Tras casi 30 años de recorrido poético-musical, Buceo Invisible sigue parado sobre las mismas bases: sin una necesidad consciente de aggiornarse, incorpora elementos que vienen de algún lugar de la propia sensibilidad del colectivo y le va agregando pinceladas a una obra rica, que tiene el corazón rockero y está surcada por el cine, las artes, lo visual, la luz.
De esas intersecciones nació La mañana del incendio, su primer disco en siete años, un álbum atravesado por la pandemia, pero sin ningún tinte opresivo, y el primero que editan en vinilo. Lo presentarán este jueves en un escenario atípico para un grupo más identificado con las salas de teatro: la Sala del Museo, porque era momento de tener al público de pie o, dirán luego, de disponer la energía de una forma más caótica. Van con lo más frontal de su propuesta a una noche que promete (entradas en Redtickets).
Sobre eso, dos de sus integrantes, Diego Presa y Marcos Barcellos, conversaron con El País.
Este es un extracto de esa charla.
—¿Cómo trabajaron el orden de las canciones de La mañana del incendio, ese arte de acomodar, siendo que lo editaron en vinilo y la experiencia de escucha cambia completamente en plataformas?
Diego Presa: Hay un montón de decisiones que se toman de manera intuitiva, sin darte cuenta, sobre todo en la estructuración de un disco, del diálogo que puede haber entre las canciones, que sabés que es por ahí, pero quizás no podés explicarlo. Es una de las cosas que a mí más me gusta de este oficio. Que muchas de las decisiones las tomás sin razones, a priori.
Marcos Barcellos: A priori. Y después aparecen sentidos, porque estás conectado con lo que estás haciendo. Y si estás conectado con lo que estás haciendo, no le vas a errar tanto. Después hay una cierta vanagloria de la cuestión cerebral de los músicos que piensan todos los detalles. Pero hay que dejarle lugar al misterio y al azar.
Presa: Mismo como escucha, las cosas que me gustan, que me han emocionado, que han definido lo que soy, siempre son propuestas que no están cerradas en sí mismas. Lo compruebo constantemente: las propuestas que te llegan más al corazón, que te modifican la vida, son las que no están totalmente definidas por la razón.
Barcellos: De hecho, cuando las cosas llevan un proceso interno de decantación y hay una intencionalidad de que eso resuene en el otro, suceden cosas. Ahora estoy leyendo con mi hijo Crónicas marcianas, un poco porque escuchó (el tema) “Bradbury” y le gustó. Y la forma de escribir, sobre todo el léxico que usa, es incomprensible para un niño. Sin embargo, después de leer 45 minutos, no pierde el interés: él está ahí, prendido. Eso es lo que funciona. Cuando uno dice: bueno, domino todo lo que hago, y esto lo hice para tal cosa, hay algo que se agota.
—Este fue un disco atravesado por la pandemia del covid. ¿En qué sintieron más el impacto de toda esa vivencia?
Barcellos: Traigo una escena. Nosotros perdimos, o bueno, no sé si fue una pérdida del todo, pero nos quedamos sin espacio de ensayo. Entonces itineramos un poco por diferentes lugares y conseguimos, en plena pandemia un lugar en la Ciudad Vieja, en la calle Cerrito, que era de gente de teatro y no había agua corriente, por ejemplo. Íbamos a ensayar y había instalaciones que estaban prontas para el teatro, ibas corriendo telas, llegabas al lugar y había cientos cientos de bidones de seis litros, que parecían una especie de instalación, pero era para tirar la cisterna.
Presa: Y bastante derruido, era como un Sarajevo en los años 90, ¿no? Posapocalíptico.
Barcellos: Fue muy cuesta arriba juntarse, también por otras cosas de la vida personal de cada uno, pero marcado por la ausencia de un lugar fijo para ensayar. Por suerte después retomamos y nos dio un impulso para encontrar una base, una cueva...
Presa: Mi casa (se ríe).
Barcellos: Nos apretamos, pero fue un impulso para poder concretar.
Presa: Ahí se rearmaron las piezas. Cuando volvimos a tener un espacio propio, sin esta cosa nómada que habíamos tenido, ahí se acomodó totalmente la cuestión y pudimos terminar el disco.
—¿El disco que venía en desarrollo se modificó de alguna forma por estas condiciones?
