Karibe con K volverá al Teatro de Verano el domingo 8 de noviembre. Será su segundo espectáculo allí en el año, pero el primero con Álex Stella otra vez como integrante estable.
El cantante se sumó a la orquesta en 1992 y puso su voz a varias de las canciones que marcaron su repertorio en los noventa. Su regreso recupera una parte importante de esa historia y abre una nueva etapa para el grupo. Las entradas se venden en Tickantel, de 890 a 3190 pesos.
Antes del concierto, Stella y Yesty Prieto conversaron con El País sobre el presente de Karibe, sus recuerdos y el paso del tiempo. Una charla que, entre anécdotas y risas, también dejó lugar para confesiones personales.
—Es el segundo show de Karibe con K en el Teatro de Verano en el mismo año. ¿Cómo lo viven?
Álex: Para mí es muy especial. En marzo fui invitado con la intención de ellos, sin que yo lo supiera, de reincorporarme después de haber estado unos años ausente. Ahora ya vengo siendo parte, trabajando hace un tiempo con Karibe, y es como si nunca me hubiera ido. Estoy dentro de la cocina de todo lo que se está haciendo.
Yesty: En marzo nos asombramos porque el Teatro de Verano estaba lleno. Fue tremendo, emocionante. Tengo 62 años, soy el mayor del grupo, y ver eso después de tantos años es muy fuerte. Después nos enteramos de que había quedado gente afuera, que nos escribió porque se había quedado con las ganas. Entonces lo empezamos a evaluar y finalmente definimos volver el 8 de noviembre. En un año, meter dos Teatros de Verano y llenarlos no es fácil.
—Son más de 10 mil personas entre las dos fechas. ¿Qué les dice eso sobre la vigencia de Karibe y el acercamiento de nuevas generaciones?
Álex: Es increíble. A veces vamos a un cumpleaños de 15 y uno piensa: “Esta gurisa no puede venir a pedirme una canción a mí; seguramente le gusta a los padres”. Y te dice: “Sí, a mi papá le gusta, pero yo también los escucho”. Le pide a Gerardo “Polvo de estrellas” o “Cabalgata”. Hay algo que pasó de los abuelos a los padres y de los padres a los hijos. Karibe con K tiene magia.
Yesty: Ahora tenemos una responsabilidad muy grande: cimentar esto para siempre. Que Karibe con K quede instalado como algo épico. Hace 37 años que nació y es increíble cómo la gente nos sigue brindando cariño. Y es mutuo. No es que seamos los Rolling Stones; es cariño y agradecimiento.
—Álex, tu regreso recupera una etapa de Karibe que hacía años no estaba representada en el escenario. ¿Qué significa volver a esas canciones?
Álex: Todos tenemos un perfil, una forma de cantar, temas y una interpretación propia. Cada uno tiene su “chacrita” y después todo eso se unifica. Son generaciones y estilos distintos. Está bueno volver a canciones que fueron parte de una etapa mía y que el público quería escuchar.
Yesty: Además, Alex está entero de la garganta. Canta en el mismo tono que antes. Entonces, los cuatro hacemos una buena delantera. Cuando volvió, ni siquiera ensayamos los coros porque nos conocemos. Nos miramos y sabemos: acá va la tercera, acá la primera, acá la segunda. Eso es experiencia, oído y no ser un zapato... con todo respeto a los zapateros (se ríe).
Álex: En el primer toque después de volver, en Las Piedras, nos pasó eso. Nos mirábamos y ya sabíamos qué iba a hacer cada uno. Y muchos de los pasos clásicos tampoco me los olvidé. Los miraba y sabía qué tenía que hacer.
—¿Cuándo dijeron: “Álex se queda”?
Yesty: Ya lo teníamos pensado. Y la gente venía pidiendo mucho a Alex en las redes.
Álex: También hubo una especie de consulta con el público. Yo canté cuatro canciones y, cuando terminé, agradecí mucho. Entré con 17 años a Karibe. Los primeros tres discos me los sabía de memoria porque mi mamá me compraba los cassettes. Nunca imaginé que iba a terminar cantando con ellos. Yo estaba en cuarto de liceo y de ahí entré directo a Karibe. Para mí siguen siendo leones; les tengo el mismo respeto de siempre.
Yesty: Antes de marzo la gente ya nos mandaba por Instagram: “¿Y Álex? ¿Y Álex?”. Lo pedían. Y la entrada que hicimos estuvo muy linda: él estaba en la platea, con un seguidor de luz, y empezó a cantar desde ahí...
Álex: Sí arranqué con “Luna negra”. Y cuando llegó “Y vi la luna...” no pude seguir porque la gente siguió sola.
Yesty: Verlo bajar por las escaleras cantando mientras la gente aplaudía fue muy emocionante.
