Elena Roger vuelve a Uruguay con las canciones de su carrera: “Los personajes llegan cuando tienen que llegar”

La actriz y cantante argentina regresa a El Galpón para un concierto íntimo junto a Nicolás Gershberg donde repasará canciones de los musicales "Evita", "Piaf", y más temas de su repertorio.

Elena Roger.
Elena Roger.
Foto: Carlos Furman

Hay artistas que construyen su carrera como quien arma un mapa: saben hacia dónde quieren ir, qué papel quieren interpretar, qué escenario quieren conquistar. Y después está Elena Roger. A ella, los personajes importantes parecen haberle llegado cuando menos los buscaba. Piaf, por ejemplo, apareció después de que se cruzara casi de casualidad con un disco del gorrión de París. Carmela llegó porque un amigo le acercó un proyecto. Y Evita, la obra que la llevaría primero a Londres y después a Broadway, le llegó inesperadamente cuando ya llevaba una década de carrera en Buenos Aires.

Ahora vuelve a Montevideo, el 23 de octubre a El Galpón (entradas en Redtickets) para cantar junto al pianista Nicolás Gershberg, integrante de Escalandrum, en un concierto que tiene algo de regreso y otro poco de encuentro. La última vez que estuvo con este formato, el año pasado, llenó la sala mayor de El Galpón. Ahora vuelve a la misma sala para recorrer parte de su repertorio y, sobre todo, a hacer algo que siempre disfruta.

“Me gusta mucho de este formato porque dejo de ser un personaje para ser yo misma y que la gente pueda conocer un poco más de mí”, cuenta la artista argentina. Hay algo especialmente atractivo en escucharla hablar así después de una carrera atravesada por personajes inmensos. Porque Roger fue Eva Perón, Edith Piaf, Norma en Sunset Boulevard, la protagonista de Ay, Carmela y tantos otros personajes que le exigieron transformaciones profundas. Pero también fue -y sigue siendo- una artista que canta sus propias canciones, arma conciertos, trabaja con músicos argentinos, y elige cuándo y cómo presentarse.

Han pasado 20 años desde aquel salto que la llevó a Londres en 2006 para protagonizar Evita. Tenía entonces poco más de 30 años y ya llevaba diez de trayectoria en los escenarios de Argentina. La experiencia fue mucho más que un viaje profesional: después llegaron Broadway, el regreso a Londres, el reconocimiento del teatro inglés con un Laurence Olivier por Piaf, otra vez Buenos Aires, y destinos, roles y escenarios.

Elena Roger
Elena Roger. Foto: Archivo.

Pero Roger no tardó en descubrir que había otras cosas que quería para su vida. Ya había conocido a Mariano Torres, actor y padre de sus hijos, y tenía ganas de construir ese su “nido”. Cuando quedó embarazada de su primera hija, Bahía, la decisión de volver a Argentina terminó de tomar forma.

“Tenía muchas ganas de frenar, y frenar por algo que me conmoviera, que era estar embarazada y tener una bebé”, recuerda la artista que es bajita, tiene mirada profunda y una sonrisa enorme.

La frase dice bastante de la Elena Roger, quien habla de su carrera con orgullo, pero sin solemnidad. Sabe lo extraordinario que hizo y, al mismo tiempo, puede contar que le gusta cocinar, limpiar, ordenar la casa y leerles cuentos a sus hijos antes de dormir. También puede pasar de hablar de Broadway y cantar junto a Ricky Martin a reivindicar la vida doméstica sin sentir que está cambiando de tema.

La maternidad, dice, le mostró que la vida no era solamente la profesión que ejercía. No abandonó el escenario ni mucho menos: siguió haciendo teatro, conciertos, televisión y cine. Lo que sí cambió fue la forma de mirar su trabajo. También encontró, junto a Torres, una manera de acompañarse en las necesidades de una profesión que puede ser tan absorbente como la suya.

Elena Roger.
Elena Roger.
Foto: Carlos Furman

Y después están los personajes que tanto le exigieron. Roger cuenta que durante una temporada de Piaf podía llorar prácticamente todos los días. Lejos de sentir que eso la destruía, lo vivía como una forma de catarsis. “Lloraba y transitaba y además físicamente siempre fueron roles que me llevaban mucha energía”, explica. Para ella, habitar un personaje significa eso: vivirlo, dejar que aparezcan las imágenes, las emociones, incluso las lágrimas.

Después de un año y medio dentro de un personaje, claro, llega el momento de querer salir. “A mí, como buena artista, no me gusta la rutina. Lo lindo es cambiar, un personaje distinto”, dice. Y quizás por eso tampoco parece demasiado preocupada por cuál será el próximo gran papel de su carrera.

Tampoco sabe cuál será su próximo rol. Prefiere dejar la puerta abierta. No quiere decidir de antemano quién debería ser. La experiencia, después de todo, le enseñó que las cosas llegan cuando tienen que llegar.

Eso explica también su presente. Invasiones, el musical que protagonizó recientemente en Buenos Aires, terminó convocando 100.000 personas entre marzo y agosto, una respuesta que ella misma no esperaba. Lo cuenta como quien todavía se sorprende por el dato: una maravilla, un regalo, pero no algo que pueda darse por descontado.

Con el concierto junto a Gershberg sucede algo diferente. No hay un personaje detrás del cual esconderse, ni una gran producción que sostenga el espectáculo. Están ella, un pianista al que define con entusiasmo y una selección de canciones que tuvo que armar con cuidado porque, como dice, no se puede “cansar a la gente” con una bomba detrás de otra.

El resultado, para ella, tiene que ver con la autenticidad. “No hay artilugios”, resume. Es un concierto íntimo, tranquilo, pensado para bajar los decibeles en un momento de demasiada información y estímulos.

Y quizá esa sea una buena manera de encontrarse hoy con Elena Roger: no solamente con la mujer que conquistó Londres y Broadway, ni con la actriz que convirtió a Evita y Piaf en hitos de su carrera. También con la artista que disfruta cantar junto a un pianista, volver a Montevideo, encontrarse con el público y ver qué personaje -o canción- aparece después.

Porque si algo parece haber aprendido en estos años de carrera es que no hace falta saber la respuesta. A veces alcanza con dejar la puerta abierta a lo inesperado.

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