Presa: Apareció "Luna nueva", por ejemplo, que tiene esa llamada hacia el futuro y dialoga con el final también, con esa luz que aparece al final en “Bradbury”, que podía ser esa luna nueva. Creo que ahí terminó de estructurarse, con la aparición de esa canción. Era algo que necesitábamos: terminar de soñar el disco.
—La mañana del incendio incluye un largo solo de guitarra, un recurso que parece remitir a otro tiempo. ¿Cómo dialogan hoy con el pasado, con la tradición?
Presa: Nosotros siempre estuvimos abiertos a las distintas sensibilidades dentro del grupo. Y Buceo siempre funcionó como un espacio en el que se podía volcar esa melange, desde King Crimson, que está en nuestro ADN, a Patti Smith o Darnauchans. Pero también hay otras cosas raras, sonidos y texturas que se van incorporando, porque tampoco queremos hacer un ejercicio nostálgico, ni de referencia a una movida particular. Siempre nos costó mucho definir lo que hacíamos, pero no por hacernos los especiales, sino que realmente, durante muchísimos años, nos costó encontrar palabras para catalogarnos.
—¿Hubo un hallazgo, un momento en el proceso de este álbum que les llamó especialmente la atención?
Barcellos: Ya se lo dije a Diego varias veces, pero me gusta mucho la canción “Camino de ida”. Y no sé por qué, pero me suena como una cosa nueva, más allá de que la temática tiene mucho de cinematográfico. Ahí está el solo de guitarra del que hablabas, un solo que me encanta. Yo quería que siguiera eternamente en fade out. Me pareció muy disfrutable.
Presa: A mí me gusta esa canción también. Es particular mi proceso con este disco: con el tiempo, cada vez me gusta más. Cada vez que lo escucho voy descubriendo cosas nuevas y me entusiasma. Está bien.
—El disco en sí tiene bastante de cinematográfico. ¿Cuáles son los directores que sobrevuelan a Buceo?
Presa: En este disco, el viejo Wim Wenders, el de las primeras películas: París, Texas e incluso antes, Alicia en las ciudades. Él tenía una relación con el viaje, con el concepto del viaje.
Barcellos: A mí con “Camino de ida” me sale la escena del viejo yendo a buscar al hermano en la máquina de cortar pasto, en Una historia sencilla de David Lynch. Tiene como ese color la canción, esa emotividad.
Presa: Bueno, “Bradbury” me hace acordar a una parte de El sacrificio, de Tarkovski, cuando el protagonista, Alexander, sueña o intuye el apocalipsis, y ve unas imágenes en blanco y negro de gente huyendo, unos vidrios rotos, una mancha de sangre, algo con planos más cerrados, ruido de aviones. Hay algo visualmente en la música que me hace acordar a eso.
Barcellos: Y capaz que la escena de El séptimo sello de Bergman, la del protagonista jugando al ajedrez con la muerte, podría ser un cromo de la canción “La vieja peste”.
—Su biografía de Instagram los define así: “música, poesía, luz”. A su vez, este disco está marcado por la pandemia, que tuvo algunos efectos en la banda, pero el sonido no tiene la oscuridad de ese período…
Presa: No es oscuro, ni ahí. Nosotros siempre cargamos con un sayo de que éramos un grupo de una oscuridad insoportable, y nunca lo vivimos así. Para nosotros Buceo Invisible siempre significó un aspecto luminoso de nuestras vidas, estimulante y vital.
Barcellos: Y creativo. La creatividad es algo que está en contraposición a lo destructivo. Hay cosas que inevitablemente pueden ser de melancolía y no hay que rehuirles. Pero yo no creo que haya que encontrar un sentido, porque esto se viene transformando en una cosa de una literalidad obscena, insoportable. Como si de alguna manera dijeran: bueno, esta literalidad transparente es la verdad. No, eso es una pobreza, una opresión. Entonces, parece que hay muchas cosas en la vida que nos hacen bien y que nos hacen mal. Y a nosotros particularmente Buceo Invisible nos hace bien.
—Ahora van a llevar todo esto a la Sala del Museo, una jugada interesante para una banda que ha sido mucho más de asientos. ¿Por qué?
Presa: Porque teníamos ganas. Hemos tocado en salas hermosísimas, con un sonido alucinante, posibilidades técnicas que nunca habíamos soñado. Pero tenemos ganas de tocar con público de pie, elegir un repertorio que tenga que ver con esa energía. Juana Molina hablaba sobre la actitud corporal del público: si el público está sentado define ciertas cosas que suceden luego. Y llegó el momento de hacer un concierto con estas características.
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