Para Luis Angelero, aventurarse en su carrera solista fue como empezar de cero. Dejó Boomerang atrás, la banda que integró hasta su disolución en 2020 y con la que alcanzó hitos como ser el acto apertura del recital de los Rolling Stones en Montevideo en 2016.
Su primer paso en solitario fue Lento (2021), un álbum atravesado por la pandemia, sin una banda armada y, según él, con un sonido más pop. “Fue solamente empezar y no pensar mucho”, dice en diálogo con El País. Varias de las composiciones de ese debut se habían pensado, en un principio, para Boomerang.
En agosto de este año, publicó Adorador, el segundo disco de su trayectoria en solitario y ya con ciertas bases establecidas, como un power trío que lo acompaña. El nombre Adorador tiene una razón histórica y otra coyuntural. Por un lado, hace alusión a un dúo musical que tuvo con Álvaro Sánchez llamado Adoradores.
Por otro, surge de la adoración al artista y un fanatismo exacerbado que el musico siente que hoy está más presente y con el que busca ironizar. “Tiene un componente de trabajo en mí mismo”, explica y cita el caso de “Me salvé”: “A veces te pasa algo que no te gusta y lo primero que hacés es echarle la culpa al otro. Pasé por situaciones en las que tuve que aprender a salvarme a mí mismo”, sostiene. Sus letras, dice, ahora tienen menos pudor, aunque siempre ha priorizado la sonoridad de las palabras antes que su significado.
La inspiración fue la oscuridad de la ciudad, que se apodera del sonido. En palabras de Angelero, Adorador “es más crudo musicalmente” en comparación con Lento.
A lo largo de sus ocho canciones, la intención sonora de Angelero trasluce y propone un viaje hacia una decadencia urbana. Esto se acompaña por cuatro videoclips: “Aurora”, “A ningún lado”, “Me salvé” y “Nada termina”. Esto se debe a su fanatismo por el cine, el mismo que lo lleva a tener imágenes presentes a la hora de componer. Incluso cita la película francesa Los amantes del Pont-Neuf como fuente de inspiración para el álbum.
“Todo contamina y mejor que así sea. También me nutro de cosas que veo en la calle o una charla en un ómnibus, soy re de hablar con gente en bares”, explica. Hay lugares de Montevideo que se convierten en personajes, como la terminal de Tres Cruces en “XXX”. “Trata de una historia de obsesión que se da en ese lugar, de alguien que nunca avanza con otra persona”, afirma el músico.
En términos sonoros, sin embargo, la búsqueda se remitió al rock inglés, irlandes y a la distorsión.
También le dio lugar a la experimentación. En “Paracaídas”, incluyó una percusión hecha con un rulo de cuaderno. “Buscamos no corregir errores, quedaron muchas cosas de los primeros demos. Hay sonidos que los saqué a las 2 de la mañana tocando y era difícil que volvieran a sonar igual”, sostiene. En sus palabras, “tiene una tocada despojada”.
Además de su carrera solista, Angelero toca con el Cuarteto de Nos. “La experiencia es increíble, no solo por tocar, sino también aprendo de la perseverancia, ese espíritu de la banda es súper inspirador”, dice. El hecho de volver, por un rato, a ser el guitarrista de una banda le provee libertad.
Jugar entre la masividad de llenar estadios en México y tocar en bares acá lo hace bajar a tierra. Decidió no presentar Amador este año. Cree que la trayectoria musical no puede ser forzada, que no hay que ser más pretencioso que lo que su proyecto pide.
“Creo a veces nos ponemos a mirar para el costado sin pensar en que tu proyecto está acá. A veces, dar pasos para atrás es frustrante. Creo que cada uno tiene que buscar su manera”, concluye.
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