Álex: Sí, porque fue volver. Sabía que se hablaba de que podía quedarme y tenía la esperanza de que no terminara en esa invitación.
—Álex, dijiste que nunca habías imaginado que terminarías cantando con Karibe con K. ¿Cómo recordás tu entrada al grupo?
Álex: Yo estaba en una orquesta de gurises que se llamaba Agrupación Imágenes y, cuando se hizo un hueco en Karibe, me llamaron. En mi casa no teníamos teléfono, así que llamaron al de la vecina. Fue a fines de 1992. Me acuerdo de que iba en el 103 con mi madre rumbo al Centro y me sabía todos los temas de Karibe. Pero llegué a Sondor, me preguntaron qué sabía cantar y, de los nervios, se me borraron todas las canciones.
Yesty: ¡No sabía esto!
Álex: El maestro Óscar Gómez me llevó al piano de cola y me dijo: “Bueno, pibe, ¿qué sabés cantar?”. Le dije que sabía todas, pero no me acordaba de ninguna. Entonces tocó la intro de “Sin sentimiento” y empecé. Cuando llegué a la parte de “¿Por qué vuelves a meterte en mi pensamiento?”, de repente: ¡Pum! Bajó la tapa. Miré a mi madre y pensé: “Marché”. Pero entonces me dijo: “¿Viste al flaco de allá? Decile a tu mamá que le deje el número de teléfono”. Era porque les había gustado. Ahí entré.
—¿Qué se puede esperar de este Teatro de Verano?
Yesty: Va a estar Araca la Cana, también Marco Sandy y una orquesta de salsa en la que canta Nadia Suárez. Además, invitamos a cuatro damas: Marihel Barboza va a cantar con Miguel Cufós; Majo Álvarez, con Álex; Valeria Lima, con Gerardo; y Nadia, conmigo. Ellas mismas eligieron canciones de nuestro repertorio. Va a haber cuerpo de baile, cambios de vestuario y Martín Prado va a ser el hilo conductor, con un monólogo en el intervalo. El show va a durar unas tres horas. Nunca hicimos un show tan largo.
-Musicalmente, ¿qué destacan del presente de Karibe?
Yesty: La orquesta. ¿Viste que L’Autentika te arranca la cabeza? Bueno, Karibe con K te arranca las muelas. Queremos que nuestros espectáculos tengan sello de calidad.
—Ustedes dos manejan la capacidad de improvisar y jugar con la melodía de una canción. ¿Siempre fue así?
Yesty: Sí, aunque a veces te olvidás de algo y empezás a dibujarla, a jugar con la melodía. Hay gente que cree que estás cantando mal (se ríe). Me acuerdo de Pinocho Sosa, que cuando estaba en Karibe me me decía: (imita su voz) “A ver, Yestito, ¿en qué idioma vas a cantar ‘La cita’?”. Pero no me lo preguntaba atrás del escenario, donde podía arreglarla. ¡Me la encajaba ahí, en vivo!
—¿Y qué hacías?
Yesty: Yo le decía: “Hoy la voy a cantar en inglés”. Entonces él decía: “Señoras y señores, damas y caballeros, aplaudan, no dejen de aplaudir: Yestito va a cantar ‘La cita’ en inglés”. ¡Y yo no sé inglés! (risas). Pero ahí está la improvisación: tenés que salir de eso.
Álex: Pinocho era un showman por excelencia. Capaz que no era un cantante de excelencia, y él lo sabía, pero llevaba un espectáculo de principio a fin.
—¿Y esa improvisación termina en una canción?
Yesty: No puedo escribir, pero me salen melodías. Tengo un WhatsApp conmigo mismo que se llama “Me quiero” (se ríe). A veces, de madrugada, me surge una melodía y voy al baño para no romper las pelotas. La grabo ahí. Tengo cosas guardadas, pero escribir una canción entera no me sale. Cada colega con su zanahoria.
Álex: Nosotros tenemos algo que no se compra: la improvisación. Jugar con la melodía, saber cuándo hacer una pausa, cuándo entrar. Eso es intuitivo, no se enseña.
—Yesty, a mediados de año anunciaste en redes que pensabas en retirarte de los escenarios, pero después borraste el mensaje. ¿Qué pasó?
Yesty: Sí, lo había pensado. El año pasado tuve un preinfarto y empiezan las nanas, porque uno tiene 62 años... Hace 37 años me costaba volver a mi casa; ahora me cuesta salir. También estoy más sensible por todo lo vivido. Sé que si volviera a nacer, volvería a Karibe con K. Corregiría algunos errores que he cometido en mi vida, porque nadie está libre de eso. Pero, como dice la canción de Marc Anthony: (canta) “Si he de morir que sea de una pasión sin nombre”. Me gustaría morir arriba del escenario. Es ahí donde transcurrí la mitad de mi vida.