Alfonsina presenta "Pausa y fogueo", su nuevo álbum: "Me cansó mucho estar detrás de mi nombre"

La compositora regresa a los escenarios este 14 de agosto con un disco junto a grandes invitados, tras tomar la decisión ética de archivar un trabajo personal para priorizar la empatía colectiva.

Alfonsina
Alfonsina.

Alfonsina desconoce cuántas versiones de ella existen. Solo sabe que lo que las une es su vida. La del disco debut, la rupturista de Pactos y la electrónica en La Terrible Fe son solo algunas.

La de Pausa y fogueo es una que no disfruta estar en el centro y que prefiere ver lo que está pasando alrededor. Es una artista que se cuestiona qué debería y qué puede darle a la sociedad. El disco que iba a lanzar era otro. Hablaba de una tragedia personal y estaba en producción. Mientras meditaba, se dio cuenta de que tenía que hacer otra cosa.

En este nuevo álbum, Alfonsina reversiona clásicos de sus tres álbumes con invitados como Laura Canoura, Paulinho Moska y Gastón Pauls. Según ella, las eligió de acuerdo con las personas que le escribieron en ese momento. Con Moska y Pauls mantiene una amistad, con Canoura habían hecho una versión de "Casas unidas" anteriormente.

Pausa y fogueo se presentará este 14 de agosto en La Trastienda. Las entradas están disponibles por Passline desde 900 pesos y hay 2x1 con Club El País.

Pausa y fogueo tiene versiones de canciones tuyas. ¿Cómo fue volver a ellas siendo otra? ¿Qué vida creés que tienen ahora?

—Estoy en contra del “esta canción es esto, yo soy esto”. “Casas Unidas” sigue viva y eso significa que sigue cambiando. Invito a todas las personas a que tomen la oportunidad de agarrar un trocito de su vida y reinventarlo. Haya sido agradable o no, siempre hay oportunidad de volver a darle vida.

—Ibas a lanzar otro disco y lo dejaste en el cajón. ¿Te fue fácil guardar para más adelante un trabajo que te tomó tiempo?

—Eso también se vincula con lo de las Alfonsinas y las circunstancias de la vida. Lo que yo quería hacer era ese disco que tengo guardado. Lo amo, estoy enamorada de él. Sin embargo, al conectarme un poco con lo que tengo alrededor, vi que no estaba de acuerdo con lo que quería hacer. Estoy en este trabajo de que el yo y mi mente, mis pensamientos, mis caprichos, están puestos en un segundo plano. ¿Cuál es el aporte que hace un artista a su sociedad? Tiene que escucharla. En ese disco encajonado hay algunos ejercicios estéticos de música que me encanta hacer y hablo de una parte personal trágica que quiero que salga el día de mañana. Pero, cuando miré a mi alrededor, sucedían cosas que eran mucho más importantes que mi tragedia personal o mi biografía. Tienen que ver con lo convulsa que está nuestra sociedad, con la violencia que nos está agarrando y superando; la veo en redes sociales, la veo en la situación política mundial, la veo en el vínculo que tenemos hasta con nuestros vecinos. Estamos cada vez menos juntos.

—Tu respuesta a toda esta violencia es calmada y con guitarra acústica. Para vos, ¿qué poder tiene contestar así?

—Es una vocecita en el corazón de lo lindo que es que, cuando vos estás acelerada, alguien te ofrezca un abrazo; que cuando tenés demasiadas cosas para hacer, te ofrezcan una charla. Que puedas ver que hay espacios de violencia, pero también hay espacios de compasión. Es subrayar lo constructivo. Se apuesta desde todos los ámbitos de la cultura a hacer crítica social y es súper importante oponerse a fuerzas que se te vienen arriba, pero a la vez tiene que ser para construir. ¿Dónde nos refugiamos? ¿Cómo cuidamos lo que sí hay? ¿Cómo destacamos lo bueno que hay en nosotros para que no estemos tan asustados en un panorama que da para asustarse?

—¿Como elegiste las colaboraciones?

—Se eligieron de manera orgánica. No fue“voy a pensar en tal”, las personas que me escribieron o que estuvieron en ese momento son las que entraron en el disco. Tiene que ver con cómo se dan orgánicamente los procesos, con la construcción de sociedad.

—En otros momentos preferiste trabajar sola. Este álbum tiene varias colaboraciones, ¿qué te gusto del proceso creativo conjunto?

