Crónica de Shakira en el Estadio Centenario: una noche histórica con la loba y por qué Uruguay la marcó a fuego

Este miércoles, con más de una hora de retraso, Shakira ofreció un concierto como nunca se había visto en Montevideo, atravesó a 50.000 personas y reforzó su historia con Uruguay.

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Shakira en el Estadio Centenario, el 3 de diciembre.
Foto: Natalia Rovira / El País

El tintinear de las moneditas de los caderines que reaparecieron este miércoles en Montevideo, como abriendo un túnel directo a 1998, fue la banda sonora de esta madrugada. Sobre la una de la mañana, mientras una procesión desandaba su camino y buscaba la manera de volver a casa, las inmediaciones del Estadio Centenario tenían un sonido metálico interrumpido, cada tanto, por algunas preguntas: ¿cómo hace Shakira para tener tanta energía?, ¿por qué su pelo permanece intacto a pesar de todo ese desgaste?, ¿cómo es que tiene la voz tan limpia, tan plena?, ¿qué sentirá en el cuerpo después de dar un show así?

Apenas terminado el primero de los dos conciertos que la colombiana dará esta semana en el Estadio, lo que daba vueltas en el aire no era precisamente la euforia, la felicidad ni la emoción colectiva. Era el impacto: la sorpresa que busca y provoca un espectáculo así, de una magnitud y un despliegue que no se había visto nunca en Uruguay. Y el oficio de una mujer que ya es leyenda.

Con 48 años, Shakira ya se ha confirmado como la artista pop más importante que ha tenido la música latinoamericana hasta ahora. Cantante, compositora y guitarrista, lanzó su primer disco oficial hace 30 años (Pies descalzos) y desde entonces ha confeccionado un camino propio, siempre amarrado al éxito pop, en un recorrido que la vio transitar desde la influencia rockera al sonido world music para anclarse, ahora, en ritmos urbanos y pulsos electrónicos. Ha conquistado cada uno de esos terrenos. Ha licuado influencias árabes, tangueras, africanas y mestizas con su raíz barranquillera, y en cada paso ha mantenido una condición de pionera, de faro. Es una figura imprescindible para entender la industria moderna de la música pop en español. Pero es, además, un animal de escenario.

Eso quedó en evidencia este miércoles en el Estadio Centenario, en su show más grande en Uruguay hasta la fecha. Durante dos horas, Shakira llevó al hombro un concierto que fue, más bien, una coreografía perfecta, un hilado fino de movimientos, sonrisas, bailes y versiones de canciones, todo apoyado en dos instrumentos: la voz y la cámara, para la que la estrella colombiana hizo todo. El que miraba la imponente pantalla que atravesaba el escenario —casi 50 metros de largo, con un tramo central movible y aprovechado al máximo— podía sentir, de alguna forma, que la estaba mirando a los ojos.

Shakira cantó ante unas 50.000 personas en su primer show en el Estadio Centenario.
Shakira cantó ante unas 50.000 personas en su primer show en el Estadio Centenario.
Foto: Natalia Rovira

Pero un espectáculo de semejante escala dificulta el manejo de la intimidad. Shakira ofreció un par de momentos acústicos en la pasarela, "Antología" y "Día de enero" —que está inspirada en Antonio de la Rúa, su ex, y resignificó dedicándosela "a los buenos amigos"—, pero ni eso, ni su breve bajada al nivel del público y mucho menos la caminata inicial, rodeada de una selecta comitiva (y muchos influencers), lograron romper con la distancia. Vista desde abajo, desde el punto de vista de sus devotos, Shakira se sintió siempre como una fantasía, como algo inalcanzable. Cómo hace para tener tanta energía, por qué su pelo permanece indiferente a tanta entrega, cómo es que no se cansa: todas esas preguntas del principio están apoyadas ahí.

Unas 50.000 personas estuvieron presentes en el primer show de Shakira en el Estadio Centenario.
Unas 50.000 personas estuvieron presentes en el primer show de Shakira en el Estadio Centenario.
Foto: Natalia Rovira

La luna llena que bendijo la noche, como si fuera el único escenario posible para la llegada de la loba; el calor que derribó a decenas de personas antes y durante todo el concierto, la clave de candombe que coló en su adaptación salsera de "Chantaje" y el momento en el que se refirió directamente a Uruguay para recordar que aquí compuso varias de sus canciones —desde "Underneath Your Clothes", que no sonó, al himno "Waka Waka", que marcó su historia a fuego—, fueron lo espontáneo de un espectáculo que se basa en el cálculo milimétrico. Cuando dice que no hay mejor encuentro que el de una loba con su manada y que "esta noche somos uno", cuando mira por encima de un hombro y el otro mientras baila lento "Monotonía", cuando se emociona en la delicadísima interpretación de la balada "Última", Shakira está replicando el planteo de cada show de esta, la gira más lucrativa que ha hecho una mujer latina en la historia.

Hay algo de eso, de la moderada interacción y de las múltiples interrupciones que tiene el concierto, que cada pocos minutos se va a negro para darle paso a lo que viene —se apagan las pantallas y los sonidos mientras todos se preparan para cambiar de escena—, que tiene un impacto directo en la percepción de la experiencia. En Montevideo, este miércoles, el clima recitalero también se vio afectado por la demora de una hora y cuarto en el comienzo del show. No se dieron explicaciones al respecto.

Shakira cantó ante unas 50.000 personas en su primer show en el Estadio Centenario.
Shakira cantó ante unas 50.000 personas en su primer show en el Estadio Centenario.
Foto: Natalia Rovira

Lo que se dio, una vez que la Loba apareció en escena, fueron canciones. Servidas en bandeja, Shakira ofreció todas esas piezas que le han permitido trascender generaciones como pocos artistas lo logran. Estuvieron "La fuerte" y la sesión con Bizarrap como apertura y cierre, un relato circular que habla de su vigencia; "Las de la intuición" o "Suerte" —en español—, "Inevitable" y "Si te vas", pero también "Pies descalzos", "Soltera", "La bicicleta", "TQG". Entre pelucas violetas, gorros fucsias y vinchas azules, luminosas, violetas, negras, todas ellas fueron generando efectos distintos, flechazos individuales, espacios para recordar o gritar, abrazar o reír, incluso llorar por algunas de esas letras que han acompañado tanta vida.

Esas canciones, el impactante despliegue de tecnología y luces, y el oficio de una artista excepcional —que nunca flaquea— sostuvieron una fiesta que fue muchas cosas a la vez. De a ratos, el centro de la pista de la mejor noche de la vida. Por otros, la contemplación de una foto vieja, el reencuentro tierno con alguna de aquellas versiones que fuimos. Y el resto del tiempo, un ejercicio de admiración por una mujer que puede salir del escenario, hacer proyectar los mandamientos de las lobas y escuchar, desde algún lugar, el aullido de su manada cuando se lee "Aullarás porque nadie te puede callar" y se logra esa identificación, esa fuerza inexplicable que es la que explica, al final, estas historias.

Unas 50.000 personas estuvieron presentes en el primer show de Shakira en el Estadio Centenario.
Unas 50.000 personas estuvieron presentes en el primer show de Shakira en el Estadio Centenario.
Foto: Natalia Rovira

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