letrístico presentan una nueva arista en la forma en que Silvera se para frente al mundo.

—“Contracorriente” recupera el espíritu crítico que alimentó a Mota, pero esta vez se acompaña de una propuesta: “El encuentro es todo lo que se precisa para estar haciendo una pequeña contribución a convivir desde el respeto y la empatía”. ¿Es una nueva búsqueda en tu obra?

—Yo creo que sí. Me acuerdo que hace unos años me puse en plan “Síndrome del Impostor” y repasé los discos de los Tiros y me propuse leer las letras como si no fueran escritas por mí, y recuerdo que sentí que había un poco de desconexión. Me di cuenta de que describía una oscuridad y a un ser que está atrapado y tiene muchas cosas para decir, pero en mi vida cotidiana soy un tipo que nada que ver. Al menos por lo que me devuelven, soy un tipo con alegría, que disfruta de conversar y compartir. Entonces, miraba las letras y más allá de la tónica social, vi esa oscuridad y llegó un punto en que me dije: “Bo, ¿pero no planteo nada?” (se ríe).

—Y “Contracorriente” es un buen ejercicio.

—Sí, aunque me daba un poco de pudor escribir así y poner palabras como “respeto” y “empatía”. Sentía que era una bajada de línea medio “jipón new-age” y, de hecho en un momento el tema se iba llamar “Punk palomón”...

—¡Ya lo desestimabas!

—Sí, es algo que ya me ha pasado con otros temas, como “Nos dijimos todo”, de los Tiros, que la tuve encajonada durante un año. Después, cuando lo analizás, te das cuenta de que te interpela por los marcos en que fuiste criado y esa idea de ser un rocker. Pero bueno, le mostré “Contracorriente” a mis compañeros y quedaron alucinados con la canción, así queme hizo sentir que es un pequeño aporte. Mientras me sirva a mí, ya estoy muy contento.

—Esa intención conecta muy bien con la propuesta de “La maquinaria”, que habla de la búsqueda de sentido en un mundo hostil.

—Sí, porque termina con un estribillo que dice: “Por un último aliento, que se nos muere el tiempo, / Dale a cada momento corazón”. Hay una cuestión de que no vamos a poder solucionar el mundo, pero sí podemos ser conscientes y filosofar sobre el presente en el que estamos inmersos. También habla de que los cambios se pueden hacer de lo micro a lo macro, o sea estar con bien con mis amigos y mi familia, y que ese respeto y empatía se vaya propagando.

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