Martinho da Vila, leyenda de la canción brasileña y visitante asiduo de Montevideo, volverá esta noche al Auditorio Nacional del Sodre para repasar un repertorio atravesado por clásicos. El espectáculo, titulado Voz do Coração —en honor a su canción de 1991—, parte de un objetivo preciso. “Espero que las personas vuelvan a sus casas más felices que cuando llegaron al teatro”, le comenta a El País. “Quiero emocionar a la gente, que sea una fiesta”.
Y a sus 88 años, tiene las canciones perfectas para lograrlo. En 2024, en esa misma sala, celebró los 50 años de “Canta, canta minha gente”, su composición insignia —esa que invita a cantar para dejar la tristeza atrás—, con un show de clima festivo apoyado en clásicos como “Mulheres”, “Devagar, devagarinho” y “Disritmia”. Fue tal la energía que transmitió que, al terminar, parte del público caminó por Andes hasta 18 de Julio entonando en voz baja el estribillo de “Canta, canta minha gente”. Todo indica que esta noche podría repetirse la escena.
Esta vez promete un matiz distinto. La esencia musical será la misma; cambiará el enfoque visual. “Voy a llevar una técnica de iluminación muy especial, que trabaja en teatro, para que no sea solamente un show musical, sino un espectáculo lindo de ver. Eso es lo que les quiero ofrecer”.
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—En 2024 estuve en su show del Auditorio Nacional del Sodre y todavía recuerdo el entusiasmo que generó en el público: la alegría se contagia. ¿Cómo describiría lo que siente cada vez que sube a un escenario?
—Ese show por los 50 años de “Canta, canta minha gente” fue muy emocionante; salí muy feliz. Es maravilloso cantar en un escenario donde el público conoce las letras. Entonces no es ese tipo de espectáculo en el que el artista canta y el público se queda en silencio. No: es algo interactivo, cantamos todos juntos. El público forma parte del show: canta, a veces los dejo seguir solos, hago que me canten a mí. Es algo muy especial.
—Quisiera aprovechar esta entrevista para preguntarle sobre Portuñol Latinoamericano, su disco de 1980 donde canta en español varios de sus éxitos y versiona en portugués clásicos como “Gracias a la vida” y “Anacaona”. ¿Cómo surgió el proyecto?
—Fue un placer muy grande. Lo grabé porque nosotros, los brasileños, logramos comprender un poco el español cuando ustedes hablan, pero lo hablamos muy mal. Entonces mezclamos portugués y español, y de ahí viene el portuñol; es un nuevo idioma. Ese disco es muy lindo porque canté mis canciones en español y también en portugués. Fue muy lindo, ¿no te parece?
—¡Claro! Fue mi punto de entrada a su obra...
—¡Qué bueno! (sonríe) Ese disco terminó de abrirme las puertas en Uruguay.
—Ya que hablamos de intercambios de idiomas, cuando actúa en países donde no hablan portugués, ¿adapta su show o lo mantiene intacto?
—Cuando voy a hacer un show, no lo hago dirigido a un público determinado; hago el mismo espectáculo aunque esté en Alemania o en Inglaterra. Incluso cantando en portugués, las personas me entienden. Si vamos a un concierto de un artista coreano y el show es bueno, tiene buen apoyo musical, buenas armonizaciones y está bien cantado, durante ese rato nos sentimos como si todos fuésemos coreanos. Por eso hago el mismo show y canto en portugués. Y tengo suerte: hay muchos brasileños desperdigados por el mundo; en Uruguay hay muchos, y ellos hacen la fiesta conmigo. Eso es muy bueno.
—Cuando sale de gira, inevitablemente usted se convierte en un embajador cultural de su país. ¿Qué significa para usted llevar la música brasileña por el mundo?
—De hecho, soy embajador de buena voluntad de la comunidad CPLP, de los países de lengua portuguesa. Entonces tengo esa intención. Cuando subo al escenario, español y portugués se vuelven la misma cosa por un rato. Es muy gratificante.
—La última vez que lo entrevisté, usted mencionó que la samba, el estilo que lo define, “siempre transmite alegría y al mismo tiempo lleva a la reflexión”. ¿Cuándo tomó conciencia de eso?
—El samba, por más sencillo que parezca, tiene en las entrelíneas un mensaje que invita a reflexionar. Eso es muy importante: llevar a las personas a reflexionar a través de la música. Por ejemplo, mi canción “Tom maior” habla del deseo de un padre de ver a su hijo crecer libre en un mundo más justo. (Hace una pausa) ¿Sabés qué? Ahora que la mencioné, la voy a volver a poner en el repertorio (se ríe).
—En su último disco, Violões e Cavaquinhos, usted regrabó “O Pequeno Burguês” y “Para que dinheiro?”, dos canciones de su álbum debut. ¿Qué se mantiene intacto en su intención artística desde aquella época?
—Que cada vez que hago un disco intento que sea conceptual, que tenga una línea que lo atraviese. A veces puedo regrabar cosas, como ocurrió en Violões e Cavaquinhos. Ahora estoy preparando otro, que voy a grabar próximamente y que será solo de canciones inéditas. Tal vez cante alguna en Montevideo.
—¿Qué más puede adelantar de ese nuevo trabajo?
—Es un disco compuesto únicamente por canciones inéditas, algunas con invitados. Mi propuesta es mostrar cosas nuevas. Tengo dos bandas: una, la más antigua, con cavaquinho, guitarra, bajo, vientos y coros; y otra formada por jóvenes, a la que llamo A Banda dos Meninos… aunque, si me comparo con ellos, todos son muy jóvenes. ¡Ya tengo 87 años!… (alguien lo interrumpe). No, perdón, 88, me recuerdan por acá (se ríe con una carcajada). Ese grupo joven, que incluye a mis hijos Preto y Analimar, va a trabajar conmigo en este nuevo disco. Muchas veces me preguntan cuál es el secreto de mi vitalidad y, para mí, es convivir con la juventud. Cuando hacemos un show, todos somos iguales y tenemos la misma edad: yo me siento más joven y ellos se sienten más maduros.
—Además de rodearse de músicos jóvenes, usted sigue publicando discos, componiendo y ofreciendo conciertos. ¿Cree que ese impulso creativo es otro de los secretos de su vitalidad?
—Sin duda. Muchas veces pensé en parar un poco, en descansar, porque ya hice muchas cosas en mi vida. Pero después pensé esto: si tengo un auto viejo y lo dejo parado en el garaje, cuando quiera encenderlo no arranca (se ríe). Entonces, si dejo de hacer lo mío, corro el riesgo de no funcionar más. Por eso estoy siempre en movimiento.
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