—Tiene que ver, de vuelta, con la identidad. ¿Qué tanto soy yo y qué tanto puede ser otra persona cantando? El disco se llama Pausa y fogueo. Mi nombre anda por ahí, pero creo que, en porcentaje, cantan más otras voces. Entonces hay algo de que vos podrías ser yo y yo podría ser vos. Tiene que ver con ser empático con el otro y destacar que hay un mensaje que nos une. La música nos une; puede ser que la cante yo, la podés cantar vos y el día de mañana la puede cantar otro. Escuchar en otras voces las canciones y salir del centro es un alivio para mí. Vengo sintiéndolo en Filo, porque ahí estoy a un costado tocando. Creo que me cansó mucho estar detrás de mi nombre. Imagínate escuchar tu nombre tantas veces, es un embole.

—Además, tu nombre artístico es Alfonsina, sin apellido.

—Alfonsina puedo ser yo, puede ser Storni, puede ser la canción. Es esa cosa líquida: hasta dónde soy yo. No importa la identidad personal, cada vez la esquivo más y de ese modo le doy menos importancia a mis pensamientos. En este álbum hubo canciones en las que sentí: “Ay no, qué vergüenza, hay que eliminar esta canción”. Las canciones más vulnerables y frontales me daban vergüenza. Si hubiera escuchado esa voz, en lugar de obedecer todo lo que estaba pasando alrededor —como a mi coproductor diciéndome que era el mejor tema del disco— me quedaba encerrada en ese yo y me perdía esa canción.

—¿Cómo aceptás que tu vulnerabilidad hecha canción salga al mundo?

—Son procesos largos de distinguir qué es de tu corazón y qué es de tu mente. Poner la voz más amorosa y constructiva adelante. La que tienda más puentes tiene que ir por delante de la que te haga sentir que la canción es más interesante. A veces caemos en lo rebuscado. Hay una frase de Nietzsche que me gusta que dice: “Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas”. A veces es mucho más profundo algo claro que algo rebuscado. A mí me encanta el misterio, pero no siempre es tiempo para eso, a veces hay que ser directo.

Alfonsina

—¿Qué vínculo tenés con la guitarra? No solo como instrumento, sino también como objeto, herramienta y símbolo.

—Como objeto es un amor profundo. Como herramienta, yo no soy ni he sido estudiosa, entonces no sigo un camino. Soy bastante autodidacta, aunque hice clases, pero soy mucho de traducir ideas que me vienen hacia la guitarra y no tanto desde la guitarra. Hoy en día hago los dos caminos: de la guitarra a la realidad y de la mente a la guitarra. Pero eso es porque me amigué con ella. La guitarra a veces me plantea una pregunta: ¿qué va a aparecer? Hay veces que me da miedo que no aparezca nada. Yo estaba dejando la guitarra; me sentía muy repetitiva. Aparece Filo, me invita a una cantidad de cosas y las ideas surgen a borbotones. Ahora, con este disco, también surgió otra guitarra. Y para el show va a surgir otra. Aparecen otras influencias en los dedos y en el sonido. Últimamente estoy sintiendo el sonido de John Lee Hooker, como blusero sucio con una afinación abierta. A veces no le encuentro la vuelta, pero si me siento un ratito con ella, puede que ella me encuentre la vuelta a mí, y eso es lo que sucede. Si yo me dispongo, te aseguro que hay algo que aparece.

—¿Qué sensación te quedó luego de terminar y lanzar Pausa y fogueo?

—Siento que veía mucho el árbol y no el bosque. Sentía que sabía más o menos lo que hacíamos, pero un día me subí un bondi, pude escucharlo de corrido y ahí entendí lo que quise hacer. Entendí todo lo que se manifestaba, la intención y la dulzura. Lo entendí al terminar. Durante el proceso vas a los detalles: esta parte no funciona, acá tiene que subir más, acá tiene que subir menos, acá la voz precisa esto, precisa lo otro, acá falta un arreglito, acá cansa. Después llegas al final y recibís el trabajo.

—¿Cómo te estás preparando de cara a su presentación el 14 de agosto?

—Estoy renerviosa. También estoy entusiasmada porque es un desafío grande. Es una sala muy linda, presenté Pactos ahí. Tengo ganas de hacerla y de que me acompañen.

—Has dicho que tu público cambia con tus fases. ¿Tenés expectativa por saber qué público va a estar ahí?

—Soy mala pensando en eso. No sé quién va a venir.

—¿No te importa?

—Me importa mucho que haya conexión, que se dé una conexión profunda.Me preparo mucho para generar un espacio para que esté. Y después, bueno, hay cosas que están fuera de mis manos.

—¿Y estás en paz con eso?

—Tengo que.

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