Tenía 7 años cuando dio su primer concierto. Sin embargo, lejos de los aplausos o el vértigo en la boca del estómago, su recuerdo más nítido de aquella noche es una travesura. Fascinada con los pasillos del Teatro El Galpón, llamó al stage o asistente de escena —el hoy comediante Germán Bernárdez—, le puso alguna excusa y luego le cerró la puerta de un camarín, le apagó la luz y salió corriendo. Es decir: del día que debutó en un escenario, todo lo que Julieta Taramasso recuerda está asociado al juego. A pesar de las giras por España, los shows en Nueva York o las presentaciones en el Teatro de Verano, eso nunca cambió.
Julieta Taramasso (23) es nieta y heredera musical de Popo Romano, uno de los bajistas más destacados de la música uruguaya. Juntos, hace cuatro años llevan adelante un ciclo que se realiza los martes, antes en El Hormiguero y hoy en La Taberna de Brecha, y que sirve como territorio para empaparse de jazz, canción de autor y raíz nacional.
El 21 de julio reunieron a buena parte de La Escuelita, la banda que incluía a Popo y que tocaba con Jaime Roos a fines de los 80. Así, un martes cualquiera, en un sótano al límite del barrio Palermo, Hugo Fattoruso, Gustavo Etchenique, Benjamín Medina y Rolando Fleitas se unieron para hacer parte del repertorio del disco Ahora sí!!. A Taramasso la separaban 60 años de distancia con algunos de sus colegas. La música —el disfrute por encima de todas las cosas— fue el puente.
Esa es parte de la herencia que Popo Romano le transmitió desde chiquita. Sus padres la tuvieron cuando eran muy jóvenes y ella pasó la infancia junto a sus abuelos, uno músico, la otra cantante, bebiendo de una fuente que tenía tanto de los Talking Heads y el rock anglosajón como del sonido más local. Tocar —primero la percusión, luego las cuatro cuerdas— fue como jugar a la pelota hasta que algún día, sin pensarlo, se volvió asunto serio. Muy serio: hoy, Julieta Taramasso vive de tocar el bajo. Cada tanto toma un Uber cargando su voluminosa herramienta de trabajo, contesta preguntas curiosas, recibe miradas incrédulas. En 2026, en Uruguay, que alguien pueda sustentarse gracias a un instrumento musical todavía parece un milagro.
Con siete u ocho años ya se colaba en los ensayos de Mauricio Ubal. De muy pequeña fue registrada por primera vez en la Sociedad Uruguaya de Artistas Intérpretes (SUDEI), gracias a los coros que grabó para un disco de Susana Bosch. A los 9 ingresó a su primera banda, Dynamo, donde ya armaba líneas de bajo junto a Francisco Fattoruso. Fue ahí que se dio cuenta: “Este es el mejor instrumento en la faz de la Tierra. No tiene sentido. O sea: demasiado swing”, dice a El País 14 años después. Cuando descubrió a Flea, de Red Hot Chili Peppers, reafirmó esa idea. Con él, algo cambió para siempre.
Estudió contrabajo en la Escuela de Música Vicente Ascone. También toca la guitarra y canta (aunque le costó “un montón”) sus propias canciones, que empezó a escribir luego de una separación. Ese fue el puntapié que la llevó a construir su disco debut, Mundo imaginario, que salió en 2022 y cuyo proceso fue uno de sus salvatajes en la quietud del covid. El otro: Kumbiaracha, la orquesta de mujeres y disidencias que le aportó un trazo diferente a la escena de la música tropical local y en 2025 llenó un Teatro de Verano.
“Apareció también en 2020, 2021, en plena pandemia, con una idea loca de hacer bailar y hacer una banda de pibas y gozarnos entre nosotras. Pero se fue al carajo. Realmente se fue al carajo en muy poco tiempo”, dice.
Hoy se reconoce “desencontrada” del proyecto a nivel musical, pero asegura que es uno de los grupos que más le ha dado en experiencia y aprendizaje humano, sensible y autogestivo. “Es una cosa mucho más grande que cada persona que la integra. Kumbiaracha es algo que va a existir siempre, estemos las que estemos. Es un concepto de la vida, que es bellísimo. A mí me ha abierto la cabeza un montón”.
En paralelo, forma parte de la banda de Ana Prada, con quien ya ha tocado en Europa y recientemente en Nueva York. Acompaña a la cantante Luana esencialmente en sus shows más grandes. Trabaja como sesionista y hace suplencias de todo tipo. En 2025 giró un mes con el cantautor español Pedro Pastor. Acaba de participar de un tributo a Alejandro Sanz y con los integrantes de la jam La Jamba forma parte de un homenaje a Darnauchans.
Ahora tiene el foco puesto en su segundo disco, cuya salida está prevista para fines de noviembre. Piensa que su música tomó un nuevo rumbo luego de su presentación en el festival Cosquín Rock Uruguay 2024 y eso empapará estas ocho canciones que define como “pequeños portales a diferentes momentos”. Siente mucha más confianza en lo que está haciendo y, por eso, el foco hacia 2027 es priorizar su propia obra, salir a tocarla cuantas veces pueda. Le da miedo, admite: “Pero de alguna manera esto tiene que poder pasar. Y por lo menos quiero intentarlo”.
No sabe a ciencia cierta si tiene algún amigo o amiga que no esté vinculado a la música, que derrama sobre todas sus cosas. “Yo creo que vivo la vida a través de la música más que la música a través de la vida. En ningún momento la música no estuvo. Yo creo que es mi gran faro. Hago esto, y ni siquiera es que hago esto: lo vivo, soy”, dice.
Y ahí, en ese ser, una y otra vez vuelve al Popo. No encuentra cómo explicar el vínculo. No puede decir a qué se parece, con qué se compara. Suelta algunas palabras: “felicidad”, “amistad”, “conexión”. Ubica su unión en algún plano espiritual porque cuando tocan juntos, dice, “nada tiene sentido”. La realidad pierde su forma y a veces Julieta, mientras los dos ejecutan su instrumento en simultáneo, cierra los ojos y escucha un solo bajo. "Es un momento sagrado”.
Ahora —que está a punto de cumplir 24, le llegan oportunidades que nunca imaginó, la vida se acelera y la idea de la muerte empieza a tener otro peso—, Julieta Taramasso confía. Puede soñar más alto, pero prefiere ir paso a paso. Y guardarse, siempre, un lugar para el encuentro con Popo, su abuelo, su amigo, a veces su hermano. El compañero de juego de toda una vida.
Un ciclo lleno de amigos y con entrada libre
Julieta Taramasso y Popo Romano comparten un ciclo de conciertos con invitados que seguirá los martes en La Taberna de Brecha. El 4 recibirán a Alejandro Luzardo, el 11 a Guadalupe Calzada y el 18 a Riki Musso. Las funciones son a las 21.00 y la entrada es libre.